EEUU: intervención y apología de la tortura

Se están exhibiendo en nuestras pantallas las película ARGO, sobre la liberación de rehenes estadounidenses retenidos en la embajada de su país en Teherán entre 1979 y 1981, y Zero Dark Thirty (traducida como “La noche más oscura”) sobre las torturas en la base de Guantánamo en relación con el operativo que condujo a ubicar y matar a Osama bin Laden. También circula en nuestro medio el libro El reflejo de las palabras, del escritor iraní Kader Abdolah, que guarda relación con un aspecto del primer tema. En su conjunto, estos tres elementos ofrecen una visión (aunque en su mayor parte distorsionada al extremo, como veremos) de la política intervencionista de Estados Unidos, particularmente contra Irán, de los crímenes de la CIA y los sistemas de torturas aplicados sistemáticamente en la base de Guantánamo (a propósito: ¿no había prometido el presidente Obama en su primer mandato que iba a clausurar esta prisión infamante, situada en territorio usurpado a Cuba desde hace más de un siglo?).

Ya he tenido oportunidad de demostrar la falsificación histórica mayúscula que implica la versión de ARGO. El fracaso rotundo de la operación rescate lanzada por el gobierno estadounidense para liberar a los funcionarios de su embajada en la capital de Irán, ocupada por estudiantes cuando se impuso el régimen del ayatollah Jomeini, está totalmente escamoteado en la película. En cambio, ésta magnifica una acción de la CIA que rescató a un muy reducido número de funcionarios, cuando en realidad (según declaraciones de participantes directos, como las que acaba de efectuar el entonces embajador de Canadá, Ken Taylor), fueron ellos quienes tuvieron a su cargo la mayor parte de las acciones, y que “la CIA fue apenas un socio minoritario de Canadá”. Nos preguntamos hasta qué punto el propósito de la película consiste en insuflar oxígeno a la campaña por una intervención directa contra Irán que impulsan sectores del gobierno norteamericano (y el de Israel con Netanyahu). Una versión no confirmada indica que entre los estudiantes que ocuparon la embajada yanki en Teherán podría haber estado el actual gobernante Mahmud Ahmadinejad.

El libro mencionado mantiene un vínculo temático con los antecedentes de esta historia. Es una novela de excelente factura narrativa, cautivante, en cierta medida autobiográfica, que incursiona en las raíces de la cultura persa, y con la particularidad de que está escrita en holandés, país en el cual el autor debió refugiarse. La obra evoca los logros del gobierno de Mohammed Mossadegh (en particular la nacionalización de la Anglo Iranian Oil Co.), luego el golpe de estado de la CIA que lo relegó a la cárcel de por vida y restituyó el poder absoluto del sha. También aparecen las acciones colectivas que en un período posterior enfrentaron al sha y lo sacaron de la escena, las manifestaciones con participación conjunta del Frente Nacional (fundado en su origen por Mossadegh), el Partido Comunista Tudeh, los fedayines y mujaidines y desde su exilio en París el ayatollah Jomeini, que retornó a Irán y se hizo dueño de la situación. El libro describe también la persecución que instauró el régimen del ayatollah contra sus antiguos aliados en el movimiento que destronó al sha, en particular el partido Tudeh.

En cuanto a Zero Dark Thirty (La noche más oscura), es a todas luces la apología de la tortura. Así se titula un incisivo artículo de Naomi Wolf, crítica social y activista política estadounidense. Dirigiéndose directamente a su realizadora, Kathryn Bigelow, escribe: “Tu película es un gran éxito en este país. Pero al justificar falsamente, escena tras escena, la tortura de los detenidos en la guerra global contra el terror, Zero Dark Thirty es un anuncio de dos horas, primorosamente filmado, para que se mantenga fuera de la cárcel a agentes de inteligencia que cometieron crímenes contra los presos de Guantánamo. Convierte en héroes a personas que cometieron violentos crímenes contra otras personas basándose en su raza, algo que tiene precedentes históricos”. Agrega: “Tu película afirma, en muchas escenas, que la tortura de la CIA estaba justificada por la información que obtuvo, información que, según tu guión, condujo a la captura de bin Laden. Esta narrativa es una forma de manufacturar inocencia para camuflar un gran crimen: lo que tu guión llama despreocupadamente ‘el programa de detenidos’”, es decir, “el régimen de torturas para lograr confesiones falsas en Guantánamo y en Abu Ghraib”.

Más adelante denuncia que la película se hizo en connivencia con el Pentágono, en estos términos: “Parece imposible que escenas como las que incluyen dos helicópteros futuristas, de máximo secreto, hayan podido hacerse sin ayuda del Pentágono”, lo cual “establece un precedente peligroso”. También la acusa de haber eliminado una escena en que un agente de la CIA sodomiza al ciudadano alemán Khaled el-Masri, que tenía un nombre muy parecido al del combatiente Khaled al-Masri.

En el fragmento final de su carta, Naomi Wolf compara a Kathryn Bigelow con la realizadora alemana Leni Riefenstahl, que glorificó el poder militar nazi en 1935. Alude a “la apología en Zero Dark Thirty de las mentiras estandarizadas de un régimen que pretenden que esta brutalidad es necesaria de alguna manera”, y concluye: “Como Riefenstahl eres una gran artista. Pero ahora te recordarán eternamente como una servidora de la tortura”.

En la película se muestran escenas de prisioneros sometidos al “waterboarding” (ahogamiento), privados de sueño, encadenados al techo en posiciones imposibles o forzados a meterse en pequeñas cajas. Resulta que esto tampoco le gustó a quien se desempeñaba a fin de año como director en funciones de la CIA, Michael Morell, quien sustituyó al general David Petraeus tras su dimisión. En una carta al New York Times, Morell dice que las torturas estuvieron justificadas porque aportaron algunas pistas y que “no podemos permitir a Hollywood empañar la memoria” de quienes participaron en los procedimientos. Faltaba más.

Todos estos hechos se mezclaron con el tema de la tenencia y uso de las armas en Estados Unidos. Se han desplegado campañas desaforadas por parte de los capos de la Asociación del Rifle y de senadores republicanos al respecto, reavivadas después de la masacre en la escuela de Connecticut (y de otro atentado posterior, en escala mucho menor, pero indicador de una concepción extendida a lo largo del país). Algo más preocupante aún: vimos un video, titulado :”Domingo familiar en EEUU”, que muestra a una familia entera, durante un largo período, disparando a blancos diversos con armas de todo calibre, incluso ametralladoras, al igual que en los videojuegos y entre carcajadas, festejando los aciertos. Allí hay niños y jóvenes, padres y abuelos, hombres y mujeres. No encontraron mejor diversión.

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