La Habana, 26 dic (PL) La llegada del 2006, que significa el arribo al 47
aniversario del triunfo guerrilero, representa, paralelamente, una demostración
más de la impotencia de Estados Unidos por derrotar a la Revolución cubana.
El hecho histórico, imposible de comprender durante décadas por sesudos
politólogos y analistas y muy especialmente para Washington, es hoy una realidad
palpable que marca para siempre el pasado y el futuro de América Latina y el
Caribe.
Lo ocurrido tiene que ver con la intransigente vocación de libertad del
cubano, demostrada en sus guerras independentistas del colonialismo español o en
su rechazo de la libertad tutelada impuesta por la potencia vecina en 1902.
Sin embargo, el impacto en la mente y el accionar del pueblo de la epopeya
que constituye la lucha revolucionaria, encabezada por el actual presidente
Fidel Castro contra los gigantescos obstáculos colocados en el camino por
Estados Unidos, es decisivo.
Revisar los principales episodios del proceso debe remontarse a la vieja
República, prohijada por los gobiernos y poderosos intereses económicos
norteamericanos y sostenida incluso militarmente con el abastecimiento a los
ejércitos locales que la imponían.
Ya derribada la dictadura en 1959 mediante una campaña llevada adelante por
unas fuerzas armadas populares que asombraron al mundo con su victoria, se
inició la etapa más difícil de una Revolución siempre decidida a ser
profunda.
Es ahí donde comenzó la multiplicación de los fracasos
estadounidenses por recuperar el poderío perdido y evitar la proliferación en
el Continente del "mal ejemplo" de demostrar que es posible vencer al hasta
entonces invencible imperio.
Para los cubanos, llegar a los 47 años de Revolución es recordar, por
ejemplo, cómo hicieron morder el polvo de la derrota en menos de 72 horas a los
invasores de Playa Girón, armados, entrenados y apoyados con barcos y aviones
por la administración norteamericana.
Pero también es rememorar, con orgullo patrio, las jornadas increíbles de la
Crisis de Octubre, cuando el mundo fue colocado al borde de la destrucción total
por Estados Unidos y la pequeña Cuba no cedió un ápice en sus principios.
La desaparición del campo socialista de Europa del Este, en la cual cifraron
sus esperanzas los adversarios de Cuba abrió otra singular jornada de
resistencia por parte de toda la población de la naciòn caribeña.
Capítulo especial merecen las campañas internacionalistas durante las que
decenas de miles de combatientes cruzaron océanos para acudir en apoyo a
gobiernos populares amenazados por el racismo y los largos brazos de
Washington.
Son jornadas que ahora se desarrollan para llevar la salud y la educación a
las poblaciones más desamparadas de distintos confines del planeta o para
devolver la visión a muchos miles de personas a las cuales un sistema injusto en
sus países hizo que la perdieran.
Por la visible desesperación en las esferas guerreristas del gobierno de
George Bush y en los círculos anticubanos de Miami, se habla, en este momento,
de nuevas campañas para liquidar a la Revolución cubana.
Más allá de la disposición de enfrentar cualquier agresión foránea, un
balance de los acontecimientos vividos en los 47 años que ahora se celebran
apunta a la derrota irreversible de Estados Unidos en su ilusión de frustrar el
futuro de la Isla rebelde.