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AI critica al Poder Judicial en Venezuela. Prevalece la impunidad
Amnistia Internacional presenta Informe del 2003. "Guerra contra el terrorismo ha empeorado al mundo"
Por: Chapulín
Fecha de publicación: 28/05/03
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tus panas
Nota de aporrea: Es insólito que las investigaciones sobre los sucesos de abril de 2002, estén tan atrasadas a pesar de la abundante evidencia gráfica y testimonios. Las críticas de AI contra el sistema judicial venezolano y contra la Fiscalía, están bien justificadas. La impunidad prevalece, y los golpistas y criminales siguen disfrutando de "la bonita libertad"

En horas de esta mañana, en CNN En Español se mostró la rueda de prensa de un funcionario de Amnistía Internacional en Estados Unidos, presentando el Informe Anual 2003 con las violaciones de Derechos Humanos en el mundo.

  • "Los EE.UU. continua escogiendo qué secciones de las leyes internacionales obedecerá y cuando."
  • "La guerra contra el terrorismo ha empeorado al mundo", en concreto, ciritican la situación de tortura e incomunicación de prisioneros de guerra en la base de Guantanamo por parte de EE.UU.
  • Denunció que las fuerzas filipinas masacraron a muchas personas y bombardean zonas habitadas por civiles, y aún reciben el apoyo y el financiamiento de EEUU.
  • En China, usando leyes contra el terrorismo inspitadas en el 11/9, incluso han ejecutado a un monje tibetano acusado de terrorismo.
  • Nada justifica los "hombres-bomba" palestinos, pero Israel evita que observadores imparciales penetren a los territorios ocupados.
  • Se manifestaron en contra de la "Ley Patriota" (Patriot Act), la cual viola los principios democráticos de los EEUU limitando la Libertad de Expresión y la privacidad deteniendo a ciudadanos ilegalmente, registrando e-mails y tarjetas de crédito, etc.
  • En Guantánamo continúan borlándose de las convenciones de Ginebra reteniñendose a más de 600 personas que serán juzgadas en
  • EEUU ha negado permisos para visitar a estos prisioneros y a los prisioneros de Bagdad apesar delas denuncias de torturas y maltrato.
  • Sobre la pena de muerte, 3 países han abandonado la pena de muerte en elúltimo año, pero EEUU es el primer en ejecuciones de gobierno, aumentando las estadísticas. EEUU es el único país en ejecutar a delincuentes juveniles en el mundo. Ayer se ejecutó en Alabama a una persona cuya hija de la víctima le habían perdonado y había hecho una campaña en contra de su ejecución; si ella pudo perdonarla, ¿por qué no puede perdonarla el Estado?
En ese momento CNN En Español cortó la transmisión para hacer un resumen y pasar a su programación regular; en el resumen, se mencionaron también violaciones de parte del gobierno colombiano contra los civiles. Cuba y Venezuela no fueron mencionadas durante la transmisión.

Si bien CNN en Español cortó la transmisión en vivo, fue el único en transmitirla al menos parcialmente. Ninguno de los grandes canales de noticias estadounidenses (Fox, CNN inglés, NBC, ni siquiera la británica BBC) retransmitieron la rueda de prensa.

Para los interesados, este es el Informe de Derechos Humanos de AI.
http://www.edai.org/centro/infoanu/2003/Paises_5.htm#Venezuela
 
A continuación reproducimos las secciones referentes a Venezuela y EE.UU.


Venezuela.
República Bolivariana de Venezuela
Jefe del Estado y del gobierno: Hugo Chávez Frías
Pena de muerte: Abolicionista para todos los delitos
Estatuto de la Corte Penal Internacional: ratificado

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Al menos 50 personas perdieron la vida y muchas más resultaron heridas en el contexto de un intento de golpe de Estado organizado en abril para derrocar al presidente Chávez. La polarización política, la violencia y los reiterados rumores de golpe militar aumentaron la inestabilidad y amenazaron con ocasionar más abusos graves contra los derechos humanos. Se recibieron informes generalizados sobre homicidios cometidos por la policía en varios estados. Hubo varios casos de amenazas y agresiones contra periodistas y simpatizantes de la oposición. Al menos tres dirigentes campesinos fueron asesinados. El sistema de justicia penal no dio una respuesta adecuada a estos crímenes, debilitando así el Estado de derecho. Se celebraron numerosas manifestaciones multitudinarias tanto a favor como en contra del gobierno. En varias ocasiones las fuerzas de seguridad hicieron uso excesivo de la fuerza para dispersar a los manifestantes. Se recibieron varios informes sobre tortura y malos tratos a presuntos delincuentes. Hubo preocupación por la difícil situación de los refugiados que huían de la escalada del conflicto en Colombia.

