El diario El Nacional finalmente publicó una respuesta a los cientos de correos que muchos ciudadanos molestos enviaron por el editorial del lunes pasado, en el cual se denominaba "lumpen" a los marchistas que acompañaron al presidente Chávez el domingo pasado, de quienes se insinuó marcharon por un "bollo de pan y un trago de ron".
Por increíble que suene, la causa de todo este problema estuvo -según el propio Miguel Henrique Otero- fuera de su control. Escribe:
El desagravio
“Lo primero que tengo que decir, aunque parezca extraño, es que no comparto en absoluto los términos utilizados en ese editorial. Porque hay que aclarar que los editoriales son el resultado del trabajo de un equipo de editorialistas, quienes en esta oportunidad incurrieron en exageraciones y agravios injustificados de los cuales no tuve conocimiento sino una vez publicados. Quiero afirmar categóricamente que ese editorial no expresa la línea de El Nacional ni la posición de su editor, quien está en total desacuerdo con discursos racistas o xenófobos. Lamentablemente estamos viviendo un momento en el cual se ha instalado en el país el discurso de la violencia y de la exclusión, cuestión que El Nacional precisamente ha tratado de combatir porque no hay país que pueda progresar en estas circunstancias. Estoy seguro de que a la marcha del domingo asistieron profesionales, empresarios, estudiantes, venezolanos todos, que defienden lo que creen es lo mejor para su país, así como lo defendemos quienes no compartimos sus ideas. Y es precisamente en el campo de las ideas y las propuestas donde debe mantenerse la confrontación. No en el terreno de los insultos y agresiones. No hay que descartar que a esa marcha, probablemente, también vino gente a la que le ofrecieron algún pago, como seguramente ha ocurrido en las marchas y concentraciones de todas las tendencias políticas. Pero no se puede generalizar ni entrar en descalificaciones sobre una mayoría que, estoy convencido, forma parte de un pueblo noble y esperanzado. Por todo lo anterior, reconozco en nombre de El Nacional que se cometió un error y ofrezco públicamente mis disculpas a todos quienes se sintieron agraviados por ese infortunado editorial”.
En efecto nos contenta el hecho de que el diario quiera rectificar su posición, pero nos preocupa la causa real de la publicación de esta rectificación. Como reconoció la misma Defensora del Lector, Alba Sánchez:
" Como bien saben los lectores, no es función de la Defensora pronunciarse sobre los artículos que se publican en las páginas de Opinión. Mucho menos sobre los editoriales (que a fin de cuentas son la opinión del periódico y los cuales, valga la aclaratoria para quienes todavía están confundidos, no los escribe la Defensora del lector). Sin embargo, en este caso, por la cantidad de las protestas (la mayoría, de mucha altura; las menos, franca e innecesariamente groseras) nos pareció pertinente ceder el espacio de esta columna para recoger una muestra de la queja de los lectores (la de los primeros que escribieron) y exigir una respuesta del presidente-editor de El Nacional, Miguel Henrique Otero, a sus planteamientos."
En efecto, y a pesar de que Miguel Henrique reconoció que "ese editorial no expresa la línea de El Nacional ni la posición de su editor, quien está en total desacuerdo con discursos racistas o xenófobos", el diario esperó cuatro días para publicar la rectificación, la cual no fue producto de la autocrítica que debe hacerse todo medio de comunicación social permanentemente. De hecho, si no hubiera sido por la presión de cientos de lectores y de colegas periodistas, quienes continúan discutiendo el asunto en programas radiales y hasta en aulas de clases, tal vez esta rectificación nunca se hubiera publicado.
También lamento que pareciera que la Defensora del Lector sufre de ciertas ambigüedades a la hora de definir su rol en el diario. Por supuesto que su labor no debe ser en principio la de criticar las opiniones de otros columnistas del medio, pero cuando estas opiniones afectan directamente a una gruesa cantidad de los lectores que ella manifiesta defender, ella debe intervenir; más aún si son comentarios xenófobos y discriminadores provenientes de los editores, quienes expresan la línea que deben mantener todos los empleados del periódico, incluyendo la suya.
