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Médicos cubanos en Venezuela
Agradecimiento en los cerros de Sucre
Por: Félix López y Ricardo López Hevia
Fecha de publicación: 22/08/03
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tus panas
MIRANDA.— En tres años y medio los médicos cubanos han salvado 91 000 vidas humanas en Venezuela. En esa cifra entra la primera paciente del doctor Orlando Bernal Godines, que a pocas horas de haber subido a los cerros de Caucagüita, en Sucre, pasó por una de las experiencias más duras de su vida.

El doctor Bernal sube hasta la punta del
cerro para visitar a su paciente Alejandro.

Primero fue el tiroteo ensordecedor, ocasionado por el enfrentamiento de dos bandas rivales de malandros. Unos minutos después, los gritos desesperados de una madre, que corría en busca del médico cubano, con su pequeña hija cubierta entre los brazos: "La mujer estaba tan desesperada que creí en lo peor. Una de las balas había atravesado una pared de zinc y alcanzó a la niña que dormía en su cuna. Una criatura de seis meses... Por suerte la herida fue a sedal, y estábamos ahí, a unos pasos de su casa".

El doctor Bernal, después de los primeros auxilios y de calmar a la madre, remitió a la niña al hospital. Su rápida actuación y la seguridad con que lo hizo, fueron determinantes para que la pequeña estuviera a salvo. La gente del barrio, a partir del desafortunado tiroteo —que puede ocurrir a cualquier hora del día o la noche—, comenzó a tener una clara conciencia de lo que significa el programa Barrio Adentro y la llegada al cerro de un médico.

LA SALUD NO ES UN NEGOCIO

Milagros Rodríguez es una joven del barrio Cristóbal Sanoja, que brindó su casa para acoger a dos médicos cubanos. Allí en la sala de la vivienda se improvisó la consulta del doctor Bernal: "Mi madre y yo lo decidimos —dice Milagros— porque el módulo médico más cercano no te atiende si no llevas 3 500 reales en la mano, 4 000 para la consulta de Pediatría y 12 000 la de Odontología, más lo que cuestan los remedios, y si necesitas una operación ¡ni hablar!... Cuando me dijeron que el médico cubano no cobraría, yo dije: 'esta es su casa'. A la solidaridad no se le puede cerrar la puerta".

Ahora, los vecinos se disputan un día para invitarlos a comer, ocuparse del lavado de sus ropas, de la limpieza del consultorio... "Queremos, dice Doris María Rodríguez, que ellos se concentren en su trabajo y puedan atender a tanta gente necesitada de cariño, porque las manos de esos médicos son como prodigiosas".

El doctor Bernal, que en Cuba labora como jefe del Grupo Básico del Policlínico Pedro Esperón, en Bauta, pasó dos años atendiendo a tres tribus indígenas del Paraguay, con una población de casi 4 000 personas; y en Ecuador, adonde fue como conferencista durante una emergencia de dengue y malaria. Pero esas experiencias no mellan su modestia, y mucho menos disminuyen su sensibilidad ante el escenario de su actual misión: "Nada es comparable a la pobreza de estos cerros. La desesperanza es el mal más difícil de curar, porque destruye el corazón y la mirada de los hombres, los angustia y los excluye del mundo. La medicina, como la practicamos en Cuba, no puede ser vista jamás como un negocio".

CURAR Y PREVENIR NO ES POLÍTICA

"La aceptación de la gente, comenta Bernal, ha sido buena y general. En la medida en que ellos descubren el objetivo de nuestro trabajo (lejos de la política y las historias infames que venden los medios), aumenta su cariño, su protección y su conciencia de que la Revolución bolivariana está subiendo al barrio... Yo quisiera que uno de esos periodistas vinieran una semana a vivir con nosotros. Que sientan en su piel lo que viven esta gente, entren en las casas y descubran cuánta alegría en el rostro de los que ahora se sienten seres humanos solo porque le tomas la presión, lo auscultas y le entregas los medicamentos que necesitan".

Bernal, que realiza cerca de 60 consultas diarias, más las visitas que realiza en el terreno, asegura que si salvar personas a cambio de nada es política, entonces se le puede considerar un "político recalcitrante". Lo inadmisible, dice, es que mueran personas de parasitismo, un asma desatendido, una hipertensión que no se conoce, un embarazo sin asistencia médica.

Cuando le preguntamos por el tiempo de permanencia en los cerros, Bernal confiesa: "Nuestra aspiración no es estar en Venezuela para siempre, sino el tiempo que sea indispensable, hasta que médicos venezolanos suban a los cerros y ocupen estos puestos que ya no pueden quedar abandonados. El pueblo no lo perdonaría. Para eso, hoy estudian en Cuba más de 400 jóvenes en la Escuela Latinoamericana de Medicina y en septiembre se incorporarán otros 100 muchachos de los cerros. Ellos son el futuro de Barrio Adentro".

Con Bernal, un excelente conversador cubano, podríamos haber pasado toda la tarde, pero Cristina Lerdo, joven líder de la comunidad, viene por él y le cuenta que la epidemia de conjuntivitis sigue creciendo en el barrio. Afuera, además, lo espera Doris María, porque esta mañana corresponde su visita al hogar de Alejandro Barrios Romero, anciano que padece una enfermedad degenerativa neurológica, y solo ha sido atendido por el médico cubano.

Mientras lo acompañamos a casa del viejo Alejandro, no dejan de sorprendernos los saludos afectuosos, las frases de elogio y el cariño con que todos tratan al doctor Bernal. Y uno se imagina, orgulloso, que es Cuba la que va recibiendo el agradecimiento de esos cerros.


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