Información general

Las tensiones económicas, sociales y políticas desencadenaron una huelga nacional indefinida, declarada el 9 de abril por los seguidores del movimiento de oposición, que exigía la renuncia inmediata del presidente Chávez. El 11 de abril, una multitud de opositores al gobierno que se manifestaba en dirección al palacio presidencial se encontró con manifestantes partidarios de Chávez en el centro de Caracas, y estalló un enfrentamiento entre los manifestantes, la Policía Metropolitana y la Guardia Nacional en el que se produjeron intensos tiroteos. Murieron 20 personas por heridas de bala y más de 60 resultaron heridas. La crisis resultante llevó a la remoción del cargo del presidente Chávez y su detención por parte del ejército. Se estableció un ­gobierno cívico-militar de facto dirigi­do por el líder de la oposición Pedro Carmona, presidente de la Federación de Cá­maras y Asociaciones de Co­mercio y Producción de Ve­nezuela (Fedecámaras). El gobierno de facto dictó decretos draconianos y ordenó el cierre de la Asamblea Nacional y la destitución sumaria de los miembros de la Corte Suprema, el Fiscal General y el Defensor del Pueblo. La policía efectuó registros en los domicilios de varios simpatizantes del presidente Chávez. Entre las víctimas de detención arbitraria había un ministro y un diputado de la Asamblea Nacional.

La destitución inconstitucional y sumaria del presidente Chávez, la detención ilegal de sus seguidores y los poderes arbitrarios asumidos por el gobierno de facto fueron objeto de una condena general. El 14 de abril dimitió el nuevo gobierno y el presidente Chávez volvió a asumir la presidencia. Como consecuencia de los disturbios civiles registrados durante esos cuatro días, al menos 50 personas murieron y muchas más resultaron heridas. El gobierno y la oposición se acusaron mutuamente de instigar la violencia para obtener provecho político.

Tras el golpe de Estado se hicieron esfuerzos, auspiciados desde dentro y fuera del país, para negociar una solución pacífica a la crisis política; uno de esos esfuerzos fue la mediación del secretario general de la Organización de los Estados Americanos. En diciembre, la oposición convocó una segunda huelga general indefinida que se prolongó hasta el 2003. La tensión social y la violencia política aumentaron considerablemente en el contexto de la huelga, lo que tuvo graves repercusiones sobre la economía del país.

Clima de violencia e impunidad

La alianza de oposición al gobierno, creada en torno a Fedecámaras, la Confederación de Trabajadores de Venezuela —el sindicato más importante del país— y grandes empresas privadas de comunicación siguió presionando para conseguir la dimisión del presidente Chávez. El gobierno acusaba a los medios de comunicación de informar sobre los acontecimientos de manera sesgada y poco ética, mientras que al presidente Chávez se lo acusaba de seguir instigando los ataques contra periodistas con declaraciones públicas incendiarias. Hubo varios casos de agresiones y amenazas contra periodistas y empresas de comunicación a lo largo del año. La ausencia de investigaciones eficaces sobre la violencia contribuyó a generar un clima de impunidad.

Hubo informes según los cuales algunos miembros de los Círculos Bolivarianos, grupos populares creados para apoyar el proyecto político de Chávez, iban armados y habían intimidado y agredido a personas a las que relacionaban con la oposición, incluidos periodistas. Las autoridades negaron haber armado a estos grupos o financiado acciones ilegales contra la oposición. En muchos de los casos denunciados las investigaciones oficiales no esclarecieron los hechos. En septiembre se aprobó una ley para desarmar a la población civil, pero al acabar el año seguía prácticamente sin aplicarse.

