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Entrevista a José Vicente Rangel (II): “soy partidario de un nuevo modelo de bipartidismo”
Por: Panorama Digital
Fecha de publicación: 01/03/07
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José Vicente Rangel
Credito: Panorama
“El venezolano de la quinta república, políticamente, no es lo mismo que el venezolano de la cuarta. Ha habido un salto cuantitativo y cualitativo muy importante”.

“Esta transición no es solamente económica y política, sino fundamentalmente, cultural. A pesar de los errores, lo más importante es que se han tomado decisiones. Este era un país que estaba condenado a no tomar decisiones. Los gobernantes eran unos administradores pasivos de la realidad”.

“Yo satisfice la curiosidad de estar dentro del poder... a mí nadie me viene con cuentos, ni la oposición porque yo sé mucho de oposición, ni el Gobierno porque aprendí mucho allí. Desde afuera, el poder tiene cierto halo de misterio, pero cuando tú estás adentro te das cuenta de que no hay tal”.

“Nosotros no terminamos de darnos cuenta de cómo ha cambiado el ciudadano venezolano. Gente que jamás leyó la Constitución hoy la lee y argumenta con ella... Eso que significa el tránsito de un país de habitantes a un país de ciudadanos es el dato más extraordinario de este proceso”.

Para José Vicente, que es como la gente suele tutearlo gracias a esa sensación mediática de que el ex vicepresidente era ya familiarmente conocido antes de formar parte del poder, el mejor de todos los cargos que ocupó en los últimos ocho años fue, aunque a la mayoría le cueste creerlo, el de ministro de la Defensa; pese a que estando al frente de esa cartera se produjo el golpe de Estado del 2002.

No tiene vocación de masoquista, por el contrario, le caracteriza la destemplada actitud de un optimista incurable, pero está tan convencido de que el 11 de abril fue una experiencia maravillosa, como de que, a pesar de los errores de la quinta república, se ha producido un salto cualitativo de gigantescas dimensiones: Venezuela, dice con cierto dejo de asombro, pasó de ser un país de habitantes a un país de ciudadanos...

Tal certeza le da la tranquilidad de saber que en adelante, ni gobernantes ni opositores podrán hacer en esta nación lo que le venga en gana, porque el pueblo ya más nunca lo permitirá...

—¿Qué futuro le ve al Partido Socialista Unido?

—Depende del debate que se dé. Si es genuino, profundamente democrático, tiene buenas oportunidades porque en el seno del pueblo, del chavista y del no chavista, hay una vocación unitaria. Tú le preguntas a cualquier militante de la oposición o del chavismo acerca de este tema y te va a decir exactamente lo mismo.

Hay una voluntad unitaria en el venezolano, por eso a mí me pareció muy destemplada la crítica que le hizo la oposición, y particularmente Rosales, al llamado de Chávez a conformar el Partido Unido, porque no es un partido único de la nación, sino un partido único de los socialistas, de los que están con el proceso, pero resulta que ése también es un requerimiento en el campo de la oposición. Este es un emplazamiento válido para los sectores del chavismo y para los sectores de la oposición.

—¿Y cómo combatir el cogollismo?

—Hay una cultura de la división que es más poderosa que la cultura de la unión, y que se fundamenta en esas parcelas, en esos conucos políticos, en los que cada cual presume que tiene peso en la política porque tiene un partido o un partidito, un macropartido o un minipartido, o una caricatura de partido detrás porque eso le permite acceso a los medios de comunicación.

Esa anticultura de la unidad hay que derrotarla pues creo que el país ganaría mucho si definitivamente fuésemos hacia un gran partido revolucionario y un gran partido de la oposición.

No soy precisamente partidario del bipartidismo que enclaustra, que encasilla la discusión, pero sí de un nuevo modelo de bipartidismo, en el que los sectores adversos al proceso puedan debatir, democráticamente, con amplitud y que no sea una reproducción de los viejos cogollos, y que lo mismo ocurra en el sector chavista.

—¿No es el partido comunista el que mayor sacrificio estaría haciendo. Todos los demás han sido derivados políticos muy nuevos?

—Entiendo las reservas del Partido Comunista con respecto a este llamado. Posiblemente para algunos sectores aún no están dadas las condiciones.

—A lo mejor la reticencia se deba al temor de ser devorados por la dirigencia del MVR.

