Lejanos quedaron aquellos días en que sentíamos que había autoridad que enfrentaba a los ladrones que no usan armas de fuego sino el desabastecimiento y la especulación. Cuando sentíamos que había autoridad para ocuparse de los desafueros en la materia. Cuando había un ministro que se ocupaba de sacar de debajo de las piedras el arroz normal, que estaba siendo sustituido en los establecimientos del ramo por el inefable "saborizado" y "parboiled" a precios especulativos. O cuando el Indepabis inspeccionó a la empresa Papeles Venezolanos (Paveca), porque no había papel higiénico normal sino uno raro, con un agregado de "perfume" o "fragancia" solo para venderlo a precios especulativos, y sin opción porque era el único que se encontraba. Estas dos actuaciones mencionamos, para no extender mucho la cosa, pero fueron innumerables las acciones que los funcionarios al frente de este Instituto, tomaron en favor del pueblo venezolano y en contra de los ladrones de cuello blanco, que con el nombre de "empresarios", son en realidad delincuentes que se enriquecen robándonos a todos con todo tipo de peripecias y trácalas.
En Febrero, el presidente Chávez tomó la decisión de devolverles a estos ladrones autollamados "empresarios", la libertad para continuar sus actividades delictivas, quitándoles del medio al funcionario que les estorbaba en sus actividades. Sacó del cargo al ministro Eduardo Samán y todo volvió a la "normalidad".
Desde entonces, estamos de nuevo en manos del hampa empaltosada, igual de letal que el hampa común. Las medicinas alcanzan precios de lujo, se desaparecen, no se consiguen ni vivas ni muertas y todos felices y comiendo perdices.
Se desaparece la leche, el café, el azúcar, el aceite, reaparecen a precios mas altos y ¡sentimos alivio! porque pagamos lo que ellos quieran, pero al menos disponemos del poquito de azúcar para endulzar el cafecito de la mañana, porque la "splenda" vale 100 bolívares y un kilo de azúcar pagada a 8,oo es un gran favor que nos hacen los ladrones, digo, los empresarios. Dejémoslo hasta ahí, no nos pongamos exquisitos hablando de los precios y las existencias de jabón de lavar, jabón de tocador, artículos para la higiene personal en general, repuestos para vehículos, servicio de transporte ni esas cosas "accesorias". Vamos a conformarnos con estar vivos y todos sabemos que para vivir lo indispensable es el aire que afortunadamente todavía se puede respirar (aunque sea contaminado) y ¡es gratis!, luego del aire vienen los alimentos y las medicinas para ayudarnos a permanecer vivos, así que ocupémonos solo de éstos(as).
Salió Samán, el presidente lo sacó, y con él todo el equipo que enfrentaba la delincuencia. Desde Febrero para acá el hampa empresarial, no tiene obstáculo para arremeter. Solo nos queda la resignación. Conformidad, como le decían antes a los deudos cuando alguien se moría. ¿Quién se acuerda del Indepabis? ¿Todavía existe? Sí existe. Tiene sede, personal, equipos, vehículos, asignación presupuestaria. Seguramente unos cuantos bolívares de los que me quitan a mí como IVA, van a cubrir los gastos que este organismo requiere para su existencia. Lo que no tiene es trabajo qué hacer, y si no hay trabajo, pues no se trabaja. Es como la esposa de Columbo, sabemos que existe, solo que nadie la ve. El hampa "empresaria" tiene el moño suelto. El valiente pueblo venezolano, no se queja ¿a quién? ¿para qué?
Nos queda el recurso de quejarnos entre amigos, que los churupitos se nos escurren entre los dedos y van a parar al patrimonio de los ilustres hampones "empresarios". Nos consolamos, nos tiramos el dato, "en tal sitio hay aceite, pero corre antes de que se acabe". Eso sí, una sola marca, la que sea, pero es aceite. Están en el recuerdo los tiempos en que escogíamos el que queríamos o nos gustaba usar, de ajonjolí, de maíz, marca Branca, Vatel, Diana, Mazeite, o simplemente el mas económico. Ahora es el que sea, el que se consiga, al precio que diga el "empresario" que lo produce. Lástima que no sabemos su nombre para pedirle a Dios que lo bendiga. Ya no preguntamos cuanto cuesta, sino si hay. No nos importa la marca, si hay una ¡Qué alivio! por lo menos tengo el aceitico para "freír una ñema" y no nos toca decir como el personaje del chiste: "Ay compadre, si tuviera ñemas le 'fritara' una, ¡Ay carajo! pero tampoco tengo aceite"