Las fuerzas armadas

La participación de las fuerzas armadas en la crisis política siguió causando inestabilidad y suscitando preocupación. Mientras las autoridades intentaban procesar a los oficiales presuntamente implicados en el golpe de Estado, hubo sectores de la oposición que presionaron a las fuerzas armadas para que se negaran a reconocer la autoridad del presidente. En agosto, sometida a la intensa presión tanto del gobierno como de la oposición, la Corte Suprema resolvió que no había motivos suficientes para procesar a ningún oficial de alta graduación por «rebelión militar» en relación con el golpe de Estado de abril. Esta polémica decisión provocó las protestas de los seguidores del presidente Chávez. En septiembre, el gobierno creó zonas de seguridad militarizadas en la capital con el objeto de proteger instalaciones estratégicas frente a las manifestaciones de la oposición. En octubre, varios oficiales de las fuerzas armadas ocuparon la Plaza Altamira exigiendo la dimisión del presidente Chávez y negándose a reconocer su autoridad. En noviembre el gobierno ordenó al ejército que asumiera el mando de la Policía Metropolitana, medida que en diciembre la Corte Suprema de Justicia resolvió que era inconstitucional.

Investigaciones sobre los sucesos de abril

Las investigaciones sobre los sucesos de abril se enfrentaron con graves dificultades por varios motivos: no se protegieron los lugares de los hechos delictivos ni se registraron y examinaron debidamente los muertos y heridos; se puso de manifiesto una falta de recursos y de coordinación entre los distintos organismos; ni la Policía Metropolitana ni la Guardia Nacional colaboraron plenamente con los investigadores; y se percibió que los organismos encargados de la investigación no actuaban con imparcialidad. A pesar de todo, la ingente cantidad de pruebas fotográficas, testimonios y reconstrucciones de los hechos permitió a los investigadores señalar a varios de los responsables. Al final del año, al menos cinco seguidores del presidente Chávez estaban recluidos en espera de juicio y se habían dictado órdenes de detención contra otros cuatro. También existían cargos contra ocho agentes de la Policía Metropolitana, aunque éstos continuaban en libertad. Persistían las dudas sobre el posible papel desempeñado por francotiradores no identificados que habían disparado desde los pisos superiores de un edificio céntrico, sobre las violaciones de derechos humanos cometidas entre los días 12 y 14 de abril, y sobre la responsabilidad de la cadena de mando.

En vista del precedente de impunidad por delitos semejantes cometidos en el pasado y las serias dudas respecto a la credibilidad e imparcialidad del poder judicial, la Fiscalía General de la República, las fuerzas de la policía y el Defensor del Pueblo, las organizaciones no gubernamentales de derechos humanos propusieron el establecimiento de una Comisión de la Verdad que llevara a cabo una investigación imparcial no judicial sobre las violaciones de derechos humanos. Sin embargo, la Asamblea Nacional no brindó el apoyo necesario para que prosperara la propuesta.

Ejecuciones extrajudiciales

Hubo informes constantes sobre decenas de ejecuciones extrajudiciales de presuntos delincuentes por parte de la policía —o grupos vinculados a la policía— en varios estados: Portuguesa, Falcón, Aragua, Anzoátegui y Bolívar. A menudo se amenazó o atacó a los propios testigos o familiares que habían denunciado estos delitos. A pe­sar de la existencia de pruebas inequívocas en muchos casos, las fuerzas policiales presentaban sistemáticamente estos homicidios como actos en defensa propia o casos de sospechosos que se resistían a la detención. No se procesó a ningún agente.

En mayo, un periodista grabó la detención de Luis Gregorio Ojeda por la policía en una universidad de Barcelona, estado de Anzoátegui. Dos horas después, el cadáver de Luis Ojeda fue hallado en un hospital con dos heridas de bala. A pesar de las pruebas que indicaban que cuando lo pusieron bajo custodia estaba vivo, la policía alegó que había resultado herido de muerte al resistirse a su detención en la universidad. Desde el año 2000 se han denunciado más de 150 casos parecidos sólo en Anzoátegui. Nadie ha comparecido ante los tribunales.

