Moscú, 12 dic (EFE).- La clase política rusa se escandalizó hoy
por la posibilidad de que Ucrania permita el acceso de expertos de
Estados Unidos a sus dos radares militares utilizados por Rusia.
"Rusia debe tomar medidas, hasta emplear sus Fuerzas Armadas,
para defender esos radares, construidos en interés de nuestro Estado
y que son un componente de la defensa antimisiles de Rusia y de la
Comunidad de Estados Independientes", declaró el general Román
Popkóvich, ex presidente del comité de Defensa de la Duma.
El diario "Nezavísmaya Gazeta" afirmó hoy que Kiev quiere
permitir que expertos del Pentágono estudien o incluso empleen las
estaciones ucranianas de alerta sobre ataques con misiles situadas
en la localidad de Mukáchevo y en el puerto de Sevastópol, que
Ucrania alquila a la Flota rusa del mar Negro.
Según fuentes del diario, ese asunto lo trataron la semana pasada
en Kiev el presidente del país, Víctor Yúschenko, y la secretaria de
Estado de EEUU, Condoleezza Rice, y hoy ninguna voz oficial
ucraniana desmintió las revelaciones de "Nezavísimaya".
En opinión del diario, se trata de una "respuesta asimétrica
político-militar" de Kiev a Moscú por su intención de triplicar los
precios del gas que suministra a Ucrania, con las que las relaciones
de Rusia se enfriaron tras la Revolución Naranja de 2004.
Tras plantear Moscú la revisión de los acuerdos vigentes de
suministro del gas, para que Kiev lo pague "en precios de mercado",
el ministerio de Defensa ucraniano ya sugirió la posibilidad de
extender el mismo principio al alquiler de las instalaciones de la
Flota rusa del mar Negro, lo que levantó ampollas en Moscú.
El general Volter Kraskovski, ex jefe de la defensa espacial con
misiles rusa, declaró que Rusia afronta la amenaza de "perder el
control anti-misiles en el estratégico flanco suroeste en todo el
espacio de Europa Central y del Este, y sobre el Mediterráneo".
Kraskovski supuso que el Pentágono podría integrar los radares
ucranianos en su "escudo antimisiles" o bien optar por una medida
más "radical" y destruirlos, como se hizo con el radar similar
soviético de Skrunde, en Letonia.
Añadió que Rusia tardaría al menos dos o tres años en desplegar
un sistema similar en su territorio para cubrir la región de los
mares Negro y Mediterráneo, y necesitaría "tantos o más" medios como
los que espera obtener con los nuevos precios del gas para Ucrania.
Según fuentes del diario, Kiev, dentro de su nueva amistad con
Occidente y el pulso con Rusia, se propone además romper el recién
sellado acuerdo con Moscú para prolongar por 10-15 años el plazo de
vida útil de las lanzaderas de misiles balísticos intercontinentales
rusos RS-20 (SS-18 o Satanás), fabricadas en Ucrania.
"Nezavísimaya" señaló que Rusia tiene en servicio más de un
centenar de esos misiles pesados, "los más temidos por EEUU" por sus
diez cabezas nucleares de guiado individual, pero que se convierten
en chatarra sin el sistema ucraniano de lanzamiento 15P118M.
La ruptura del acuerdo con Ucrania obligaría a Rusia a desguazar
ese arsenal estratégico y gastar entre 3.000 y 4.000 millones de
dólares adicionales en la producción de los modernos misiles Tópol
para restablecer su potencial defensivo y la paridad con EEUU.
Borís Bespaly, representante del Gobierno en el Parlamento de
Ucrania, en declaraciones a la radio "Eco de Moscú se limitó de
calificar de "bulo" la posible relación del problema del gas con el
asunto de los radares, que no desmintió directamente.
El general Popkóvich dijo que la posible cesión de los radares
por Kiev a EEUU sería "un acto de traición equivalente a la entrega
de materiales secretos a un país que en lo militar no es ningún
amigo de Rusia".
Su sustituto en el comité parlamentario ruso, Nikolái Bezboródov,
señaló que Kiev no podría dar ese paso sin el permiso de los países
interesados si resulta que Rusia emplea los radares dentro de la
Organización del Tratado de Seguridad Colectiva, que agrupa a seis
estados de la comunidad pos-soviética, aunque no a Ucrania.
Pero Román Pújov, director del Centro de Análisis de Estrategias
y Tecnologías, dijo que los radares ucranianos son "sólo un elemento
del sistema rusa de aviso de ataques con misiles, que ya presenta
incontables agujeros y en el que muchas cosas ya no funcionan".
"El acceso de los estadounidenses a los radares no es critico;
sería malo, pero ninguna tragedia", puntualizó.