Desde hace mucho tiempo en nuestro país, al concluir el pregrado no se otorga el título de doctor, como ocurría durante los años de los “Estados Unidos de Venezuela”, ahora quienes se hayan propuesto llegar a la educación universitaria, podrán egresar del pregrado como licenciados, abogados, médicos, farmacéuticos o profesores, pero de ninguna manera como doctores.
Desde ese mismo tiempo, para llegar a ser doctor hay que realizar estudios de postgrado, especialización, maestría y el pretendido doctorado, lo que implica proseguir en aquellas aulas unos siete u ocho años más, por lo cual gran parte de anuncios de doctores, no son más que sonidos impostores asumiendo un título que no poseen, compartidos por los cómplices de la presuntuosidad impune.
Es incluso deplorable, cómo se comparte hasta en recintos ideológicamente horizontales, tanta ignorancia mezclada con titularismo al dirigirse a algún trabajador público, que tan necesitado de lo inmerecido anhela y hasta exige que le digan “Doctor…”.
En una reciente reunión que luego se develó como asamblea, algunas trabajadoras públicas concurrentes se dirigían a una joven funcionaria, sentadita al centro del presídium que separaba a los investidos de autoridad de los subditos, con el título de doctora, pero la cuenta no da, pues para llegar a ser doctora, debería tener para ese momento unos treinta años, que obviamente, por su frescura, aun no los alcanza.
Esa es la carga cutrirepublicana, ortodoxa y costumbrista que tanto nos pesa, es un batido de presunción separatista cultivada, no tenemos ley de ejercicio profesional del técnico superior universitario (TSU), pero para hablarle a algún médico o abogado, él necesita y espera que le digan “Doctor…”, porque su licenciatura le asquea, y además desea marcar distancia con los TSU, a quienes ubica en la servidumbre profesional.
Alfredo Maneiro, sensible pensador venezolano, siempre aseguró que los cambios sociales son muy lentos, tal vez por ello cuando para algún insolente llega el gran día del paraninfo, escribe en los vidrios de los carros de los vecinos, demás familiares y amigos ¡Al fin licenciado..!, pero al día siguiente, ordena la impresión de miles de tarjetas que lo presentan como… “Doctor…”.
¿Doctor..? Yo te aviso, farsante.