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Alertaba Alejandro Lanz, director del Centro de Investigaciones Ecológicas de Venezuela, hace 8 años y, hoy, es una realidad palpable por cada habitante del país.
En este sentido, el informe presentado por el CIEV señala que el embalse de GURI destinado a la producción hidroeléctrica “sería fácilmente afectado ante una ligera reducción no convencional o fuera de los parámetros acostumbrados del caudal de entrada del río que la alimenta en el período seco”, debido que en el período de lluvia no habría problemas.
Sin embargo, la merma del caudal de sus afuentes (río Caroní y Paragua), año tras año, se ha visto reducido por la actividad minera ilegal y el uso irracional de los bosques y ecosistemas presentes desde sus nacientes.
“Las cuatro micro cuencas que forman al río Caroní en sus cabeceras: los ríos Karuai y Aponguao, que vienen del norte, y un poco del este (Sierra de Lema), el río Kukenán del este (tepuyes orientales) y el río Ikabarú, que nace al sur (Sierra de Pakaraima). Estos cuatro ríos se unen como la margen derecha que más abajo (al norte) se une al río Paragua y forma el Caroní propiamente dicho, que llega al embalse de Guri (...) y en todos ellos la actividad de contaminación, deforestación y movimientos de grandes masas de sedimentos no se han detenido, producto de la minería ilegal”, acoto el ecologista.
De esta manera señala, se está desmejorando y acabando aceleradamente las condiciones naturales de esta cuenca hidrográfica vital para el país.
“La cuenca alta del río Caroní es una de las más grandes del país, pero tal vez, la más sensible a la intervención, pues en la mayoría de las cuencas altas de Venezuela (zona norte), aunque pueden presentarse paisajes accidentados y con mayores pendientes en su topografía, los mecanismos de regeneración de la cobertura vegetal son más efectivos por la presencia de un suelo que lo permite y unas precipitaciones en menor escala”.
En este sentido, la acción devastadora de mineros, en su mayoría extranjeros indocumentados, ha producido enormes e irreparables daños en las condiciones edáficas del suelo, geomorfológicas y climáticas tan especiales que posee la cuenca, dado que tiene un suelo muy pobre en nutrientes, poco profundo, de textura media y gruesa, muy ácidos y con escaso desarrollo pedogenético (poca tendencia a formar suelo estable).
A pesar de la presente crisis energética que vive la nación, no se han tomado verdaderas y urgentes medidas de protección, tal vez, “debido a ese equivocado alarde de que la mayor área de la cuenca total del río Caroní todavía posee bosques y que por la enorme extensión del embalse todavía no se han presentado señales evidentes a simple vista sobre el proceso de deterioro que ya se ha iniciado en esta vital cuenca hidrográfica, pero hoy la realidad es otra aunque todavía se nieguen a verla”, destaco el director del CIEV.
Asimismo, la preocupación se hace mayor, al conjugar la acción aurífera ilegal con tala, el fuego y la deforestación , “que ha reducido a “manchas” dispersas dentro de un mosaico de comunidades vegetales, los bosques de la naciente del Caroní (...) Estos bosques y matorrales están disminuyendo progresivamente su superficie, mientras que las sabanas están en expansión promocionando, en ambos casos, un proceso de degradación. Su principal agente destructor no es otro que el fuego”, apuntó..
Para ejemplificar este proceso de degradación ambiental se refirió Lanz, a las elocuentes las estadísticas sobre los incendios que se suceden en la Gran Sabana; aunque hay variaciones, es posible plantear que en un día del periodo de sequía en el año se han podido detectar hasta 80 incendios en la región por la estación de CVG-EDELCA.
Este proceso de degradación del bosque primario (que no pasa por un bosque secundario, sino que directamente es sustituido por un matorral ralo o la sabana antes mencionada), es debido en gran parte a esa fragilidad latente y a la misma frecuencia de los incendios.
De esta manera, la cuenca alta del Caroní está destinada a convertirse en un gigantesco desierto de continuar el ritmo de destrucción de la sabanización, por lo que se puede decir que esta área se está sabanizando y la sabana se está desertificando.
La Colonización Minera
La intensa actividad minera de oro y diamante en la zona de Ikabarú y en toda la vía que la comunica desde Santa Elena de Uairén, se sigue desarrollando.
“Lo más terrible, es que por esta región se penetra al Alto Paragua, la zona donde nace el otro importante río que forma al Caroní propiamente dicho y que en verdad es el que alimenta a la represa de Guri, debido a que esta subcuenca es la que está más cubierta de bosque y con altas precipitaciones”, destaca Lanz.
De tal manera -aseguró ocho años atrás-, si esta represa no ha colapsado en su función de producción energética ante la enorme intervención y deterioro que se está llevando en la cuenca alta del río Caroní, se debe a la enorme regulación de la escorrentía que todavía realizan los bosques del río Paragua.
Hoy, la situación es diferente y el efecto destructor minero sobre esta vital zona boscosa ya generado consecuencias palpables para todos los venezolanos, sin que el Estado o la gobernación del estado Bolívar hayan podido generar políticas públicas coherentes y efectivas para parar la actividad aurífera en la región.
Hoy a pesar de la crisis energética, militares (TO5), gobiernos municipales, gobierno de Bolívar y gobierno nacional, siguen sin “ponerle la cascabel al gato”, “imagino que los intereses económicos continúan siendo más prioritarios que la soberanía energética y el bienestar de los habitantes de la República Bolivariana de Venezuela”, sentenció Alejandro Lanz.
