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“Hoy tenemos que luchar para hacer el bien y no utilizar el poder para hacer el mal”.
La necesidad de acabar con un gobierno atacado por la corrupción y sin autoridad fue lo que motivó a un grupo de militares a rebelarse contra la gestión del entonces presidente de la República, Carlos Andrés Pérez, el 4 de febrero de 1992.
Para el capitán retirado del Ejército, Ronald Blanco La Cruz, hoy gobernador del estado Táchira, esa fecha fue una unión de fuerzas que logró levantar la voz para decirle al país: “Sí podíamos seguir otro camino”.
En una conversación que sostuvo vía telefónica con PANORAMA, Blanco La Cruz relató las razones que lo llevaron a participar en el “Golpe del 4F” y los dos años que vivió preso en una de las celdas de la cárcel de Yare en Miranda, junto con el comandante Hugo Chávez.
Al escuchar la pregunta sobre: ¿Cómo vivió el 4F? se pudo sentir una breve pausa como si estuviera tratando devolver el tiempo y así centrarse en el tema.
“Nos rebelamos porque la Fuerza Armada Nacional (FAN) no podía acompañar toda esa inmoralidad, esa fecha se convirtió en la forma de manifestarle al gobierno que se encontraba en decadencia y que había creado una gran desmotivación en la población tras la gran mortandad del 27 y 28 de febrero del 89, que todavía no tiene responsables, generando además un descontento dentro del seno de la FAN porque fue a la que se le ordenó reprimir a la población.
Me tocó ir a Miraflores. Nosotros llegamos hasta el lugar donde ellos se encontraban para dirigirnos hasta allá, mientras que a la gente de Florencio Porras le tocaba ir al aeropuerto La Carlota y a otros sitios.
La violencia que se desató allí no la quiero recordar, no llena de alegría a nadie porque son vidas humanas y situaciones bien complejas.
En ese movimiento también participaron Diosdado Cabello, actual gobernador de Miranda, y Edgar Hernández Berenhs, ex presidente del Bandes, quien estaba en San Juan de Los Morros, estado Guárico, pero que igual se desplazó hasta Caracas para apoyarnos.
Lo que más recuerdo del 4F es la valentía de esos hombres y mujeres que también participaron y ayudaron sin importarles su vida, algunos murieron por dar un paso al frente por este país.
Nuestro objetivo era controlar el poder y arrestar al presidente Pérez.
La cosa no fue tan fácil porque ya estando presos en Yare, muchos perdieron a sus esposas porque no soportaron la presión, en cambio otras con fuerza y perserverancia, como en mi caso, permitió que después de 15 años todavía sigamos juntos.
Le doy las gracias a ellas y a mis hijos porque sigamos en familia.
Cumplí 33 años en la cárcel. Sabía que era un sacrificio lo que estaba haciendo, sentía que algo se tenía que hacer y que alguien debía mover la fibra del país para cambiarle la dirección eso son los más altos deseos que tiene uno por su patria. En ese instante asumí que dentro de las leyes del Ejército existe el Código de Justicia Militar y la acción que había cometido estaba señalada como un delito de rebelión militar.
Pienso que la evaluación no podrá hacerse ahora sino con el tiempo y nos daremos cuenta si valió la pena”.
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