Redacción Central, 21 dic (PL) Los escándalos se convirtieron en la palabra
de orden en Estados Unidos e hicieron del 2005 un año de pesadillas para el
presidente George W. Bush y el Partido Republicano.
La palabra "escándalo" surgió desde el mismo comienzo cuando Bush fue
favorecido por la Corte Suprema de Justicia en su enfrentamiento con el
demócrata Albert Gore.
Fraude o no, aún hoy muchos se cuestionan aquella decisión que incluyó al
país dentro de las llamadas "repúblicas bananeras", en las que la presidencia se
decide por caminos oscuros y turbulentos.
Analistas consideran que ningún gobierno anterior, incluso el de Richard
Nixon, fue protagonista de tantos errores políticos y acciones llevaron al
presidente a considerarse por encima de la Constitución.
A pesar de contar con mayoría partidista en las dos Cámaras del Congreso,
Bush navegó por un mar encrespado por una serie de investigaciones, acusaciones
y torpezas políticas.
Las encuestas evidencian que existe un fuerte sentimiento de frustración
entre los electores que se consideran engañados por su presidente.
Así, no son pocos los que creen que Bush mintió para justificar la agresión
contra Iraq.
La Casa Blanca se vio salpicada y enlodada desde el inicio de la era de Bush
(hijo) y el año 2005 no fue la excepción.
Evitado durante el año electoral último, los americanos se escandalizaron por
la participación de funcionarios de gobierno en la filtración de la identidad de
un agente CIA, que aunque ya cobró su primera víctima, amenaza la cabeza de
otros.
Tom Delay, jefe de la mayoría republicana de la Cámara de Representantes
renunció al ser acusado en Texas de maniobras fraudulentas en una campaña
electoral.
Ahora, el senador William Frist, homólogo de Delay en el Senado, es
investigado por sus transacciones en la Bolsa.
En años anteriores, por ejemplo, se rumoró que la Casa Blanca engañó al
Congreso al dar un estimado menos costoso de la reforma del Medicaid para lograr
su aprobación.
Extrañamente, lo que amenazaba ser otro problema para Bush se mantuvo hasta
ahora silenciado.
Obviando a Iraq, que absorbió la mayor parte del "capital político" que ganó
Bush al triunfar en los últimos comicios y lo convirtió en el más impopular de
los últimos gobernantes, en el camino surgieron otras piedras.
Por ejemplo, los demócratas cierran filas y se aprestan a enfrentar el
desafío de los republicanos y recuperar tanto el Congreso como la Casa Blanca.
Bajo la dirección de Howard Dean, la oposición ganó terreno y aprovechó con
creces los errores de la Casa Blanca.
Un "comandante en jefe" descansando e insensible a la devastación y muerte
causada por el huracán Katrina, fue algo que conmocionó a los estadounidenses.
Un grave error fue la lenta reacción del presidente al tardar casi tres días
para acudir en ayuda de los millares de ciudadanos atrapados por la tragedia en
Nueva Orleáns.
A un año de derrotar convincentemente al candidato demócrata John Kerry, Bush
tenía una pésima imagen. Apenas el 37 por ciento de los electores aprobaba su
labor.
En resumen, 2005 fue un año que puso de moda el vocablo "escándalo", y el
amargo Watergate de la época de Nixon, se transformó en CIAgate y otros nombres
popularizados por los medios estadounidenses, y que no dejan dormir a Bush.