¿Indulto o Anmistía?

La amnistía o el indulto de cualquiera de los detenidos por delitos contra el estado y las personas, y especialmente contra las caídas en Puente Llaguno víctimas de las balas asesinas de la oposición, sería un golpe mortal contra este proceso político y una bofetada contra los que reclaman justicia. Ya el solo hecho de que el gobierno haya aceptado sentarse con esta gentuza para discutir el tema, viene a darle la razón a la misma en el sentido de que en Venezuela existe este tipo de preso. Yo creo que la militancia chavista, que seguro estoy no podría estar de acuerdo con una medida como esta, que consagraría la inoperancia y la inutilidad de las leyes y un escarnio a la justicia, debería, en su condición de doliente principal en este asunto, dejar oír su voz -si es que periodistas como Vanessa no le ponen una cortina en la boca- y decirle no a la impunidad que el propio gobierno trata de legitimar.

Ya con este son varios los errores y omisiones en el que el máximo dirigente del Proceso ha incurrido en el breve lapso de unos días. Los otros son el ruidoso silencio que ha guardado en relación con la cantidad de atropellos y vejámenes -inexplicables en un gobierno que se autoproclama indigenista-, que los aborígenes de la sierra de Perijá sufrieron por parte de las propias autoridades del estado, específicamente, por parte de la guardia nacional. Y no sólo en el viaje hacia Caracas, viaje que por culpa de esos desmanes tardaron como tres días, cuando normalmente esa ruta se cubre en no más de 8 horas, sino en la capital misma. Entre otros, aparte de los maltratos sufridos por parte de la cancillería, cuyo titular al parecer ha olvidado ya su extracción popular, el no haberse preocupado en conseguirles un alojamiento digno. Por qué, pregunto yo, en lugar de haberlos querido llevar al Helicoide, que según tengo entendido funciona como retén policial, no fueron alojados en el Alba Caracas, como se hace con los invitados del gobierno y del Partido.

Y en cuanto Vanessa Davies, sorprende que una periodista como esta, que desconociendo todo lo que pomposamente se pregona contra el racismo y demás monsergas, continúe muy oronda al frente de su programa, incluso aún después de haber tratado de “invisibilizar” o desaparecer con una cortina a los Yukpas. Y no sólo eso, sino que ni siquiera haya tratado de disculparse por semejante actitud que niega todas las proclamas y principios que contra la segregación racial se hecha a volar a los cuatro vientos. Esto, desde luego, no puede seguir ocurriendo. O al menos, sin que quien incurra en semejantes y repulsivos actos reciba la sanción correspondiente. Y más que por la sanción misma, que se aplicaría como una medida ejemplarizante, para demostrar que todo lo que en relación con los valores que se dicen sustentar y defender no es demagogia barata, sino que es producto de la firme y profunda convicción que orientan todas y cada una de las actuaciones del Proceso.

Pero ¿por qué ocurren estas cosas, esta especie de relajamiento en cuanto a la observancia estricta de los principios y los procedimientos, lo que permite que el discurso vaya por un lado y la práctica por el otro; que los hechos desmientan constantemente lo que con tanto énfasis se asegura de palabra? Bueno, las causas son infinitas, pero creemos que entre las más importantes están sólo dos: primero, la creencia, equivocada, por supuesto, de que la gente no se da cuenta. Craso error, pues como desde las altas esferas del Partido y del gobierno se afirma, este pueblo abrió los ojos y ya no se deja engatuzar. Y segundo, por la desmedida confianza que una presunta “victoria prefecta”, como la que con un optimismo exagerado han calificado la obtenida el 7 de octubre, le ha dado a la dirigencia del Proceso, y de allí la despreocupación observada en ella por hacer coincidir lo que se dice con lo que se hace. Pero, además, y la arrogancia con la que se asumen las observaciones que desde afuera se les hacen en relación con algunas de sus erráticas actuaciones. De allí el dicho que dice “que el diablo ciega a quien quiere perder”, y no le falta razón al dicho.

Pero ¿es realmente cierto que la victoria del 7O fue una victoria perfecta? Bueno, para ser franco, yo no sé que se quiere decir con esto. Pero si con eso se quiere significar que fue una gran victoria, digna de figurar, como se ha dicho, en el libro de record Guinnes, creo que es una exageración. Fue en realidad una victoria muy importante en virtud de lo que estaba en juego, es decir, desde el punto de vista de la calidad, pero desde el punto de vista del quantum , me parece, repito, una exageración. Por ejemplo, el chavismo ganó con el 55 por ciento de los votos emitidos en esas elecciones, mientras que la oposición, rompiendo por primera vez la barrera de los 40, obtenía el otro 44 por ciento. Vista así las cosas, como quien dice a vuelo de pájaro, desde luego que pareciera que Chávez obtuvo una gran victoria. Sin embargo, ¿qué habría sucedido si la oposición hubiera sacado 7 puntos más, es decir, 44+7? Nada, que hubiera ganado las elecciones, porque 44+7 es= a 51.

Todo lo anterior indica que la diferencia real entre la victoria y la derrota fue apenas de 7 puntos. Lo cual significa también que este Proceso no está nada consolidado; que algo muy serio está ocurriendo en relación con la forma cómo se ha venido dirigiendo y que es necesario revisarla o corregirla urgentemente. Entre ellas, entre lo que habría que cambiar está el estilo personalista de dirección y todo lo que tiene que ver con el mensaje y la forma de hacerlo llegar a la población. Por ejemplo, según nuestra opinión, los encargados de defender al gobierno y, entre ellos, los que se desenvuelven en el ámbito televisivo, no son los más apropiados para asumir esta tarea. Eso se debe a que son unos recién llegados a la política, razón por la cual carecen de la experiencia y los conocimientos necesarios para asumir exitosamente esta delicada tarea. Por otra parte, ¿quién ve eso que llaman debate socialista, que ni es debate ni es socialista ni es nada, cuando más un tedioso monólogo a tres? Yo creo que ese espacio se debía utilizar para destacar, mediante la utilización de material de apoyo, que lo hay y en abundancia, para destacar las pestilentes lacras del neo-liberalismo. De lo contrario, se seguirá perdiendo tiempo y dinero.

Otro de los errores consistió en haber obligado a Hugo Cabeza a renunciar a su candidatura a la gobernación del estado Trujillo, para la cual no sólo le sobraban credenciales y méritos sino que también contaba con amplias posibilidades de volverla a ganar. Como se demostró en las recientes elecciones presidenciales en la que ese estado hizo un importante aporte para el triunfo del actual Presidente, aporte fruto esencialmente debido al trabajo que Cabeza ha venido desempeñando en esa entidad. Sin embargo, sin tomar en cuenta estas consideraciones y ante la sorpresa de muchos fue sustituido, a nuestro juicio de una manera caprichosa y casi de la misma forma despótica como fue expulsado Luis Tascón, por el general Rangel Silva. No tenemos nada que objetarle como persona y militar a este digno general, por el contrario, nos parece una persona honorable y capaz, pero eso no impide que el electorado, que siempre le ha brindado su apoyo al actual gobernador de ese estado y que ha hecho de él su líder, se sienta defraudado y, en el mejor de los casos, se abstenga de votar. Porque es un error, pensar que el único liderazgo que existe en este Proceso es el de Chávez, como Mario Silva se lo pasa diciendo. También hay liderazgos regionales, como el de Hugo Cabeza, Antonia Muñoz o el del digno gobernador de Vargas, a los que hay que respetar y tomar en cuenta si se quiere que el chavismo tenga mañana.

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Alfredo Schmilinsky Ochoa


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