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Al gobierno revolucionario y al camarada presidente nunca he solicitado nada, salvo que se gobierne con autoridad y se aprueben y apliquen leyes inexorables, que no permitan los desmanes, abusos y aberraciones que hasta ahora han cometido impunemente los medios de manipulación masiva, los acaparadores, especuladores y hambreadores del pueblo, banqueros oligarcas, industriales de maletín, los jerarcas de la iglesia católica, los dirigentes de la oposición pitiyanqui y algunos seudodirigentes del proceso bolivariano. Sólo eso he pedido y, desafortunadamente, no me considero complacido. Eso y que las misiones funcionen bien y se castigue a los corruptos y a los burócratas de viejo y nuevo cuño, que es lo mismo que ha pedido y continúa pidiendo a gritos la mayoría del pueblo que apoya decididamente y sin ningún tipo de vacilaciones a nuestro presidente.
La pregunta de mi amiga Laura me dejó desconcertado: “¿qué nombre le pusiste al caballo que te regaló el presidente Chávez?”. Yo no había recibido del presidente Chávez un caballo como regalo, así que no podía entender la pregunta. Por ello le escribí manifestando mi extrañeza, y he aquí su respuesta:
“Amjá, te engañé. Claro que el presidente Chávez no te ha regalado ningún caballo, tonto, fue a mí a quien lo regaló. Caíste por inocente antes del 28 de diciembre. Lo que pasa es que quería contarte el feliz acontecimiento que a mí me ocurrió. Fue el 8 de septiembre, día de mi cumpleaños. Llegó a mi casa el mismísimo Ministro del Poder Popular para la Educación Inferior. Si, querido amigo, el mismísimo Adán Chávez con su sonrisa a media asta, y un caballo que llevaba agarrado de la brida. Me saludó, me preguntó si yo era la maestra Laura y cuando le contesté que sí, me dijo: Aquí está el caballo que le envía el presidente Chávez, como regalo de cumpleaños.”
“Válgame Dios, es un magnífico ejemplar, ¡si lo vieras!, es un animal precioso. Le pregunté al ministro el nombre del caballo, y él, siempre con su sonrisa de media asta, me dijo que el que yo quisiera. No lo pensé mucho. Le dije: Se llamará Rosita.
-¿Rosita?- Me preguntó él sorprendido- Pero ese no es nombre para un caballo sino para una yegua… Bueno, se llamará “Rosita” hasta que algunas cosas cambien.”
“-¿Cómo cuáles?-. Me preguntó Adán Chávez.
Bueno, como por ejemplo, hasta que el otro ministerio deje de llamarse de Educación Superior, lo cual como Ud. y el compañero presidente bien lo saben, es una soberana estupidez.
“Rosita” se llamará el caballo hasta que los edificios donde funcionan el poder ejecutivo, legislativo y judicial dejen de llamarse “palacios”, porque bien sabemos, aquí no tenemos un régimen desvergonzado como la monarquía, sino un sistema democrático, popular, republicano, participativo y protagónico, y es una incongruencia y una falta con los principios revolucionarios llamar a esos caserones y que “Palacio de Miraflores” y “Palacio Federal Legislativo” y “Palacio de Justicia”, ¿no le parece eso una soberana estupidez?”
“Así pues, amigo mío, el caballo que me regaló el camarada presidente Chávez se llamará “Rosita” hasta que la presidenta de Movilnet y la gerencia de Venezolana de Industria Tecnológica (VIT) dejen de estar engañándonos con la falsa reducción de tarifas telefónicas y con los falsos precios solidarios de los computadores bolivarianos; hasta que la superintendencia de Sudeban deje de estar tomando medidas desquiciantes con las que “pagan justos por pecadores”, pero sobre todo los más justos, que son siempre los pobres; hasta que el gobierno se deje de blandenguerías y meta en la cárcel a los comerciantes que acaparan y especulan con los alimentos y demás bienes y servicios esenciales; hasta que…”
“Bueno, Ramiro, por un tiempo dejaré de escribirte, pues me voy al campo con “Rosita”, él necesita pasto fresco y a mí me conviene descansar de esta ciudad de Valencia que cada día está más insoportable con sus trancas en calles, avenidas y autopistas, porque cada vez hay más carros que gente, con su fetidez insoportable y sus autoridades que son tan incompetentes. Ah, antes de que se me olvide: gracias por dedicarme el artículo Adán y Eva…y Globovisión. Recuerda siempre que te quiero mucho. Tu amiga Laura C.”
ramiromen@gmail.com
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