La perversidad sobre Hiroshima y Nagasaki

En este capítulo sin fin, que fue la asesina acción contra un pueblo, cometida  por los EEUU contra Japón, uno de sus protagonistas esenciales fue el Teniente General Leslie Groves. Este militar estadounidense tiene en su haber el haber supervisado la construcción del Pentágono en 1940, ese edificio macabro del que salía y seguirán saliendo las más malignas ideas convertidas en acción criminal, con el apoyo complaciente de la mayoría de la clase política estadounidense.

Sería sólo un acontecimiento más en su vida, si no hubiera sido porque ya en su actitud y en su acción, mostraba signos del comportamiento más vil que haya tenido algún jefe militar. De este hecho pasó a liderar lo que fue bautizado por él mismo como el “proyecto Manhattan” nombre para la construcción de la bomba A. Aunque al inicio le pareció “un proyecto armamentístico pequeño”

Este despiadado hombre no sólo propuso dónde se deberían lanzar las fatales bombas en Japón, sino que también ayudó a planificar los bombardeos contra ciudades y población civil con bombas incendiarias.

Finalmente y para completar sus ideas retorcidas e inhumanas, fue de los primeros en promover el uso de desechos atómicos provenientes de reactores nucleares, lo que conocemos como uranio empobrecido, para armas de destrucción masiva.

Nos narra el japonés Takashi Morita, una de las tantas víctimas del bombardeo inmisericorde contra Hiroshima, que cuando él sintió la detonación de la bomba A, se encontraba en las afueras de la ciudad, en una colina, tratando irónicamente de construir un refugio antiaéreo.

Después de la detonación de la bomba A, Takashi de 21 años, pensó que había volado algún polvorín, sin embargo al ver un éxodo masivo de gentes huyendo del centro de la ciudad, lo hizo reaccionar y dirigirse al espeluznante sitio de la masacre.

Nos cuenta haber visto personas arrastrar sus pasos, como zombis, y cargando lo que al principio él suponía era ropa o trapos, la cual colgaban de sus brazos. Sin embargo para su sorpresa, era la piel de estos seres, la cual les colgaba del cuerpo, y en algunos no se separaba de su cuerpo porque las uñas se lo impedía.

Arrastraban su propia piel pidiendo desesperadamente que les dieran agua. Dentro de los siete ríos que corría por la ciudad delta, tanto adultos como niños se lanzaban al agua para tratar en vano de sanar sus cuerpos ardientes.

Para colmo de males o quién sabe, Hiroshima fue el blanco de dos tifones hasta el 17 de septiembre, digo quién sabe, ya que se dice que estos tifones ayudaron en cierta forma a limpiar de males radiactivos lo que el ser humano había plantado ahí.

No fue una advertencia para frenar las actividades finales de guerra de los japoneses, fue un experimento calculado y frío, donde se practicó con los efectos del uranio y luego se reincidió sobre Nagasaki tres días después, para probar los efectos de la bomba de plutonio.

Que nunca se nos olvide estos acontecimientos, ya que en pleno siglo XXI nos seguimos viendo amenazados por esta arma infernal.

Los EEUU lejos de haber buscado una solución a este pandemónium creado por ellos, ha ido más lejos y ha dotado de estas armas al gobierno sionista de Israel, socios empeñados en acabar con Irán sólo por el hecho de tener petróleo y de no compartir su política de destrucción selectiva.


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Luis Ortega


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