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    Anticorrupción y Contraloría Social

Otra vez sobre el escarabajo rojo del Presidente
Por: Alejandro Oviedo
Fecha de publicación: 14/01/07
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Durante las elecciones del tres de diciembre pasado, el Presidente Chávez llegó a su centro de votación tras el volante de un escarabajo rojo. Allí salir, una vez ejercido su derecho, volvió a montarse en el carrito y volvió en él a Miraflores. La imagen de nuestro mandatario montado en ese vehículo recorrió el mundo.

Todo lo que una persona hace en público lleva un mensaje. Y en el caso de personas conocidas, esos mensajes cobran por supuesto dimensiones mayores, pueden devenir en símbolos para el colectivo que los recibe. Eso resultó especialmente notorio en el caso del Presidente de Venezuela manejando su carrito. Ya entonces, uno de los colaboradores de Aporrea celebró la ocurrencia del Presidente en un breve artículo.

El Volkswagen modelo escarabajo es un carro modesto, de pobres. “Carro del pueblo”, significa su nombre en alemán. Este prodigio tecnológico logra, con una mecánica elemental, un altísimo rendimiento con un bajo consumo de energía. Un vehículo robusto, barato y de fácil mantenimiento. Por eso se convertió en el vehículo más producido en la historia. Hace dos años, cuando se cerró la última planta que los armaba, en México, se habían ensamblado 70 millones de escarabajos, a lo largo de 69 años. Aunque el modelo se descontinuó, un enorme porcentaje de escarabajos sigue rodando en nuestros países, y se sabe que habrá piezas de repuesto para los próximos veinte años. Fuera de algunas variaciones accesorias, el escarabajo no sufrió nunca cambios esenciales en su diseño original. Esto hace que su imagen no envejezca. El escarabajo no sufre los cambios de la moda.

Ante la lógica actual del mercado capitalista, el escarabajo es un objeto por demás inoportuno, ya que no genera ganancias desorbitadas a quienes lo producen. Por eso decidió la Volkswagen dejar de producirlo. Y es que una vez en la calle, ofrece largos años un excelente servicio a su propietario, es de mantenimiento fácil y económico, y además le da trabajo a un enorme número de mecánicos, latoneros, tapiceros y vendedores de repuestos.

Cuando el líder de un país manifiesta su afecto por un escarabajo, está suscribiendo con ello el símbolo más importante que ese vehículo representa: una industria cuyo objetivo no es la usura, sino el bienestar del consumidor. Una industria que no solamente ofrece un producto bueno y económico, sino que además garantiza con él trabajo para mucha otra gente, sin establecer un monopolio.

Pero no escribí estos párrafos solo para hacer una apología del escarabajo, ni para volver a celebrar la ocurrencia del Presidente Chávez. Lo hice llevado por un comentario de un amigo, según el cual un alcalde chavista de Portuguesa anda, desde hace tiempo, recorriendo las calles del pueblo montado en una “Hummer”. Ya la sola imagen de semejante carro (el mismo con que mortifican las calles de Iraq los invasores gringos) produce antipatía. Pero manejado por un funcionario menor del gobierno revolucionario, cuyo sueldo de seguro que no alcanza para comprar una Hummer, se erije en una injuria, en una contradicción descabellada con lo que representa el proceso revolucionario, que conduce nuestro Presidente en un escarabajo rojo.


alejoviedo@gmx.de
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Alejandro Oviedo


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