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La libertad de expresión amenazada en el Reino Unido
Por: Agencia EFE
Fecha de publicación: 10/12/05
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Londres, 10 dic (EFE).- La libertad de expresión, otrora orgullo de la democracia británica, se ve ahora amenazada por las leyes promulgadas por el Gobierno de Tony Blair a la sombra de los atentados terroristas del pasado julio contra esta capital. Los incidentes se multiplican de modo inquietante, según denuncian organizaciones de derechos humanos como "Liberty", que califica de "draconianos" los nuevos poderes de la policía.

Así, el viernes, un pacifista de 56 años que había montado su campamento de la paz - su saco de dormir y unos carteles de protesta- frente a las Casas del Parlamento, fue detenido por los agentes.
Brian Haw, padre de siete hijos, que llevaba cuatro años apostado en ese lugar las veinticuatro horas del día, fue despertado por unos agentes, que le acusaron de atentar contra la paz.
"No estoy atentando contra la paz, sino que lucho por ella", replicó Haw antes de ser conducido a una comisaría. Era la primera vez que el manifestante era detenido desde que un juez británico estableció su derecho a protestar.

El pasado abril comenzó a aplicarse una nueva medida legal que exige un permiso policial a todos los manifestantes que quieran expresar sus protestas dentro de un radio de una milla en torno al Parlamento.
El juez determinó, sin embargo, que esa legislación no afectaba a Haw, porque su protesta comenzó antes de que entrara en vigor la ley.
La acción policial contra un pacifista molesto es sólo un caso más entre los registrados desde que el primer ministro, Tony Blair, advirtiera, tras los atentados londinenses, de que "habían cambiado las reglas del juego".
Esta misma semana, tres ciudadanos han sido acusados en distintos juzgados británicos de delitos basados en su oposición a la guerra de Irak.

Maya Evans, de 25 años, ha sido multada por violar la ley británica sobre "graves crímenes organizados" por leer en voz alta los nombres de 97 soldados británicos fallecidos en la guerra de Irak junto al Cenotafio (monumento a los caídos) en el perímetro prohibido.
Un empresario jubilado, Douglas Barker, de 72 años, socialista de toda la vida, puede ser condenado a su vez a la cárcel por retener un diez por ciento de los impuestos que debía al erario público en protesta por la guerra de Irak.
Barker calcula que un diez por ciento del gasto público va al Ejército, afirma que pagar esa cantidad violentaba su conciencia ya que ese dinero se gastaría "ilegalmente en matar a ciudadanos de un Estado soberano", y se declara dispuesto a ir a la cárcel si hace falta.

Dos jóvenes, el estudiante de posgrado Kevin Gillan y la fotógrafa Pennie Quinton, fueron detenidos bajo la acusación de terrorismo por protestar junto a centenar y medio de personas contra una feria internacional de armamento celebrada recientemente en Londres.
John Catt, un pacifista de ochenta años, fue detenido en Brighton (sur de Inglaterra) bajo la sospecha de terrorismo por llevar una camiseta en la que reclamaba que se juzgase a los líderes de Estados Unidos, Gran Bretaña e Israel por crímenes de guerra.

Durante la última conferencia del Partido Laborista, un viejo afiliado a ese partido, Walter Wolfgang, de 2 años, fue expulsado por la fuerza de la sala por calificar en voz alta de "tonterías" la defensa que desde la tribuna estaba haciendo el ministro de Exteriores, Jack Straw, de la guerra de Irak.
La policía trató de impedirle luego regresar a la sala echando mano de la nueva legislación antiterrorista, lo que causó un escándalo nacional, que obligó a la dirección del partido a pedir disculpas públicamente.

El diario británico "The Indendent" critica hoy que el primer ministro británico, Tony Blair, trate de justificar una y otra vez la invasión de Irak con el argumento de que no se les puede negar a los iraquíes las libertades de las que disfrutan los británicos mientras él mismo socava en casa esas libertades.
Alentados por el combate que libran los Jueces Lores, la más alta instancia judicial del Reino Unido, contra la que perciben como deriva autoritaria del Gobierno, muchos británicos no aceptan la afirmación de Blair de que desde los atentados terroristas de julio en Londres, han cambiado las reglas del juego.

Así, nada más salir de comisaría, el pacifista Brian Haw volvió a su campamento a poca distancia del célebre Big Ben, el reloj cuyo sonido muchos asocian precisamente con la democracia británica, para leer los nombres de los caídos del Reino Unido y de muchos iraquíes muertos en la cada vez más impopular guerra de Irak.



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La fuente original de este documento es:
Agencia EFE (http://www.efe.es/mundo/detallenoticiaMM.asp?opcion=2&id=632246)

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