Al menos tres activistas indígenas fueron asesinados como medida de represalia por sus intentos de asegurar los derechos de sus comunidades sobre las tierras que trabajaban.

El 19 de septiembre, Armando Douglas García y Carlos Ramón Parra murieron en la comunidad de Encontrados, municipio de Catatumbo, estado de Zulia, a manos de individuos armados que, según informes, estaban a sueldo de un terrateniente local. La investigación oficial llevó a la detención de los presuntos autores de los homicidios; al final del año permanecían encarcelados en espera de juicio. Los responsables de ordenar los disparos y contratar a estos individuos no habían sido detenidos ni acusados al acabar el año.

Tortura, malos tratos y uso excesivo de la fuerza

Hubo informes persistentes sobre tortura en distintas partes del país, y sobre condiciones de reclusión que constituían trato cruel, inhumano o degradante. Las fuerzas de policía locales y nacionales empleaban con frecuencia una fuerza excesiva para dispersar manifestaciones o detener a presuntos delincuentes. No se tuvo conocimiento de ninguna investigación sobre estos abusos que diera lugar a la adopción de medidas disciplinarias o al procesamiento de los responsables. Se estudió la legislación necesaria para reformar la estructura de las fuerzas policiales, pero esta cuestión continuaba pendiente al terminar el año.

En noviembre, el Comité contra la Tortura de la onu examinó el informe periódico de Venezuela. El Comité concluyó que se habían registrado importantes mejoras en la estructura legal para prevenir la tortura, pero expresó su preocupación porque muchas de esas disposiciones seguían sin aplicarse debidamente. En particular, el Comité hacía hincapié en la necesidad imperiosa de una legislación que tipificara expresamente los actos de tortura como delito.

El 15 de junio, Miguel Cerdá fue interceptado por la policía municipal de Chacao, Caracas. Según informes, lo golpearon y, cuando protestó, un agente de policía le roció la cara con gas lacrimógeno. Luego otros agentes lo golpearon repetidamente en el estómago y las costillas antes de llevarlo a la comisaría de policía. No se tuvo conocimiento de que se hubiera emprendido investigación alguna sobre los hechos.

Refugiados

La escalada del conflicto en Colombia dio lugar a una nueva afluencia de civiles que huían a Venezuela cruzando la frontera. Se recibieron informes sobre paramilitares y grupos armados de oposición colombianos que actuaban dentro de la frontera venezolana, elevando el grado de tensión en la zona. No se aplicó la legislación aprobada en 2001 para aumentar la protección de los refugiados y los solicitantes de asilo en Venezuela.

Defensores de los derechos humanos

Las organizaciones no gubernamentales de derechos humanos continuaron desempeñando una función primordial en la labor de denuncia de las violaciones de derechos humanos cometidas en todo el país. No obstante, hubo ocasiones en que las críticas de las autoridades o de la oposición dieron lugar a agresiones verbales a la integridad de los defensores de los derechos humanos, así como a actos de intimidación y amenazas.

El sistema interamericano de derechos humanos

Tras una visita de sus representantes a Venezuela, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos insistió en la urgencia de reforzar las medidas e instituciones destinadas a la protección de los derechos humanos. La Comisión dictó medidas cautelares en favor de varios periodistas y de una organización de derechos humanos.

La Corte Interamericana de Derechos Humanos ordenó al Estado venezolano que indemnizara a 44 de las víctimas de abusos contra los derechos humanos cometidos durante los disturbios civiles generalizados de 1989 —el llamado «Caracazo»—, en los que murieron varios cientos de personas. La Corte reafirmó también una sentencia en la que señalaba que los responsables debían comparecer ante la justicia y que debían revisarse los procedimientos de las fuerzas de seguridad para ajustarlos a las normas internacionales.

Informes y visitas de Amnistía Internacional

Delegados de Amnistía Internacional visitaron Venezuela en abril y noviembre y se reunieron con diversas autoridades, entre ellas el presidente Chávez. Tras la visita de abril, Amnistía Internacional envió al gobierno un memorándum con los motivos de preocupación de la organización sobre el país. Al concluir el año no se había recibido contestación.
 
