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“Con todo respeto vicealmirante tenemos que revisarlo”, le dijo uno de los funcionarios de la seguridad presidencial al jefe del Estado Mayor Conjunto de la Fuerza Armada Nacional, Álvaro Martín Fossa, en una de las oficinas de Miraflores, cuando se presentó al palacio de gobierno el 10 de octubre, pasado el mediodía.
La intención era cumplir con el obligatorio requisito de verificar si el visitante —no importa rango, cargo o jerarquía— porta armas, y en caso positivo proceder a mantenerla en custodia mientras está cerca del Presidente.
La sorpresa se reflejó en los custodios de Chávez cuando, en vez de un arma, al jefe naval se le encontró un micrograbador oculto en una de sus medias.
—¿Qué significa ésto?, y ¿esto para qué es?, le preguntaron extrañados.
El vicealmirante se mantuvo en silencio. Su actitud fue respetada, pero el grabador quedó en manos de la Casa Militar.
Las fuentes que revelaron la información presumen que la probable intención del militar era grabar la conversación que él esperaba sostener con el mandatario nacional.
Martín Fossa, ese día, no pudo entrar al despacho presidencial. Sólo llegó a la oficina del mayor Jesús Suárez Chourio, jefe de la escolta civil de Chávez. Cuando llegó al palacio dijo que el primer mandatario lo había llamado.
Pero Chávez , a esa hora, ya no quería hablar con él. Se negó a recibirlo.
Asimismo, contaron que la llegada del oficial de la Armada coincidió con la transmisión del video pregrabado de su pronunciamiento. Agregaron que cuando el militar se vio a sí mismo en la pantalla de televisión su rostro reflejó una ligera transformación.
La versión conocida revela que desde una semana antes, el Gobierno sabía de las intenciones del vicealmirante, y las de otros tres militares. Por eso Chávez lo llamó por teléfono, la noche del miércoles, desde Puerto Ordaz para comunicarle que deseaba conversar con él.
En otra llamada, la mañana del jueves 10, el jefe del Estado le habría reiterado a Martín Fossa su interés en entrevistarse con él. Incluso lo habría invitado a acompañarlo al acto del Día del Soldado, en La Planicie, a lo que el vicealmirante se excusó con el argumento de que era complicado desplazarse hasta el Museo Histórico Militar por el desarrollo de la marcha de oposición.
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