“La mujer en Venezuela es maltratada”

Fourier continúa teniendo razón al decir que la emancipación de la mujer es la medida de la emancipación de la humanidad o del mundo humano. Recientemente se produjo en la India un terrible, abominable y espantoso acto de violación, tortura y asesinato de una joven por seis hombres. La violación ha sido común en la India y ha carecido de castigo para los monstruos que realizan esa práctica que viola los derechos de la mujer. Lo cierto es que el caso de Amanat ha despertado un gigantesco oleaje de protestas solicitando castigo, con pena de muerte, para los verdugos y ha dado inicio a un movimiento social identificando la víctima como “la hija de la India”. En la cuna donde nacieron casi todas las religiones, ¡por Dios!, es uno de los países donde más se pisotean los derechos humanos de la mujer. ¿Cómo puede perdonar y reivindicar una sociedad a quienes violen a una mujer con una barra de hierro para divertirse y, luego, con la misma torturen a su novio indefenso? Un macabro argumento de los verdugos y asesinos es que Amanat tuvo la osadía de defenderse y eso es causal para haber justificado su asesinato. ¿Cómo puede creerse en un ideal que se fundamente en un desprecio tan grotesco y salvaje hacia la mujer?

Lo cierto es que ese  macabro caso que se presentó en la India y que ojalá se castigue con todo el peso de la ley a los asesinos y violadores, fue suficiente para que una analista internacional venezolana concluyera su análisis con la siguiente afirmación: “La mujer en Venezuela es maltratada”. No sé si la analista internacional venezolana duerme en Venezuela y hace su vida social en el extranjero. Tampoco me interesa saberlo. Su sentencia o afirmación es, sin duda alguna, una verdad a medias por lo cual, quizás ella lo desconozca, termina siendo una mentira grandota y peligrosa y muy mal intencionada.

En todo análisis científico y serio existen dos importantes categorías sin las cuales todo queda confuso y nada resulta importante para el conocimiento. Son: lo general y lo particular. Si la analista internacional venezolana hubiese dicho que la mujer –en lo particular- es maltratada en Venezuela, habría que darle la razón. Pero ella no hizo eso sino que  se refirió a la generalidad, es decir, a todas las mujeres venezolanas donde, por supuesto, ella está incluida. Y la verdad, es que jamás esa señora ha debido ser maltratada por la sociedad venezolana ni por el Estado venezolano. Que en el interior de su familia y, especialmente cuando ella fue niña, la maltrataron, es otra cosa pero eso no ha sucedido con todo el conglomerado femenino del país. Tengo una hija y jamás podrá decir que la hemos maltratado y ni siquiera estamos incluidos en sector de clase media baja. Por lo demás, la mayoría de los obreros son respetuosos con sus esposas o mujeres aunque éstas estén dedicadas a ejercer el oficio de la economía doméstica. El obrero, en general, no goza ni de tiempo ni de recursos económicos como el burgués para hacer de la poligamia una práctica cotidiana.

        Cierto es que aún estamos lejos de poder decir, de manera definitiva, la mujer –en general- está emancipada haciendo verdadero el criterio de Fourier. Eso será posible con un socialismo avanzado en todo el planeta. Mientras exista capitalismo el régimen de la esclavitud de la economía doméstica seguirá testimoniando que la aplastante mayoría de las mujeres no podrán conquistar su liberación y continuarán siendo víctimas de políticas estatales y del hombre mismo. Lo que no se puede negar, lo que no se puede rebatir es que en Venezuela el Proceso Bolivariano ha abierto muchas y nuevas posibilidades a la mujer (tanto en lo general como en lo particular) para hacerle valer sus derechos humanos y sus derechos políticos. Negarlo sería ofender la dignidad de las mujeres. De eso no dijo absolutamente nada la analista internacional venezolana. Existe una ley, aprobada por la Asamblea Nacional, de protección a la mujer y el Estado no es culpable que algunos hombres la violen en su hogar convirtiendo en víctimas maltratadas a sus esposas o amantes. No pocas mujeres maltratadas se niegan, por uno u otro motivo, a denunciar al maltratador y de eso no puede culparse al Estado. Y también existen los casos, no lo nieguen, en que algunas mujeres maltratan a los hombres.

         Cierto es que algunas, a veces en número importante, mujeres son maltratadas –especialmente- por sus maridos o esposos y, en otras ocasiones, por dueños de empresas o gerentes de instituciones que siguen creyendo en la inferioridad de la mujer frente al hombre. Sin embargo, no puede alegarse, bajo ningún criterio en la actualidad, que la mujer –en su globalidad- sea víctima de maltratos en Venezuela bajo el Gobierno del camarada Chávez.

         No es justo ni es científico generalizar lo particular ni particularizar lo general. En las ciencias ese método choca antagónicamente con las realidades. La política es una ciencia y tratarla como un panfleto incoherente conlleva a pronósticos incompatibles con la verdad. Si algunos políticos y algunas políticas deberían de cuidar sus palabras en relación con la verdad son los analistas internacionales, porque están en la obligación o deber de producir orientación en las sociedades debido a que hoy más que nunca vivimos en un mundo tan interrelacionado, que lo que acontece en un rincón del planeta tiene repercusión, de una forma o de otra, en el resto del mismo. Gracias a la batalla de las ideas y, especialmente, a las revolucionarias lo pueblos están expandiendo conciencia por conquistar los sueños que les son más sagrados: la justicia, la libertad, la paz y la igualdad de oportunidades. Eso, en las luchas más cercanas al presente, será el norte de los grandes y medianos combates de la lucha de clases planetaria. Y en esas luchas, la mujer jugará un rol de primera magnitud.


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Freddy Yépez


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