El líder del partido aurinegro se molestó terriblemente porque el
Ministro de Comercio se reunió con trabajadores de Cargill, Monaca y
Polar, y no con sus empresarios. ¿Le molestaría que un ministro de
Agricultura se reúna con campesinos y no con latifundistas, o que un
ministro de Salud se reúna con enfermeros/as y no con directores de
clínicas?
El pasado domingo, el líder de Primero Justicia, Julio Andrés Borges, en su columna El Nuevo Camino (que más Opus Deiano no puede sonar) en Últimas Noticias, página 52, lanzó un ataque frontal contra el ministro de Comercio, Eduardo Samán.
Cito textualmente:
Un poco de Ubicatex para Samán.
El ministro de Comercio, Eduardo Samán, se reunió esta semana con
empleados de Cargill, Monaca y Polar, para exhortarlos a ejercer
contraloría social sobre estas empresas. Un ministro de Comercio
ubicado en sus funciones debería estarse reuniendo con los empresarios
para exhortarlos a reinvertir sus ganancias y a crear nuevos puestos de
trabajo. También para oir sus inquietudes en relación a las barreras
que existen en Venezuela que impiden que la inversión privada sea un
motor de desarrollo del país. ¡Un poco de Ubicatex para Samán, por
favor! Yo le voy a dar una razón por la cual los empresarios no
invierten más en Venezuela y se van a otros países: Eduardo Samán.
Fin de la cita.
Pareciera que a Borges le molesta que un ministro de Comercio se
reúna con trabajadores y no con empresarios. ¿Al final quién realiza el
trabajo para producir el bien o servicio con el que se comercia,
Borges? ¿El trabajador no tiene nada que decir en ese proceso? ¿Alguito
aunque sea?
Siguiendo la misma lógica, también le molestaría a Borges que un
ministro de Agricultura se reúna con campesinos y no con latifundistas,
que un ministro de Salud se reúna con enfermeros y enfermeras y no con
directores de clínicas, etc. ¡Esa es la Venezuela
incluyente que quiere Primero Justicia!
Por otro lado, sin darse cuenta, este ultraneoliberal confeso
(aunque él prefiere usar expresiones mejor disfrazadas para referirse a
su ideología) admite que los empresarios necesitan ser exhortados para
invertir su dinero en el país (y no gastárselo en Miami, supongo) y en
crear puestos de trabajo (en lugar de comprarle un apartamento en
Margarita a su secretaria, por ejemplo). Solitos ni de vaina que van a
hacer eso: necesitan que Samán vaya a exhortarles a que lo hagan.
¿Y cómo es que los empresarios tienen ganancias si hay en Venezuela
tantas barreras a su desinteresada labor? Es decir, la empresa privada
está ahogada por los obstáculos, pero no sabe qué hacer con el pocotón
de dinero que ingresa. Borges me deja sin palabras con sus
argumentaciones contradictorias.
El fundador de PJ pide Ubicatex para Samán por monitorizar la
producción nacional de rubros básicos, pero olvida que el ministro
sigue siendo el presidente del Instituto para la Defensa de las Personas en el Acceso a los Bienes y Servicios (
Indepabis),
organismo que lucha contra la especulación y acaparamiento que tanto
practican los honrados empresarios. Si Samán se reunió con los
trabajadores de Cargill, Monaca y Polar, fue para coordinar con ellos
acciones que impidan que esas empresas dejen de fabricar productos
regulados para pasar a comercializarlos
con sabor a parchita y olor a jazmín y venderlos por el precio que les da la gana.
Qué mal que Borges no cite esos países a los que él encuentra con
una política acertada en el aspecto laboral y comercial. Porque de
preguntársele, no tardará ni dos minutos en mencionar Colombia, el país
donde las condiciones de la clase trabajadora son bien precarias y más
sindicalistas son asesinados por año en el mundo. ¡Ay, quién tuviera
una política así, pareciera suspirar, con los ojos entornados! ¿No me
creen? De hecho, en su página, junto al texto citado, dedica otro
párrafo a edulcoradas alabanzas de admiración a Uribe, todo un
contraste con el maluco de Chávez.
Y finalmente, no podemos olvidar que
el partido que lidera Borges es el favorito del 3.7% (tres punto siete por ciento, no es un error, es un estudio de la encuestadora privada IVAD) de los venezolanos.
De modo que, con 3.7% de apoyo, antes de exigir qué debe o no hacer
un ministro, primero podría centrarse en subir algo la popularidad –es
un decir- de su partido derechista. O lo que es lo mismo: ubicarse.