Es Chávez quien lo dice

Una de las características o virtudes del Presidente y Candidato de la Patria, Hugo Chávez, es su sinceridad y transparencia. Lo que llamamos un hombre llano. Explayado. Que no tiene pepitas en la lengua. Que te las canta clarito. Esto y aquello de dicho y hecho ha permitido que sea un hombre con credibilidad. Reconocer los errores y debilidades a tiempo y asumir sus responsabilidades, tal como ocurrió en abril del 2002, ratifican tal condición, herencia y característica de la venezolanidad.

Aquí y más allá de nuestras fronteras aborrecemos a los mentirosos, demagogos y corruptos. Tal fue la característica de los politiqueros de la cuarta república, quienes siempre pensaron que el pueblo se seguiría calando su perverso estilo de hacer política y dirigir el gobierno.

Bien bueno que sea el mismo Presidente Chávez quien siga dando lección o al menos guiando y marcando el camino de cómo hacer las cosas para que nuestra dirigencia no siga calcando las mañas de los cuartorepublicanos. Su discurso en la multitudinaria concentración de Barcelona el jueves 12 de los corrientes es una prueba más que estamos en presencia de un líder ejemplar. No deja de reconocer que este es un proceso y como tal amerita un tratamiento de vigilancia, contraloría y corrección permanente. La voluntad y confianza popular no puede ser traicionada ni resuelta con paños calientes. Chávez, se lo dijo Fidel hace algún tiempo, no es alcalde ni gobernador. Estos tienen obligaciones muy precisas en sus localidades que deben cumplir con la mayor entrega y honestidad.

Es constante el reclamo de las comunidades que en cada visita del Presidente acuden a él para plantearle problemas viejos y nuevos. A todas luces no nos equivocamos si decimos que muchas veces el primer mandatario siente pena ajena por lo que ocurre. De allí su reproche y llamado de atención para alcaldes y gobernadores que unidos a otros funcionarios públicos insisten en portarse como verdaderos “matavotos”. Son los mismos que con tal comportamiento generan pesimismo en la población, lo cual merma más apoyo a las iniciativas gubernamentales y es factor influyente en los notorios y preocupantes niveles de abstención electoral.

Entonces, toda la dirigencia Bolivariana debería tratar de parecerse a Chávez. En el trabajo, en el estudio, en la honestidad, en el ejercicio del compromiso asignado. Que la crítica y la autocrítica no sea gargarismo. Que en anti imperialismo no sea una pose. Que las Líneas estratégicas y el Libro Rojo no sea para el archivo. Una y mil veces el Presidente y Candidato de la Patria lo exige: Trabajar con tesón y desprendimiento en la construcción de la patria nueva. Es tarea prioritaria romper radicalmente con los vicios del pasado.

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