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Tormenta sobre el New York Times: Los coletazos de la Guerra del Irak y La Guerra Fría en gloria y majestad
Por: Juan Francisco Coloane - Especial de Paralelo 21, Radio Universidad de Guadalajara, México
Fecha de publicación: 07/06/03
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La renuncia de los dos más altos ejecutivos del NYTIMES es una noticia que causa consternación, pero no es sorpresiva. Este episodio del NYTIMES ocurre cuando el asunto Irak adquiere ribetes de “fraude”, y las medidas observadas claramente están orientadas para limitar la libertad de expresión.

Es otro coletazo del efecto Irak en el mundo. Ahora le toca al que es quizás el mejor periódico en el globo, el más confiable, el más equilibrado, el más noticioso, el más analítico. En suma, el más completo. Ahora recibe un golpe como muy pocos de su prestigio podría absorber.

Renunciaron sus dos ejecutivos mayores, Howard Raines, asumido en septiembre del 2001, y Gerald Boyd , Director y Director Adjunto respectivamente. La causa principal:el supuesto fraude cometido ya hace más de un año por el periodista Jayson Blair, en cuanto a usar fuentes sin nombre y contrataciones hechas fuera de las normas. El caso estaba sellado con la renuncia de J. Blair y con una investigación en curso pero no fue suficiente.

El tema estaba ligado a un ámbito mucho más macro, que era el de la postura del Times en los últimos acontecimientos que han rodeado a la administración Bus, como el caso de los fraudes de Enron en el 2002, y el fiasco de las armas químicas y la pobre perfomance en la reconstrucción del Irak.

En estos tópicos el NY Times quizás ha sido el periódico de cobertura global que más ha indagado en las faltas a la probidad de la administración Bush. En lo de ENRON fue patente. El Times fue el medio más denunciante. Más recientemente en el caso del Irak y el casi-fraude con el tema de las armas químicas, el NY Times y su incisiva cobertura para obligar a la administración republicana a demostrar que Sadam poseía el arsenal que justificaba la guerra, fue implacable.

En medio de la guerra en el Irak, vale contar una anécdota de un reportero de un país con limitada libertad de prensa, que fue amonestado por su editor por informar que “si no se descubrían armas químicas, la invasión perdería legitimidad”. El reportero respondió: “ Pero si lo dice hasta el NY Times.” El editor le replica “Ese es el punto”. El editor ya había recibido, presiones.

“Es el efecto boomerang por la cobertura sobre la guerra, el tema palestino-israelí y la posición generalmente anti-Bush asumida por la editorial y alguno de sus columnistas en los últimos 12 meses. Lo de J. Blair es un pretexto. Las garras de los halcones y el lobby israelí alrededor de Bush, no pudieron ser absorbidas por Arthur Sulzberger el dueño” nos dice un analista en Nueva York.

Las presiones para homogeneizar el análisis y la legitimación de la invasión ya se habían sentido en la BBC, El País y Le Monde durante el período de la guerra. El asunto de las credenciales para entrar al Irak, antes, durante y después de la guerra, continúa siendo un tema mayor, y que se excluye en el análisis de los medios. Existe una lista de reporteros que si pueden entrar. Los que no están en esa lista no entran simplemente.

Más allá de las probables faltas éticas en el reportero J. Blair, -por ejemplo la práctica de usar fuentes no identificadas, una forma establecida de trabajar para proteger la fuente y la libertad de información en temas delicados donde precisamente se está coartando la libertad de expresión,- el hecho es que su caso se había sellado con su renuncia, y además de había establecido una comisión por los directores renunciados. La renuncia obligada de Raines y Boyd, hace recordar los procedimientos usados por la Stasi y la KGB en la RDA y la URSS.

“La verdad es que Arthur Sulzberger ya no podía soportar la presión, aunque lo desmienta y asegure que no habrán cambios editoriales y aunque este tema ni se mencione como central” , nos dice nuestra fuente que por ningún motivo va a caer en la trampa extendida por el sistema de control a la prensa. “ Se ha establecido una verdadera campaña del terror, según nuestra fuente. “ Es un estalinismo a la norteamericana”.

