Nueva York 16 dic-Meses después de los atentados del 11 de septiembre en Nueva York y
Washington, el presidente de EE UU, George W. Bush, autorizó en secreto
que la Agencia Nacional de Seguridad, una de las que conforman el
entramado de los servicios de inteligencia, espiara a ciudadanos
americanos y extranjeros en el interior del país en busca de
actividades terroristas. Todo ello fue llevado a cabo sin la garantía
de la aprobación de los jueces, normalmente requerida para el espionaje
doméstico. La información ha sido revelada por el diario The New York Times, que cita fuentes del Gobierno.
Bajo una orden presidencial firmada en 2002, la agencia de
inteligencia ha intervenido durante los tres últimos años las llamadas
telefónicas internacionales y los correos de electrónicos de cientos,
quizá miles, de personas en el interior de EE UU sin las debidas
garantías judiciales, según dichas fuentes, que aseguran que el
objetivo era rastrear posibles “números sucios” relacionados con Al
Qaeda.
La decisión de espiar dentro del país sin autorización judicial es
totalmente inusual en las prácticas de las agencias de inteligencia
estadounidenses, en particular en la Agencia de Seguridad Nacional
(NSA, en sus siglas en inglés), cuya misión es espiar las
comunicaciones en el extranjero. Por ello, algunos miembros de la
agencia conocedores de los hechos han cuestionado si esta vigilancia ha
sobrepasado los límites constitucionales.
Una de las fuentes que cita The New York Times asegura que se
trata de un gran cambio en el funcionamiento de la NSA. “”Es casi un
pilar de este país que la NSA sólo hace espionaje exterior”.
Según las fuentes –una docena, entre funcionarios en activo y
retirados- del diario neoyorquino, también han expresado reservas sobre
el asunto el senador demócrata por Virginia Occidental, John D.
Rockefeller, además vicepresidente del Comité de Inteligencia del
Senado, y el juez que preside en Washington el Tribunal de Vigilancia
de la Inteligencia Exterior, una corte secreta que se ocupa de asuntos
de inteligencia. Algunas preguntas sobre los nuevos poderes de la
agencia obligaron al Gobierno de Bush a suspender estas actividades el
año pasado y a imponer mayores restricciones, aseguran las fuentes al New York Times.
No obstante, aseguran fuentes de la Administración que existen
suficientes garantías para salvaguardar la privacidad y los derechos
civiles de los ciudadanos americanos. En algunos casos, el departamento
de Justicia ha pedido autorizaciones especiales para intervenir
comunicaciones interiores, se ha informado al Congreso sobre el
programa y se ha consultado al juez del Tribunal de Vigilancia de la
Inteligencia Exterior.
La Administración Bush contemplaba la operación como necesaria para
que la agencia tuviera libertad de movimientos para vigilar
comunicaciones y pudiera localizar amenazas contra EE UU. Los
defensores del programa sostienen que ha sido una herramienta vital
para descubrir y evitar varios intentos de atentados. En concreto, cita
uno, de un conductor de autobuses de Ohio, Ayman Faris, que se declaró
culpable en 2003 de haber ayudado a Al Qaeda en un intento de destruir
el puente de Brooklyn en Nueva York.
El diario estadounidense asegura, además, que ha retenido esta
información durante un año a petición de la Casa Blanca, que preveía
que podría alertar a terroristas potenciales que estaban bajo
vigilancia y, por tanto, hacer más difícil la lucha contra el
terrorismo.