Washington, 23 dic.- Según el The New York Times, la mayoría de los estadounidenses temería a los
superpoderes que el vicepresidente Dick Cheney ha conseguido para el actual
gobierno, que resulta demasiado poderoso, hermético y desdeñoso, señala hoy el matutino.
Al parecer, Cheney se tomó en serio la declaración del mandatario George W.
Bush de que sería más fácil gobernar en una dictadura, que ha repetido varias
veces, asegura el rotativo en un editorial.
Sobre el tema, considera que, aparentemente, el presidente nunca le dijo a su
segundo que se trataba de un chiste.
A partir de su unión a la carrera electoral de Bush en 2000, Cheney lideró un
extraordinario incremento de poderes para la presidencia.
En ese plan se cuentan la redacción de una política energética a puertas
cerradas con ejecutivos petroleros para derogar tratados y usar los atentados
del 11 de septiembre de 2001 como pretexto para atacar Iraq, desechar las
Convenciones de Ginebra y espiar a los estadounidenses, entre otras medidas.
Sin embargo, para el vicepresidente todavía ellos no son lo suficientemente
poderosos, sino más bien demasiado vulnerables a las inspecciones y a las
exigencias para reconocer sus responsabilidades.
Antes de los referidos atentados, Cheney intentó socavar la estructura
institucional y legal de la política exterior multilateral, agrega el influyente
periódico.
Logró la suspensión del Tratado de Misiles Antibalísticos con Rusia para
impulsar la construcción de un escudo antimisil que no funciona, pero que ayuda
a enriquecer a los contratistas militares, explicó.
Antes de su unión a Bush, el vicepresidente renunció a la dirección ejecutiva
de la compañía Halliburton, y luego preparó el terreno para la redacción de una
política nacional que favorece a la industria en que llegó a amasar una gran
fortuna.
Los hechos del 11 de septiembre resultaron la excusa utilizada por Cheney
para impulsar de manera inmediata la guerra en Iraq, para lo cual presionó a la
comunidad de inteligencia a mostrar evidencias sobre vínculos entre Bagdad y
Al-Qaeda que nunca existieron, condena el Times.
Además, favoreció las torturas y abusos contra los prisioneros, la idea de
que Bush podría designar a "combatientes enemigos ilegales" y detenerlos
indefinidamente, así como el programa secreto para espiar a los ciudadanos
estadounidenses, sin orden judicial.
Incluso, recuerda el rotativo neoyorquino, cuando el senador John McCain
presentó una iniciativa para prohibir el uso de la tortura de prisioneros,
Cheney hasta intentó legalizar esta práctica contra los detenidos bajo custodia
de la Agencia Central de Inteligencia.