—No, porque el MVR se autodisolvió, que además creo que fue una decisión precipitada porque ha dejado huérfana a mucha gente.

La política tiene sus tiempos. Yo formo parte del equipo que designó el Presidente de la República para que empezáramos a trabajar, y en las conversaciones que hemos tenido se observa algo que puede parecer una falta y es que no hay claridad, pero que para mí es una ventaja porque no hemos llegado con una especie de catecismo para hacer lo que ya está establecido, allí se está explorando qué es lo que se puede hacer, de qué manera funcionaría hoy un partido unificado de acuerdo con la realidad y las características actuales del venezolano. Porque el venezolano de la quinta república, políticamente, no es lo mismo que el venezolano de la cuarta. Ha habido un salto cuantitativo y cualitativo muy importante y eso tiene que recogerlo cualquier esfuerzo unitario que se haga.

—¿La transición política entre las dos eras concluyó?

—Los países viven en eterno proceso de transición, afortunadamente, y esta transición no es solamente económica y política, sino fundamentalmente, cultural.

La vieja política de la cual está impregnado uno, quiera o no, y todo lo que se hace en política sigue impregnado de un pasado que fue muy largo y que caló muy profundo en el país, no se puede superar en ocho años.

Lo importante es tener sentido de la transición, es decir, que esa transición siempre vaya apuntando a hacer cambios, hacia la renovación política, económica, cultural, ética, moral. Ése es el punto.

—Pero a la población le puede parecer que la transición se traduce en ensayos, improvisaciones, experimentos que no terminan de cuajar.

—Hay errores, evidentemente que hay errores.

—Nos referimos a casos como los de los fundos zamoranos, a...

—Sí, las cooperativas, que muchas se han caído. Pero, independientemente de los errores cometidos, quizás lo más importante es que se han tomado decisiones. Este era un país que estaba condenado a no tomar decisiones. Los gobernantes eran unos administradores pasivos de la realidad, mientras menos gobernaban mejor les iba, hasta que llegó el momento en que no les fue bien, por eso se desplomó la cuarta república.

Entonces, todos estos ensayos, algunos frustrantes, otros decepcionantes, unos que no cuajaron definitivamente, son, sin embargo, un intento por transformar la visión que el gobernante y el Estado tienen del país. Esa visión de que aquí lo mejor era trabajar con la inercia, comenzó a ser reemplazada y donde mejor se ve el efecto es en el ciudadano.

Nosotros no terminamos de darnos cuenta de cómo ha cambiado el ciudadano venezolano. Es un caso increíble. Gente que jamás leyó la Constitución hoy la lee y argumenta con ella.

Eso, que significa el tránsito de un país de habitantes a un país de ciudadanos, es quizás es el dato más extraordinario y más valioso de este proceso, y es lo que servirá de fundamento para lo que viene, donde ni los gobernantes ni los líderes de la oposición podrán hacer lo que les venga en gana.

—Pero existe un temor en un sector de la clase media de que el pueblo no está preparado para asumir el poder.

—Allí también hay una carga cultural importante que está caracterizada por un gran desprecio hacia el pueblo, que para algunos sectores altos de la sociedad y de la clase media es turba, es horda...

—Es inculto, no tiene herramientas para gerenciar el poder...

—Si, hay además un elemento racista, discriminatorio, que se corresponde con lo que este país fue siempre, un país de excluidos, y eso ya no es así, y empieza a ser percibido por ciertos sectores que antes participaban de esa ideología de manera diferente.

Me he encontrado últimamente con gente que era muy opuesta, no al proceso, pero sí a la participación del pueblo, que ahora empiezan a justificarla, a percibir bondades y que ven ya con otros ojos la aparición de un nuevo ciudadano a ese nivel. Esto confirma que el país está avanzando más allá de los errores y del negativismo que estos puedan generar.

—¿Cuándo estaba en el Gobierno extrañaba el periodismo, ahora que regresa al periodismo que extraña del Gobierno?

—Nada, porque yo no asumí el Gobierno como algo vivencial. Pasé por tres cargos muy importantes: La cancillería, la Defensa y la Vicepresidencia, y conocí el poder por dentro. Yo tenía curiosidad, yo conocía, como periodista, el poder por fuera y eso tiene cierto halo de misterio, pero cuando tú estás adentro te das cuenta de que no hay tal misterio y de que el poder es algo inasible. Al fin de cuentas, si estás en un cargo público de importancia, salvo la Presidencia de la República, lo que tienes en tus manos es un cucurucho de maní, porque el poder es algo compartido.