En otras palabras Licenciada Sánchez, su intervención en este caso en particular no puede sonar a limosna. Nada de decir que "no es mi función, pero lo voy a hacer porque me fastidiaron mucho", ¡no no no! Es su deber y es su trabajo mientras continúe ostentando el título de "defensora del lector".
La licenciada Alba continúa escribiendo que "lamentamos con esto decepcionar a quienes aseguran en sus cartas que le sacaríamos el cuerpo a este asunto", dándole continuidad a las retóricas que caracterizan la vida cotidiana del venezolano hoy. Nada que ver con la búsqueda de la paz y el diálogo. En efecto, en mi carta escrita a El Nacional prometí tragarme mis palabras si ella hacía rectificar a sus editores, y todavía no busco la guasacaca pues no he leído la rectificación (la cual, por cierto, debió ocupar el mismo espacio en el cual se produjo la acusación: el editorial). Las palabras de Miguel Henrique Otero se limitan a evadir responsabilidades, pero los verdaderos escritores del editorial (quienes quiera que sean) no se han disculpado. Sus identidades siguen siendo desconocidas aunque más de uno sospecha que la pluma del duaño del diario estuvo involucrada en el artículo.
De todas formas, reconocemos que la labor de la Licenciada Sánchez no debe ser nada fácil. En efecto, muchas personas le escribieron de una forma ofuscada, pues estaban molestos al leer tal editorial. Y ella tuvo que pagar los platos rotos, recibiendo insultos de un lado y lidiando con el personal de su diario en el otro. Pero aún así Licenciada, ese es su trabajo como defensora de los lectores y, por lo tanto, como persona que da la cara ante ellos en nombre de El Nacional. Usted no puede esperar que alguien cuyos padres e hijos fueron llamados borrachos, muertos de hambre y "lumpen" vaya a escribirle con flores... después de todo, quien estudió Comunicación Social fue usted, no nosotros.
Sin embargo, muchas gracias por sus gestiones y por su labor. Nunca sabremos con exactitud cuan diligente fue usted con respecto a este caso, ni qué problemas ocurrieron exactamente dentro del diario a raíz de la publicación del controversial editorial.
Confiamos en que, cualquiera haya sido su papel, habrá un Dios allá arriba que sabrá retribuirle apropiadamente.
Texto completo de la rectificación:
Una disculpa del editor
Alba Sánchez
A propósito del editorial “La respuesta del Gobierno”, publicado por este diario el pasado lunes 14 de octubre, y el cual se refiere a la marcha realizada por los partidarios del Presidente de la República el domingo 13, recibimos más de un centenar de comunicaciones de lectores molestos por algunos de los términos utilizados en el texto, especialmente por el párrafo que afirma que “la respuesta que el Presidente y su entorno le han dado a las preocupaciones de la sociedad venezolana sobre la grave crisis que vivimos (en lo económico, político, militar e institucional) consistió en volver a traer del interior del país al mismo lumpen de siempre, convertidos en sempiternos pasajeros de autobuses, con un bollo de pan y una carterita de ron, para que vengan a dar vivas al gran embaucador de la comarca...” Como bien saben los lectores, no es función de la Defensora pronunciarse sobre los artículos que se publican en las páginas de Opinión. Mucho menos sobre los editoriales (que a fin de cuentas son la opinión del periódico y los cuales, valga la aclaratoria para quienes todavía están confundidos, no los escribe la Defensora del lector). Sin embargo, en este caso, por la cantidad de las protestas (la mayoría, de mucha altura; las menos, franca e innecesariamente groseras) nos pareció pertinente ceder el espacio de esta columna para recoger una muestra de la queja de los lectores (la de los primeros que escribieron) y exigir una respuesta del presidente-editor de El Nacional, Miguel Henrique Otero, a sus planteamientos. Lamentamos con esto decepcionar a quienes aseguran en sus cartas que le sacaríamos el cuerpo a este asunto.
Las misivas
“Se nos llama “lumpen y comprados por un bollo de pan y una botella de ron. No creo que esa descripción sea la más feliz para la gente que de cualquier procedencia social asistió a la marcha del domingo (por cierto también fui a la del jueves). No soy lumpen, ni me dejo comprar por nada, soy profesional formado y con mis ideas bien claras y creo que este insulto que se hace a todos los que asistimos a esa marcha es antiético e inaceptable. Ojalá hablen con el editor y le digan: más lumpen será usted. Tengo 25 anos leyendo El Nacional y de verdad creo tener el derecho de expresarme pues ustedes viven de nosotros, los lectores. Este editorial es racista, injusto y asqueroso”.
