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Testimonios del personal que laboró en la obra La presión por este gran puente motivó a trabajadores
Toneladas de mística y compromiso usaron en el viaducto
Por: Últimas Noticias
Fecha de publicación: 24/06/07
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Caracas. Para quienes trabajaron durante 22 meses de forma continua en la construcción del viaducto Caracas-La Guaira, es "un orgullo" haber sido las manos de ejecución de este proyecto.

Ingenieros y obreros cuentan, desde la panorámica horizontal que da la recién estrenada vía, en el Estribo La Guaira, lo que significó para ellos participar en la obra más esperada y escrutada por la opinión pública.

Antonio Vaquero, ingeniero residente; Alejandro Peña, jefe de Seguridad Integral; Ramón Ruiz, encargado del traslado de losas, y José Gregorio Vázquez Ortiz, responsable de logística, se declaran satisfechos por haber cumplido la labor "en tiempo récord".

En el ojo del huracán. Para Antonio Vaquero, asumir la responsabilidad de la construcción del viaducto fue uno de sus más grandes retos, "no sólo por lo que significaba desde el punto de vista de la ingeniería, sino porque tenía una gran carga mediática. Todo el mundo estaba pendiente de esta obra y eso nos generó presión en muchos momentos, pero también fue un motivo para estar mucho más pendientes y comprometidos con terminar y hacerlo bien. Estamos orgullosos porque fue un reto que asumimos y cumplimos".

Hacer una obra de envergadura y cumplir con los lapsos establecidos para su entrega eran los compromisos. "En algunos momentos hubo retrasos en los vaciados porque faltaban materiales, pero se resolvió", narra Vaquero, quien explica la construcción de esta obra, que implicó 700 empleos directos y unos 1.620 indirectos.

"Creo que lo mejor de este trabajo fue la gente. El grupo de trabajo fue dinámico y comprometido con lo que hacía. Hubo mística. Lo peor, es que era una obra con una gran carga mediática de la que todo el mundo estaba muy pendiente".

"Gente de calidad". "Un día, cuando el trabajo estaba casi terminado, una señora preñaíta pasó en un carro y se paró a ver. Se me acercó y me preguntó: ¿Cómo se llama el ingeniero encargado de esta obra?, Antonio Vaquero le dije yo, y ella, con una carita así como de emoción, se tocó su barriga y me dijo: `Pues mi hijo se va a llamar Antonio’".

Los ojos de Alejandro Peña, un hombre moreno y robusto, jefe de Seguridad del recién inaugurado viaducto, se llenan de lágrimas mientras narra esta anécdota, una de las que le tocó vivir durante el período que trabajó en su construcción.

"Es un orgullo haber participado en este proyecto y con gente de calidad. Aquí todos pusimos de nuestra parte para que todo saliera bien. Muchas veces sentimos presión porque todo el mundo estaba pendiente, muchos pasaban y nos aplaudían y nos decían cosas bonitas, otros no tanto, pero trabajamos noche y día y todo salió bien".

Asegura que el resultado de su gestión como encargado de la seguridad fue exitoso, "porque todo el personal colaboró. Yo les di a entender que mi trabajo no era el de un policía y que más bien éramos como unos ángeles guardianes, encargados de ayudarlos a minimizar los accidentes, pero que ellos eran los responsables de su propia seguridad. Les dábamos charlas, vigilábamos que se pusieran sus arneses, sus cascos, sus botas, y yo creo que gracias a eso no tuvimos accidentes que lamentar".

24 horas. Terminar la obra a tiempo implicó que se trabajara en jornada completa: las 24 horas del día.

Lo que exigió de todo el personal, laborar horas extras y dejar de lado sus familias.

"Yo vivo en Los Teques, pero me quedaba acá en La Guaira porque en el área de seguridad tienes que estar pendiente todo el tiempo. Aunque trabajábamos por turnos yo, como jefe del área, no podía ausentarme".

Ramón Ruiz, encargado de trasladar las losas con que debían cubrirse los tramos del viaducto, asegura que fue una experiencia que no olvidará.

"Todos tenían que ver con lo que estábamos haciendo, me siento orgulloso".

Ruiz vive en Charallave, lo que lo obligaba a levantarse todos los días entre 3:00 y 3:30 de la madrugada para llegar antes de las 7:00 am a la obra. "Casi no veía a mi hijo. Aunque mi horario era de 7 de la mañana a 5 de la tarde, muchas veces me quedaba hasta la noche porque había que hacer horas extras para que el trabajo se terminara a tiempo".

Para Ruiz, los momentos más difíciles en la obra se produjeron "los días que llovió. No podíamos paralizar el trabajo y seguíamos bajo esos palos de agua. Ahí sí que teníamos que estar más pendientes de lo que hacíamos para no tener accidentes bajo la lluvia y en la oscuridad, cuando era de noche".

José Gregorio Vázquez Ortiz, responsable de seguridad y logística, añora regresar a su casa, "pues tengo como tres meses que no veo a la familia. Vivo en Guanare".

A pesar del cansancio que se deja notar en los rostros de estos trabajadores, el entusiasmo resalta en sus anécdotas. "Hubo un compañero a quien estuvieron a punto de darle unos puños porque, de lo agotado que estaba, un día se estaba metiendo en una casa que no era la de él y no se daba cuenta", contó Ruiz.

Lo único que lamentan es que no pudieron ser parte en el fervor de la inauguración "queríamos estar con el presidente Chávez pero hubo mucha desorganización y la Casa Militar no nos permitió estar al lado de él.

Incluso yo como jefe de seguridad, preferí ver el acto por televisión desde el trailer".

Manos lavan manos. A la satisfacción del trabajo terminado se suma el hecho de que la solidaridad estuvo siempre presente. "Si yo tenía que ayudar a alguien que estaba trabajando en otra área, lo hacía. Y no sólo nosotros, los ingenieros colaboraban en lo que fuera necesario" dice Peña, quien hizo un reconocimiento al comandante Isidro Rondón, viceministro de Infraestructura.

"Estuvo todo el tiempo pendiente de la obra y de nosotros. Siempre estuvo aquí".


NUMERITOS EN LA VÍA

Inversión
168 millardos de bolívares.

Concreto y acero
Es una estructura mixta de concreto y acero, con 100 metros de luces en los tramos principales, y con 65 y 78 metros de luz en los tramos de inicio a fin.

Dimensiones
803 metros de longitud y 22,40 metros de ancho.

Longitud de los pilotes
27 cm de diámetro es el grosor de los pilotes que soportan 240 toneladas de estructura.

Constan de un tubo de acero de alta resistencia de 18 centímetros de diámetro y un espesor de 20 mm dentro de una matriz de concreto inyectado.

Pilas
Un total de 7 monocolumnas de concreto armado se alzan a la vista de los conductores. Están conformadas por un fuste de 8,00 y 5,00 metros. Los espesores de las paredes son de 30 o 40 centímetros, dependiendo de las solicitaciones y altura de cada pila.

Peso total
Es de aproximadamente 5.750 toneladas. Fabricada y pre-ensamblada en Puerto Ordaz; transportada por vía marítima en embarques de 9 segmentos, cada uno de hasta 20 m de largo y 50 ton de peso, al Puerto de La Guaira, y desde allí se trasladó mediante gandolas hasta el taller de lanzamiento, ubicado al norte del Estribo La Guaira.






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