 
Ahora, compárese el informe venezolano con el informe sobre los EEUU
http://www.edai.org/centro/infoanu/2003/Paises_2.htm#EstadosUnidosdeAmérica
 
Les coloco algunos extractos:
 
Estados Unidos de América
Pena de muerte: retencionista (practica)
Estatuto de la Corte Penal Internacional: firmado (no ratificado)


Hubo informes sobre muertes bajo custodia, malos tratos y uso excesivo de la fuerza por parte de agentes de policía y guardias de prisiones. Al menos tres personas murieron después de haber sido alcanzadas por armas táser M-26, pistolas paralizantes de alto voltaje que disparan dardos y son utilizadas por un número cada vez mayor de cuerpos policiales estadounidenses. Aunque la mayoría de estas muertes se atribuyeron a otros factores, existía preocupación por los peligros para la salud que comportaban las armas de electrochoque, así como su potencial para cometer abusos.

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La policía de Miramar, Florida, roció con un pulverizador de pimienta y disparó con una pistola táser a Chiquita Hammonds, estudiante de 15 años, tras un ligero altercado en un autobús escolar. Amnistía Internacional consideró que la utilización de sustancias químicas y armas de electrochoque en ese caso constituía trato cruel, inhumano o degradante.

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En marzo, un individuo desarmado y enfermo mental murió por asfixia tras ser inmovilizado por agentes de policía del condado de Prince George, Maryland. El informe de una investigación federal sobre la presunta existencia de una «constante o práctica» de brutalidad en el seno del departamento seguía pendiente al acabar el año.

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Alrededor de 1.200 ciudadanos extranjeros, en su mayoría varones musulmanes de origen árabe o surasiático, fueron detenidos en el curso de las investigaciones sobre los atentados del 11 de septiembre. A más de 700 los recluyeron por infracciones de las condiciones de su visado, muchos en aplicación de una normativa que permitía al Servicio de Inmigración y Naturalización privar de libertad a la persona por periodos prolongados sin cargos. A muchos se les impidió acceder a un abogado sin demora y algunos estuvieron bajo custodia durante meses en espera del visto bueno del gobierno, aun después de que un juez de inmigración hubiera fijado una fianza o cursado una orden de expulsión o «salida voluntaria». Se recibieron asimismo informes sobre malos tratos —incluidos insultos y maltrato físico—, reclusión prolongada en régimen de aislamiento y fuerte encadenamiento de los detenidos para recibir visitas o comparecer ante el juez.

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Durante una de esas redadas en la provincia de Uruzgán, las Fuerzas Especiales Estadounidenses mataron al menos a 16 habitantes del lugar, algunos de cuyos cadáveres aparecieron con las manos atadas a la espalda. Al parecer, a unas 27 personas detenidas por las fuerzas estadounidenses en el curso de la redada las encapucharon, les vendaron los ojos, las ataron y las trasladaron a la base estadounidense de Kandahar, donde recibieron patadas, golpes y puñetazos a manos de soldados estadounidenses. Un joven de 17 años afirmó que había permanecido recluido en régimen de aislamiento en un contenedor durante ocho días.

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Baryalai, telefonista de 18 años detenido por soldados estadounidenses en Sharan, provincia de Paktika, en Afganistán, fue obligado a permanecer arrodillado con las manos a la espalda y una capucha en la cabeza durante unas seis horas antes de su traslado a un lugar no revelado. Cuando llevaba dos semanas privado de libertad, las autoridades estadounidenses reconocieron que estaba recluido en la base aérea estadounidense de Bagram con fines de investigación.

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En diciembre, el periódico Washington Post afirmó que el personal de la Agencia Central de Información (Central Intelligence Agency, cia) estaba empleando técnicas de «estrés y padecimiento» durante el interrogatorio de detenidos en la base aérea de Bagram. Entre las técnicas denunciadas estaban las de obligar al detenido a permanecer mucho tiempo arrodillado o de pie, encapucharlo, vendarle los ojos, privarlo del sueño y mantener la luz encendida las 24 ho­ras del día.