El motivo es otro

Como diría el legendario periodista singalés Tarzie Vittachi, columnista del Newswekk en la década de los 80 “it is always about something else” o sea: el motivo siempre es otro.

“Periodistas como Maureen Dowd, Paul Krugman, Nicholas Kristof , habían adquirido status de contestatarios al régimen de Bush, y ya trataban a su administración, como quién critica a los regímenes totalitarios o a las repúblicas bananeras . No aparecen en CNN, pero los leen personas que difunden opinión, que no están alineados con la doctrina de seguridad de Bush, que no es compartida por una gran mayoría de norteamericanos”, nos comenta un periodista de un medio de los EEUU que aún no le entregan su credencial, para el Irak.

Con el Irak y su ocupación convertida casi en un fraude de proporciones globales, por la ausencia de pruebas, se hace más evidente con el cambio de mando en el NY Times hacia donde van dirigidos los dardos. El Times había sido el único medo que mantenía una marcada consistencia de opinión editorial, que escapaba a al circuito de los monopolios de medios como American on Line (AOL) con dominio en los EEUU e influencia en redes de información latinoamericana como la de Cisneros, el de Rupert Murdoch, con dominio en el mundo anglosajón global incluyendo los EEUU.

Todos los medios que están bajo la égida de estas cadenas, han sido beneficiados por la nueva normativa, creada en los EEUU hace poco que genera una centralización de la propiedad de los medios y por lo tanto de las líneas editoriales.

La normativa perjudica abiertamente, la subsistencia de medios más pequeños, independientes o regionales que están fuera el circuito de los grandes mercados de la publicidad. Se cierra un circulo en donde sobrevivirán los más fuertes. “Un Darwinismo aplicado a los medios, donde la publicidad manda, que es patrocinada por los mismos consorcios de los medios, Una economía autoabastecida para entregar un punto de vista”, nos dice un analista de medios.

“Es el comienzo de una redada en los medios para que estén en una sola sintonía con la Casa Blanca . Newsweek el otro medio que permanece fuera del circuito del AOL y de las presiones, también verá pronto sus dominios editoriales afectados por la oposición a los métodos de la administración Bush. Esto coincide con una marcada pérdida de popularidad de Bush en las encuestas, y el efecto en EEUU de las acusaciones a que está siendo sometido Blair”, nos dice nuestra fuente.

El método utilizado en la investigación ha sido el acoso típico de la época del macartismo. Porque el pedir nombres de fuentes en casos de alta sensibilidad, restringe la posibilidad de Información, aún cuando se vive un clima de virtual terror, por la nueva doctrina de seguridad nacional que se está aplicando al pie de la letra.

Hay más de 2000 reporteros, según reporta una fuente en el golfo, esperando credenciales para entrar al Irak. Muchas de ellas han sido rechazadas desde antes de la invasión. Es poco probable que las rechazadas sean concedidas. La entrada al Irak hoy es aun más difícil que en los tiempos de Sadam Hussain.

Cerca de 500 credenciales de reporteros de todo el mundo, han sido rechazadas por el comando central que administra el Irak, porque los medios que representan, no cuentan con las condiciones de respaldo correspondiente a lo delicado de sus funciones. Nos dice una fuente, que no se anima a ser nombrada. O sea, si la fuente no está en la lista de nombres acreditados por los comandos centrales, la información que emerge del Irak no tiene credibilidad. Si un reportero no entrega el nombre de la fuente de su información, puede ser sometido a una acusación de fraude.

Los reporteros apostados por el NYTIMES , estaban entregando una cruda y objetiva visión del caos administrativo y político que vive el Irak. Por un orgullo legendario el NYTIMES desmentirá que han sido presionados por los halcones. La nueva normativa de prensa en los EEUU que beneficia la concentración del poder en los grandes consorcios de medios, es en la práctica un estalinismo a la capitalista. Para aquellos que con ímpetu señalan a menudo que la Guerra Fría había quedado bien atrás, una vuelta de tuerca en el análisis sería más que conveniente.



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