El
avance del proceso revolucionario venezolano es innegable, sin embargo,
la repercusión de las deformaciones, vicios e influencias del pasado
inmediato, aunado a la dinámica y contexto geopolítico internacional
sobre el que transitamos actualmente, genera un problema estructural
que no permite un desarrollo sostenido y equilibrado de las políticas
sociales adelantadas por el Gobierno Bolivariano en sus diversos
niveles. Es un problema complejo cuya solución requiere de estrategias
claras y un esfuerzo continuo para su superación.
El
proyecto socialista bolivariano busca romper el modelo social,
económico y doctrinal capitalista instaurado en nuestros valores, el
cual define la conducta individual como única configuración válida en
el marco de un modelo globalizado y carente de sensibilidad; una
doctrina que ha sido introducida, exportada, vendida y liderizada por
grandes corporaciones multinacionales de la comunicación, quienes a
través de una campaña persistente, sistemática y nutrida por ideales
capitalistas, han abonado el terreno durante décadas consolidando en la
psiquis social los valores propios de su sistema.
La ruptura de la "realidad virtual"
Uno
de los grandes retos del proceso revolucionario venezolano en su
primera etapa fue, sin lugar a dudas, romper con los niveles de
alienación promovidos como estrategia de dominación por los sectores de
poder, en una población susceptible a las manipulaciones mediáticas,
producto de un proceso de desmontaje de su capacidad crítica y su deseo
de participación.
Ha
sido una tarea ardua revertir con hechos palpables la realidad virtual
creada por la maquinaria mediática apoyada logísticamente por sectores
económicos privados del país, que juntos y articulados, en su momento,
llegaron a materializar un golpe de estado. Un golpe mediático y
militar que fue abortado de forma espontánea por el pueblo; un hecho
sin precedentes que evidenció la evolución de la conciencia social colectiva
venezolana, la cual reaccionó instintivamente al encontrarse en un
escenario donde el descaro y el cinismo alcanzó su máximo nivel en el
desconocimiento total de las leyes y los poderes constituidos
legítimamente.
Desde
su inicio el proyecto bolivariano ha encontrado acérrimos opositores,
pertenecientes especialmente a grupos de poder económico nacional, a
serviles y pagados defensores de los intereses multinacionales del
gobierno norteamericano y a desgastados grupos políticos de otrora, sin
dejar de lado a un sector de la clase media radicalizado producto de la
influencia mediática.
En
este contexto, es necesario que el proceso revolucionario, empiece a
identificar y medir el nivel de impacto negativo que sobre él ejerce el
enemigo silencioso que ha minado y retrasado innumerables iniciativas;
que ha distorsionando las políticas sociales orientadas a la inclusión
y la participación, pero sobre todo, ha garantizado la permanencia en
el tiempo de los valores neoliberales, así como la estructura del
burocratismo, el clientelismo y la corrupción como base práctica del
ventajismo individual en menoscabo del interés colectivo. Estas praxis,
arraigadas hoy por hoy en el acervo cultural del pueblo venezolano, y
que han sido impuestas por los actores mediáticos de forma
sistematizada y progresiva durante décadas, representan el mayor
peligro para el éxito de la revolución bolivariana.
Hacia una nueva conciencia colectiva
El
problema del cambio de paradigmas; camino a la formulación de un nuevo
modelo de ciudadanía social, donde el valor colectivo prive por encima
del individual; radica en la complejidad de la estructura vigente sobre
la que se mueve nuestra sociedad. La identificación de los valores
negativos y su reemplazo gradual es un paso fundamental que debe ser
planteado a través de estrategias integrales que permitan; más que el
discurso y la retórica; demostrar con hechos contundentes la necesidad
irrevocable de consolidar una nueva visión de la sociedad y sus
relaciones internas y externas, donde queden evidenciados los
beneficios y su impacto a corto, mediano y largo plazo. Las estrategias
deben tomar diversos aspectos en áreas y componentes de formación de
los nuevos valores en diversos niveles educativos formales y no
formales, así como procesos comunicacionales de alto impacto, de
fortalecimiento de la identidad nacional, del rescate del acervo
histórico y del desarrollo de una conciencia con valor social colectivo.
Estamos arribando a un nivel dentro del proceso revolucionario, donde es esencial trabajar en función de una auténtica conciencia social colectiva
que avance en consonancia con el proyecto socialista bolivariano; el
reto más grande es convertir la estructura social actual en un modelo
más cercano a los valores humanistas, es necesaria la revolución de la conciencia,
la revolución cultural; sin la cual, el proyecto bolivariano estaría
condenado en el tiempo a la distorsión, a la desfiguración y finalmente
al fracaso.
Es
una prioridad indiscutible plantear y preparar los escenarios para la
construcción y ejecución de las estrategias de transformación cultural
en el menor tiempo posible, a fin de avanzar un paso al frente para
contrarrestar definitivamente las prácticas y vicios de la sociedad de
capital. Si no tomamos las riendas en el desarrollo de políticas firmes
que combatan y conciban una nueva conciencia colectiva socialista,
estaremos construyendo un modelo retórico alejado de la praxis, que en
el tiempo, se derrumbará cual castillo de arena dejando para la
historia una referencia más, de un sueño utópico o un boceto de un
sueño irrealizable. Este es el momento histórico.
Autor: Pablo Sabala
Escritor-Dramaturgo, estado Vargas/2008
psabala@gmail.com