La protección del Estado Venezolano para la industria avícola nacional, debe alcanzar también a los consumidores

De acuerdo con las declaraciones de sus dirigentes, FENAVI (Federación Nacional de Avicultura de Venezuela) produce el 61% de la proteína animal que se consume en el país. Además, se importan 64.925 TM. Los industriales están solicitando más respaldo del gobierno bolivariano: “Requerimos de financiamiento para las pequeñas instalaciones, con el fin de bioclimatizar las granjas, la extensión de la exoneración del pago del Impuesto Sobre la Renta (Islr), para reinvertirlo en las infraestructuras productivas, y la incorporación de todas las materias primas en la modalidad de pago anticipado o a la vista”. Estas noticias revelan el apoyo decidido del Estado para el abastecimiento de la alimentación del venezolano.

Es elemental que los consumidores reclamen a los industriales la reciprocidad en cuanto a la calidad de los productos que ofrecen. Veamos.

El precio del pollo importado CIF Venezuela es de $ US 1.620,37 la tonelada métrica. El industrial lo ofrece en Bs. 8.3/KG de donde se deduce que la rentabilidad para FENAVI es de Bs. 4,82 por Kilogramo por este concepto. De acuerdo con las reglas del capitalismo, el costo de la producción nacional es menor de $ US 1.62/KG, para poder explicar el aumento sostenido de los volúmenes de producción nacional de pollo. Vale la pena agregar que el precio al consumidor del pollo entero en España es de 2.69 € /KG, es decir Bs. 9.1 /KG, un poco menos que el precio que pagamos los venezolanos. Todas estas cifras indican que las retribuciones, léase ganancias, que obtienen los industriales de FENAVI son competitivas internacionalmente. No así la dudosa calidad del producto que nos ofrecen.

Como ejemplo: la cantidad de agua adicionada durante el procesamiento según la Norma COVENIN, es de 10 ± 2% del peso del pollo, mientras que en Estados Unidos es de 4.5% y en Europa 2%. Este detalle representa la posibilidad de añadir entre 6.615.200 y 8.269.600 KILOGRAMOS de agua a la producción nacional mensual, que se convierten en un margen de enriquecimiento bien atractivo al multiplicar cada kilogramo de agua por Bs. F 8.3. Es necesario agregar que en general, las instalaciones para la cría de pollos pertenecen a pequeños granjeros, quienes reciben por contrato los pollitos y todo el alimento de parte de los industriales. A los 45 días exactamente, devuelven las aves al industrial y reciben un monto fijo por unidad que era de Bs. 500 (2006) por cada pollo criado, a puerta de corral. Las instalaciones, el mantenimiento y la mano de obra corren íntegramente por cuenta del granjero criador. De manera que el industrial paga sobradamente el costo de la crianza, sólo con trasladar el aumento de peso que adquieren los pollos por concepto de sobre hidratación durante el procesamiento de beneficio.

Las normas COVENIN obsoletas (1986), no contemplan reglamentación sobre el contenido de grasa pélvica y otras que pueden llegar a 1.5% del peso del animal beneficiado. Los industriales no respetan la norma de extraer totalmente las denominadas vísceras blancas (buche, esófago, tráquea, ni pulmones). No se regulan los productos químicos desinfectantes que se agregan durante el procesamiento ni se hace constar la fecha de elaboración. El olor desagradable de los pollos y del agua que destilan una vez descongelados, induce a pensar en un elevado crecimiento bacteriano y pudieran estar proliferando gérmenes patógenos. Es necesario considerar otros procedimientos industriales, diferentes de la inmersión, para enfriar y desinfectar el pollo en canal.

No estamos en contra de los beneficios otorgados por el Gobierno Revolucionario a los productores de FENAVI. Pero reclamamos la revisión de las normas para equipararlas a los requisitos internacionales dado que los precios al consumidor en Venezuela son comparables a los que se pagan en los países desarrollados.

Deberían debatirse igualmente las condiciones de trabajo y las remuneraciones de los granjeros quienes trabajan “a destajo” porque los industriales eluden así las obligaciones contractuales con estos trabajadores. Así mismo, la desinfección de la gallinaza es responsabilidad de los industriales de FENAVI porque es imputable a los pollos, para mermar la polución de los campos y la invasión de moscas como consecuencia del empleo de estos residuos como abonos agrícolas.

Estas son las contradicciones inevitables entre dos modelos de desarrollo económico antagónico. En el capitalismo todo se dirige a obtener el máximo rendimiento económico con la menor inversión posible. En el socialismo se persigue el máximo beneficio social con una inversión razonable, de manera que los beneficios se distribuyan equitativamente entre la sociedad. Esta es la dura lucha que es preciso dar.

Mérida, 28 de Mayo de 2008.

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