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Desde enero y a lo largo del año, Estados Unidos procedió al traslado de más de 600 ciudadanos extranjeros hasta la base naval estadounidense situada en la bahía de Guantánamo, Cuba, donde permanecían recluidos sin cargos ni juicio y sin acceso a tribunales, abogados o familiares. Aunque la mayoría de ellos habían sido detenidos durante el conflicto armado en Afganistán, Estados Unidos se negó a reconocerles la condición de prisioneros de guerra conforme a los Convenios de Ginebra y a permitirles ejercitar otros derechos que los asistían en virtud de las normas internacionales de derechos humanos. Los intentos de impugnar la legitimidad de las detenciones ante tribunales de Estados Unidos o de otros lugares no dieron ningún fruto, aunque había varias causas pendientes al final del año. Se hizo caso omiso de un llamamiento urgente de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos al gobierno estadounidense para que encomendara a un tribunal competente la determinación de la condición jurídica de los detenidos.

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Las condiciones soportadas por los detenidos durante su traslado a la base de Guantánamo y su reclusión fueron motivo de gran preocupación. Durante los vuelos, que duraban 22 horas, los presos permanecían esposados y encadenados y eran obligados a llevar manoplas, mascarillas quirúrgicas y orejeras, además de unas gafas protectoras cubiertas de cinta adhesiva que les impedían ver. También les raparon la cabeza y les afeitaron la barba. Al principio los detenidos fueron recluidos en la unidad de la base naval denominada Camp X-Ray, instalación provisional formada por pequeñas celdas de malla metálica, expuestas a la intemperie e iluminadas toda la noche por potentes lámparas de arco. Los presos debían llevar grilletes cada vez que los sacaban de sus celdas, y prácticamente no les permitían salir de ellas para hacer ejercicio.

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Más de 70.000 presos continuaban alojados en unidades de súper máxima seguridad, en las que Amnistía Internacional consideraba que las condiciones podían constituir trato cruel, inhumano o degradante. En febrero, un juez de distrito federal resolvió que las condiciones que imperaban en la Penitenciaría Estatal de Ohio, prisión de súper máxima seguridad destinada a albergar unos 500 reclusos, eran de una «dureza atípica y significativa».

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Fueron ejecutados 69 hombres y 2 mujeres en el año, lo que elevó a 820 el número total de presos ejecutados desde que la Corte Suprema de Estados Unidos levantó la suspensión de las ejecuciones en 1976. Estados Unidos siguió conculcando las normas internacionales al aplicar la pena de muerte a personas que tenían menos de 18 años en el momento de cometerse el delito o que no habían contado con una representación letrada adecuada. El 20 de junio de 2002, la Corte Suprema resolvió que la ejecución de personas con retraso mental vulneraba la prohibición constitucional del «castigo cruel e insólito». La Corte Suprema reconoció que «en el seno de la comunidad internacional» tales ejecuciones eran «rechazadas por la inmensa mayoría».

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Continuaron las ejecuciones en otros lugares; en Texas se llevaron a cabo 33 de las ejecuciones realizadas ese año en todo el país. En Misisipi tuvo lugar la primera ejecución desde 1989. También hubo ejecuciones en otros 11 estados.

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Napoleon Beazley, T. J. Jones y Toronto Patterson fueron ejecutados en Texas los días 28 de mayo, 9 de agosto y 28 de agosto, respectivamente, por asesinatos cometidos a la edad de 17 años.

Javier Suárez Medina, ciudadano mexicano, fue ejecutado en Texas en agosto, a pesar de haberle sido denegados sus derechos consulares tras ser detenido. Los gobiernos de 16 países enviaron peticiones de indulto o se unieron a México en la firma de un documento por el que se instaba a la Corte Suprema de Estados Unidos a detener la ejecución y celebrar una revisión judicial para resolver las consecuencias jurídicas de la violación del tratado pertinente a este caso.


 
Después de leer y comparar ambos informes, y entonces recordar las declaraciones de Powell, de Shapiro o de Otto Reich contra el régimen de libertades en Venezuela, a uno sólo se le ocurre quererle recordar la madre a los amos del norte.


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