Alfredo Muñoz
“Cuando un editor de un diario nacional muestra este desprecio tan patente por sus adversarios ideológicos y por el pueblo en general, flaco favor puede hacer su línea editorial a la construcción de un ambiente de tolerancia y respeto nacional. El desprecio a los humildes cobra tintes xenófobos dentro de los sectores pudientes y ello me convence de lo poco cultos que son nuestros monopolizadores del intelecto. Hay que construir otra elite social, porque la actual esta podrida en su clasismo y en su desprecio por todo lo que huele a terredad”.
Jorge E. Rodríguez R.
“Con relación al editorial que publicó el diario El Nacional en su edición del lunes 14/10/2002, sepa que me encuentro profundamente consternado. Jamás había observado tanto odio en sus páginas, al igual que nunca había sentido tanta humillación. Hoy siento que me agredieron de forma perversa, y no solo a mí, sino también a mi familia y al pueblo venezolano que se lanzó a las calles para expresar su apoyo irrestricto e incondicional al Presidente de la República Bolivariana de Venezuela, Hugo Chávez Frías. En mi condición de profesional de la Psicología debo señalarle que me preocupa la salud mental de todos los compatriotas. A mi entender su periódico juega al caos en perjuicio de la tranquilidad y la paz, y el equilibrio mental de los venezolanos depende mucho de ellas. En otras palabras, le estoy indicando que su medio de comunicación social, al menos en el día de ayer, ha atentado contra la salud pública de este país. ¿Sobre qué bases, ustedes alegremente pregonan que los que seguimos al líder máximo de la revolución fuimos pagados por marchar el domingo y cada una de las veces que nos ha tocado expresarnos de forma democrática? La única paga que mi familia y yo hemos recibido ha sido la de observar una patria mejor y libre de los vagabundos que despilfarraron el erario público durante cuarenta años en complicidad con una clase empresarial parasitaria que no tuvo ni tan siquiera la dignidad de oponerse al circo. (...) Por otra parte, lumpen es una frase eminentemente clasista y el clasismo es una forma de discriminación. (...) Han sido ustedes los que con su ejemplo sectario y segregacionista han dividido al país, sembrando un odio desmedido en los acólitos de sus propuestas, abonado por el miedo a lo desconocido.(...) Su miedo entonces se debe a su inseguridad, ya que no existe posibilidad alguna de que en este país hermoso de libertad y orgullo, se les vulneren sus derechos, como ustedes vulneraron los míos. Para finalizar les exijo a ustedes como seres humanos (cuya condición nunca podrán perder), como miembros de familia con padres e hijos, como empresarios y trabajadores que son, como venezolanos, etc., que de inmediato tengan la capacidad de recapacitar y desagraviarnos de una forma tan directa y enfática como nos enlodaron, humillaron, mancillaron y agredieron”.
Iván Rendón
“Con profundo pesar le escribo estas líneas para protestar enérgicamente los calificativos utilizados al referirse a los asistentes a la marcha del 13 de abril. Yo soy un joven T.S.U. en Informática que marché por la democracia en compañía de mi hermana y su esposo (ambos profesores universitarios), marché con mi novia (Lic. en Estudios Políticos), marché con mi madre (Lic. en Contaduría) y marche con un pueblo donde muchos, pero muchos son profesionales. Sin embargo, todas esas personas con o sin título universitario son seres humanos, ¡venezolanos!, y no es posible que, por respaldar un proceso político o a un dirigente, sean calificados como ‘...lumpen de siempre, convertidos en sempiternos pasajeros de autobuses, con un bollo de pan y una carterita de ron...’. En la marcha del 10 de octubre yo puedo dar fe de muchos participantes que se encontraban en alto grado de intoxicación alcohólica. Si observa cuidadosamente las imágenes transmitidas ese día por Globovisión, podrá constatar la existencia de varios manifestantes con la tradicional “polarcita” de 250 ml. A pesar de ello, nunca leí una sola crítica de tan ‘gloriosa marcha democrática’, como ustedes la calificaron”.
