Mitos mortales
Para refutar los abusos de los potentados (que de todo se apropian), sostener que las minas, los ríos, los páramos y las costas, o el Golfo de México y el Mar Caribe, o Guantánamo, son “patrimonio de la Humanidad”, parece un buen alegato.
Al menos, se le podría atribuir más razón que la que asiste a quien sostiene que les pertenecen a los grandes capitalistas y a sus clones de otras ideologías.
Pero, al fin y al cabo, esta Tierra maravillosa fue creada para servirles a los descendientes de Adán, lo cual despeja cualquier duda.
Y como los únicos que parecen ser de esa dinastía son los judíos, es claro que sus jefes naturales, los sionistas, tienen el derecho divino a reclamar que todo les pertenece, incluyendo las estrellas y lo que el telescopio Hubble ha ido descubriendo.
Por eso insisten en exterminar a los palestinos, tumbar la Mezquita de la Roca (que tan sagrada consideran los musulmanes), reconstruir su tempo de Salomón, y acabar con el Mundo para que el Juicio Final pueda efectuarse.
El resultado será convertir la Tierra en una mole inerte, sin biosfera, sin expresiones de vida superiores a los organismos unicelulares, en caso de que éstos no desaparezcan.
Para los sionistas y otros fanáticos (como los Evangelistas cristianos y los asesinos de AlQaeda que participan del juego), tal destrucción sería lo mejor que les podría pasar a quienes se consideran los auténticos dueños de la preciosa joya que es la Tierra.
Ese acabose universal representaría lo que la Humanidad anhela, según las absurdas convicciones de esos locos místicos y sin escrúpulos, convencidos de que pueden cometer todos los crímenes, pues estarían “más allá del bien y del mal” (aclaran citando a Federico Nietzsche, el judío sublime y mimado) ya que son seres “superiores”, aunque sus actos los retraten como inferiores y despreciables enemigos de lo bueno, pero maestros del engaño y la trampa.
Una fuente de información interesante y abundante sobre los planes de guerra y de fin del mundo para precipitar el Juicio Final y Universal que postulan los dogmas sionistas, se halla en la dirección siguiente, que ofrece vínculos llamativos sobre las mentiras de que somos víctimas y que tenemos que denunciar ante el mundo entero, pues el engaño nos está matando.
http://www.youtube.com/watch?v=UaUhGpBNBtk&feature=related
Verdades vitales
La Pacha Mama tiene 4.670 millones de años, según calculan los humanos que se han dedicado a cultivar sus cerebros en vez de entrenarse para matar.
En ese tiempo ha logrado convertirse en el orgullo de la Vía Láctea al generar el milagro de la vida en este rincón del Universo.
Pero le apareció una peste que amenaza con quitarle ese orgullo, y que pretende justificar su crimen como una decisión de Dios. Son los potentados con sus políticas viles y mortales, desplegadas durante todo el período que conocemos como Historia.
Actualmente, se han propuesto desangrarla, extrayéndole el petróleo sin ninguna consideración, lo cual mantiene ofendidos a los hermanos mayores, convencidos de que el petróleo hace parte de los fluidos vitales de la Madre común.
Y quieren extender los daños a todos los ambientes. Pero la Tierra se defiende y nos advierte, como lo demuestran las recientes, numerosas y abundantes inundaciones que acaban de golpear a México y Guatemala, entre tantos países, y que han causado una gran catástrofe humanitaria en Pakistán.
Estos estragos agudizan la crisis definitiva que enfrenta la Humanidad, y que sólo concluirá con el fin de la Historia y el ingreso a la Nueva Era.
Nos indica que podemos sobrevivir si aprendemos a respetar. Sólo nos pide que superemos el período de los criminales, conocido como Historia, para que podamos entrar al siguiente ciclo evolutivo y “vivir como dioses”.
Hay que insistir para que todos entendamos el reto personal y global, que amenaza con la extinción pues los daños causados por el consumismo fomentado por los viles potentados, ha alcanzado niveles incontrolables.
Es hora de que todos y cada uno asumamos el papel que nos corresponde como humanos únicos e irrepetibles, capaces de hacerle a la especie nuestro aporte singular, si nos sacudimos a los potentados que nos lo impiden mientras se empeñan en acabar con la Vida y el Planeta.
¡La elección es nuestra! Pero el patrimonio es del Universo, no de los sionistas ni de ninguna otra especie viva.
Nosotros apenas somos otra expresión de la vida. Dizque la más inteligente, según nosotros mismos.
Realmente, somos la especie cuya mayoría de miembros se arrodilla ante sus peores ejemplares, los asesinos inescrupulosos y codiciosos. Somos la expresión de vida que merece desaparecer antes de que acabe con todo.
Pero también somos la que puede reaccionar, pues los malos son minoría, mientras en el corazón de las mayorías crédulas dormita la bondad. ¡Despertémosla! ¡Salgamos de la hipnosis ideológica-social! ¡Respetémonos, dejemos de dar la vida por los verdugos y sus privilegios! ¡Seamos dignos!
Quizás acudiendo a la nobleza de los animales podamos inspirarnos. A ese efecto anexo las parejas disparejas. Son una demostración de que amor y vida van juntos cuando se vence el miedo. Ponen un toque amable al horror causado por los humanos.
Afortunadamente algunos humanos suscitan esperanzas que todos podemos compartir, luchando por derrotar a los impostores que se dicen superiores.
De ellos, María Luisa Etchart hace una buena reivindicación que conviene tener en cuenta. Al efecto anexo su texto “El frasco azul”. Allí se menciona al hermano Francisco, quien insistió en nuestra hermandad con los animales de otras especies.
También habla de vos, el humano común y corriente, tan capaz como cualquier “excepcional”, pues todos lo somos aunque las ideologías nos lo nieguen a las mayorías, desde que nacemos.
Naturalmente, yo hablo por mí. Pero confío en que los demás (incluido vos) tienen mucho que decir, y en algo podemos coincidir.
Te recomiendo que te expreses, a ver si nos entendemos o, al menos, nos admitimos, pues la tolerancia es la clave del amor que sustenta la convivencia pacífica y gratificante.
Concluyo con una serie de fotografías
sobre lo que no debemos ver, según Francisco Franco; pero que no podemos
repetir, según las personas decentes y pacíficas. Se trata de algo que
no se debió repetir, pero que es cotidiano en la actualidad. ¿Lo
prolongaremos?