Una alerta para la Ministra Érika Farías y la viceministra Ochoa

Los Consejos Comunales o la historia de cómo se desvirtúa un proyecto revolucionario

La historia de la formación de los Consejos Comunales de Planificación Local se encuentra íntimamente vinculada al proceso de radicalización del ideal socialista de nuestro gobierno. En este sentido, es importante recordar que estas organizaciones populares surgieron a partir del impulso del discurso Presidencial, toda vez que se logró aprobar la Constitución de 1999, y con ella el concepto de democracia participativa. 

  Fue en el 2002, también bajo la égida del Presidente Chávez - quien una y otra vez conminaba a la Asamblea para que legislara en la materia - cuando se logró la aprobación de la Ley de los Consejos Locales de Planificación Pública. A pesar de lo novedoso de la figura, el poder constituido de alcaldes y concejales, se ocupó de “neutralizar” la participación popular y de minimizar y de controlar su rol revolucionario.  

  Una vez más y dando siempre muestra de su coherencia en la acción, el Presidente auspició la modificación de la Ley del Fondo Intergubernamental para la Descentralización, posibilitando la creación de los consejos parroquiales y comunales como estructuras organizativas a ser consultadas en la activación de los procesos de los Consejos Locales de Planificación Pública. 

  En junio de 2005 se logra la aprobación de la Ley Orgánica del Poder Público Municipal, en la cual se establece la obligatoriedad de crear los consejos comunales y parroquiales. Se trataba de un audaz acercamiento estratégico de nuestro líder para hacer posible la transferencia de poder y responsabilidades a los colectivos organizados. 

   En los primeros meses del año 2006, el Presidente hace un llamado a la población para que conforme los consejos parroquiales y comunales, y en forma casi inmediata conmina a la Asamblea y logra la promulgación en abril del 2006 de la Ley de los Consejos Comunales de Planificación Local. 

  Nunca antes una intención gubernamental guardó tal grado de persistencia estratégica y claridad de objetivos: el pueblo debía comenzar a asumir las responsabilidades inherentes a las tareas de gobierno, porque sólo así podría ir configurando sus potencialidades para ejercer el poder político sin traicionar su conciencia de clase y el proyecto de transformación de una sociedad justa y con sentido de equidad social. 

  Pero si coherente fue el Presidente Chávez con su compromiso de “empoderar” a los colectivos populares, la lógica de nuestros procesos de enajenación cultural también cumplió su papel. En ellas se dieron cita nuestras percepciones episódicas de la realidad, exteriorizadas en prácticas egoístas y personalistas, actitudes clientelistas y nepotistas... A la par, las instituciones públicas seguían ignorando o manipulando las tímidas organizaciones que a duras penas lograban sobreponerse a la falta de comprensión de los colectivos sobre la necesidad de participación, y el cada vez más creciente burocratismo de las instituciones del Estado. 

  Se trataba, según la perspectiva de Lebowitz, del intento deliberado de crear el hombre y la mujer nueva: sólo bajo el concurso del desarrollo humano y el apoyo de unas instituciones con objetivos y metas cónsonos con este fin. 

  En ese punto neurálgico del proceso nos encontramos hoy. Y asombrosamente no son las fuerzas de la oposición las que en este instante revisten un peligro inminente para la consolidación de estas estructuras organizativas. El peligro nace y vive en nosotros. El mal, como decía un hombre sencillo e inteligente de nuestro pueblo, se nos metió en los huesos y no advertimos el desgaste, ni nos sometemos al “arriesgado” proceso de la radiografía personal. El pensamiento aldeano del cual nos alertaba nuestro gran José Martí, tiene plena vigencia en la Venezuela de principios del siglo XXI. 

  Nuestras propias contradicciones personales nos hacen víctima de prácticas destructivas que terminan por hacer de los consejos comunales un mecanismo de prebendas personales y de avances politiqueros. Se recurre a la política del “cumplo” y “miento” de la cual intentaba alertarnos Carlos Lanz, y se conforman Consejos Comunales sin el concurso de los colectivos, y amparados en procesos amañados en virtud de la poca participación comunitaria.  Participación que sin duda no se alcanza por la ausencia de verdaderos líderes que puedan esgrimir trabajo voluntario y desinteresado en beneficio de los colectivos populares. 

  ¿Y cuál ha sido el papel de las instituciones en el acompañamiento de los procesos organizativos?  

  Celebramos una propuesta de Ley que elimina la inscripción del órgano financiero como cooperativa, trámite engorroso que desgastaba a sus integrantes en tareas administrativas burocratizadas que robaban tiempo y espacio para el trabajo comunal. Celebramos el surgimiento del Ministerio del Poder Popular para las Comunas y Protección Social a cargo de una mujer joven y revolucionaria como Érika Farías y las competencias del ente ministerial en el funcionamiento de estas organizaciones populares. Celebramos la activación - dentro de la ley - de mecanismos para impedir que esta revolucionaria estructura comunitaria se convierta en un instrumento para el beneficio de minorías… 

  Por ello me atrevo de hacer un llamado público a la Ministra Farías y a su viceministra, la compatriota Isis Ochoa: ejerzan control sobre los funcionarios a su cargo, no permitan que los promotores comunales legalicen consejos comunales de “papel”. Acompañen  los procesos de conformación del mayor número de organizaciones populares, permitiendo que los vecinos e integrantes desarrollen plenamente sus potencialidades humanas y consoliden su formación política. No le entreguen a la triste oposición venezolana un argumento convincente para declarar fallidos nuestros procesos de concienciación social. 

  Espero que las experiencias vividas en el distrito Guaicaipuro del Estado Bolivariano de Miranda con el Promotor Cultural de este nuevo Ministerio, no sea el común denominador de los procederes de los funcionarios a su cargo. Las invito a ejercer supervisión sobre todos y cada uno de los funcionarios responsables de orientar y acompañar el proceso de gestación del principal ariete en la larga e inmensa batalla que hemos de librar contra los únicos enemigos que pueden vencernos: la ignorancia, el pensamiento superficial, las perspectivas egocéntricas, la deshonestidad y la falta de visión política. 

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