Ernesto Bigott
“¿Qué se le puede sugerir a un periódico que se ha leído durante decenas de años? ¿Que sea imparcial? ¿Consistente? ¿Ecléctica? Más que todo que se convierta en una referencia informativa auténtica, ética, crítica, responsable y respetuosa. No es mucho pedir a una medio impreso con los antecedentes de Arraíz, Otero Silva, Otero Vizcarrondo, Velásquez, Uslar Pietri y tantos otros. Posiblemente coincidimos en que el centro del periódico, su corazón, es el editorial. Marca pauta, enrumba, orienta y va directo a donde tiene que ir. Acota y enmarca toda la información y opinión que contengan los cuerpos y páginas, aún con la diversidad y el pluralismo que es deseable. Ahora bien, ¿que tan consistentes son los editoriales de El Nacional? ¿Qué tanto orientan? ¿Cuánto peso específico tienen? ¿Qué tanta referencia ética son a la cotidianidad brutal a que estamos expuestos día a día?. (...) Después de leer y releer el editorial del 14 de octubre y de rememorar otros de fechas recientes –sobre todo de este año- la conclusión es que no es así como El Nacional se engrandece. Tome nota que si algo llevó al ambiente de callejón de barrio las diferencias políticas –que en casos ya son personales- fue el lenguaje escatológico, primero del sector oficial y luego de la oposición y sus actores políticos, fundamentalmente. Aquellos lodos trajeron estos pantanos y se nos reveló una sociedad intolerante y de muchos rencores. ¿Pero por qué algunos editoriales de El Nacional bajan al mismo nivel adjetivado de interpretar la realidad de manera descalificadora? (...) Así el Presidente de la República haya ofendido la memoria de Miguel Otero Silva, el deber ético y de respeto de El Nacional y sus editores hacia sus lectores era y es mantener un lenguaje de altura en sus editoriales. Llamar “loco” al Presidente y “lumpen con un pan y una carterita” a sus seguidores, es una inconsistencia solo explicable a la luz de las grandes contradicciones que como sociedad aún tenemos que resolver (...) Así como cuando todos los lectores de ese gran medio lo hacemos cuando desde sus páginas lanzan un buen misil , da en el blanco y no se utilizó ni una sola palabra fuera de tono o lugar: en el argumento está la fortaleza. ¿No cree?”.
Freddy O. Cegarra-Cegarra
El desagravio
“Lo primero que tengo que decir, aunque parezca extraño, es que no comparto en absoluto los términos utilizados en ese editorial. Porque hay que aclarar que los editoriales son el resultado del trabajo de un equipo de editorialistas, quienes en esta oportunidad incurrieron en exageraciones y agravios injustificados de los cuales no tuve conocimiento sino una vez publicados. Quiero afirmar categóricamente que ese editorial no expresa la línea de El Nacional ni la posición de su editor, quien está en total desacuerdo con discursos racistas o xenófobos. Lamentablemente estamos viviendo un momento en el cual se ha instalado en el país el discurso de la violencia y de la exclusión, cuestión que El Nacional precisamente ha tratado de combatir porque no hay país que pueda progresar en estas circunstancias. Estoy seguro de que a la marcha del domingo asistieron profesionales, empresarios, estudiantes, venezolanos todos, que defienden lo que creen es lo mejor para su país, así como lo defendemos quienes no compartimos sus ideas. Y es precisamente en el campo de las ideas y las propuestas donde debe mantenerse la confrontación. No en el terreno de los insultos y agresiones. No hay que descartar que a esa marcha, probablemente, también vino gente a la que le ofrecieron algún pago, como seguramente ha ocurrido en las marchas y concentraciones de todas las tendencias políticas. Pero no se puede generalizar ni entrar en descalificaciones sobre una mayoría que, estoy convencido, forma parte de un pueblo noble y esperanzado. Por todo lo anterior, reconozco en nombre de El Nacional que se cometió un error y ofrezco públicamente mis disculpas a todos quienes se sintieron agraviados por ese infortunado editorial”.
Miguel Henrique Otero
Presidente-editor de El Nacional
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