Palestina, de nuevo oigo tu lamento

Con un certero golpe al mentón de la inteligencia, el Apocalipsis, esta vez irrumpió de nuevo dentro de la piel del rojo néctar de la vida, en uno de esos bandos en eterna e inútil pugna.

Regresó más ataviado que nunca a llevar para su deleite su sempiterna cuota del grito lastimero.

Infausto volverá por el resto en la venidera alborada, albergue de niños juguetones, de medrosas caritas pixeladas por la pólvora blanca envenenada, que como juguetes de guerra retorció sus tiernos corazoncitos!, los que quizá ya nadie podría enderezar jamás.

Palestina eres inteligente; es más, en tu hermosa y milenaria existencia, aún eres virginal.

Palestina, recuerda que el joven pastor y valiente David de ayer, desgraciadamente hoy se convirtió frente a ti en una especie de goliat con una lanza mortífera en su poder, y está dispuesto a usarla en el peor de los escenarios; provocarlo, sería un suicidio.

Palestina, cuando ya cansada, de nuevo pretendas derribar sin éxito el muro que limita tu paso apresurado, detente, no multipliques tu dolor ni en vano derroches tu fuerza y tu sudor; elévate en cuerpo y alma por encima de la sólida pared con la magia y el ritmo de tu danza soberana; una vez allí dentro, con modestia y valentía, tomad de la mano a tu hermano semita, afortunadamente sobreviviente del holocausto más cruel de la historia humana, e invítale a transformar en materia residual toda querella, para que ambos, desde una misma cima puedan apreciar y tocar el lado bueno de un claro horizonte, que los invita a columpiarse en las suaves lianas de la fuerza y de la razón.

¡Palestina, no te preocupes muchacha que esta vigilia es por ti. No se te olvide que el mundo entero está contigo y de corazón defiende tu causa, y que a toda invitación a la mesa de la lógica ya nadie podría negarse!.

Julio César Carrillo
[email protected]

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