Yo satisfice la curiosidad de estar dentro del poder, y por eso hoy estoy mejor dotado para el análisis político, porque a mí nadie me viene con cuentos, ni la oposición porque yo sé mucho de oposición, ni el Gobierno porque aprendí mucho del Gobierno.

Hoy soy más dialogante, estoy convencido de que los venezolanos tenemos que entendernos, y el marco para el entendimiento es la Constitución, y si me permites una frase que a algunos no les gusta: Todo dentro de la Constitución, nada fuera de la Constitución. No digo todo dentro de la revolución, nada fuera de la revolución.

Si esta Constitución cambia a propósito de las reformas pues hay que adaptarse a ella, porque lo único que tenemos que rechazar totalmente es la aventura, el terrorismo, el golpe de Estado pues aquí hay condiciones para que el país siga avanzando.

—¿Y en cuál de los tres cargos que ocupó se sintió más cómodo?

—En el Ministerio de la Defensa, con el golpe de Estado incluido. Ésa fue una vivencia extraordinaria, maravillosa. Tengo una serie de notas sobre esas horas. No sé si las convierta en un libro, las guardo en una caja fuerte.

—¿Vuelve Cicerón?

—No, ahora será Cicerona. Es un personaje femenino.

—¿Y cómo va a hacer ella con las denuncias de corrupción de la V República?

—Todo va a salir. Hablé con el Presidente para invitarlo al primer programa y le dije: ‘mira te voy a preguntar de todo’, y me respondió, ‘pregunta todo lo que tú quieras’.

—¿Y Chávez está al tanto de los hechos de corrupción? Porque todavía mucha gente que piensa que el Presidente está secuestrado por su círculo íntimo, que no se entera de las cosas.

—Hay algo de eso. La corrupción es un subsistema que tiene vida propia. Chávez procesa bastante información y fíjate que las denuncias en las que más se han perseverado provienen del mismo Presidente.

La oposición ha sido muy errática porque se va simplemente por el chisme y no apuntala sus denuncias. Quien llegue a este tema con simple retórica fracasa.

—Pensando que prospere la reforma constitucional y que Chávez pueda reelegirse ¿no teme a un desgaste de la figura?

—Puede ser. Ahora, el Presidente es una persona muy especial porque él nunca ha perdido la relación con el pueblo, que es su fuente de poder. Él tiene unos resortes que le responden oportunamente, un olfato muy grande. Rooselvet fue reelecto cuatro veces ¿Por qué? Porque si todo se hace conforme a una normativa Constitucional y legal, y consultando al pueblo, no hay problema. El pueblo es quien va a decidir.

—¿Qué le parece el cambio de formato del Aló, Presidente?

—No me gusta. Me gusta el formato del jueves. Creo que ese programa debe durar hora y media, máximo dos horas. Nunca fui partidario de la extensión del Aló, Presidente los domingos.

El Presidente tiene que cuidar su imagen, los medios de comunicación son una silla eléctrica, incineran a la gente. Con los jueves es más que suficiente.

Además no se pueden producir noticias con tanta frecuencia y el Presidente no puede exponerse a no ser noticioso, a no tener algo que sirva de gancho a la opinión pública.

—Pero ahora compite con las novelas.

—Creo que debería adelantarlo un poco para no competir con las novelas. Debería empezar a las siete y terminar máximo a las nueve.

—A qué cree que se debió ese cambio ¿Será que se enteró de que el domingo volvía José Vicente hoy?

—No, fue al revés, fui yo quien aprovechó que él se retiró.

—¿Qué consejo le da a su sucesor?

—Qué dialogue.

—Hay quienes creen que el diálogo no es el fuerte de Jorge Rodríguez.

—Es una imagen equivocada. Jorge es un dialogante nato porque se hizo en la escuela del debate. A él le tocó madurar como hombre mucho antes de lo habitual. Recuerdo aun cuando pronunció un discurso frente a la urna de su padre, en el Aula Magna, tenía ocho o diez años, y luego fue presidente de la Federación de Centros de Estudiantes, dirigente gremial. Es un hombre formado en el debate democrático y tiene muchas condiciones para eso. También le recomiendo que se acople al trabajo de Chávez.

—Que le aguante el trote...

—¡Eso es candanga!


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