Caracas, 29 oct (PL) Más que una crisis, la
salida hoy de Acción Democrática (AD) del juego electoral anunció una
recomposición del sistema político en Venezuela que hace vislumbrar el
fin de la oposición tradicional de derecha.
Henry Ramos, secretario general de AD,
que alguna vez fuera un partido con tres millones de votos y en los
últimos comicios apenas alcanzó 300 mil, justificó la decisión con la
inexistencia de condiciones para las elecciones del próximo 4 de
diciembre.
Más que justificación, la
declaración pareció un pretexto sobre todo luego que el día anterior el
Consejo Nacional Electoral (CNE) anunció la suspensión de la
utilización de las máquinas capta huellas, diseñadas para evitar el
voto múltiple.
Tanto AD como otros partidos
opositores argumentaron que con ese sistema se podría conocer la
selección de los electores y violar así el secreto garantizado por la
Constitución.
La decisión, que deja a AD como el
gran perdedor, siguió a denuncias del Vicepresidente del país, José
Vicente Rangel y el Presidente del Parlamento, Nicolás Maduro, sobre
presiones de la Embajada de Estados Unidos a favor del abstencionismo.
En realidad el partido
socialcristiano COPEI, la otra de las grandes organizaciones políticas
tradicionales venezolanas, estaba en la práctica fuera del juego,
debido a su pérdida de fuerza en los últimos años.
Sin embargo, la salida de AD
apunta a una estrategia atribuida a Estados Unidos de conformar una
nueva oposición para enfrentar el liderazgo del Presidente Hugo Chávez,
ante el descrédito de las corrientes opositoras de derecha.
Si AD es el gran perdedor y la
fuerza sacrificada en esta estrategia, el partido Primero Justicia y
Súmate -grupo que pretende un perfil de organización social- parecen
ser los ganadores como relevos de la oposición a Chávez.
Tanto Primero Justicia como
Súmate, con estrechas relaciones con el Gobierno estadounidense, se
convierten así en líderes de una oposición conformada por figuras
jóvenes que no aparecen conectados directamente con los errores
políticos del pasado.
La estrategia, sin embargo, tiene
una falla importante, pues todavía está por ver si esos líderes, con el
lastre de su dependencia de Washington, son capaces de estructurar un
proyecto alternativo a los programas sociales de Chávez.
La salida de la carrera electoral
de AD y grupos minoritarios como Proyecto Venezuela, Un Solo Pueblo y
Movimiento Republicano, ratifica por otro lado el triunfo de las
fuerzas que apoyan a Chávez, que ya era ampliamente pronosticado.
Según los sondeos el llamado
Bloque del Cambio, liderado por el Movimiento V República (MVR), deberá
obtener más de dos tercios de los 167 asientos de la Asamblea Nacional.
El Bloque del Cambio cuenta con el
amplio respaldo que tienen los programas sociales de Chávez, además de
una alianza de partidos que respalda su proyección de cambios de corte
socialista.
Frente a ello la vieja derecha
encabezada por AD y COPEI fue incapaz de presentar liderazgo ni
alternativa capaz de unir a los opositores y marcó su desaparición,
cuyo epitafio parece haber quedado impreso hoy con el anuncio de
abstención.
La reconstrucción del sistema
político venezolano es también resultado del intento de deslegitimar la
próxima Asamblea Nacional con la supuesta ausencia de condiciones para
votar el próximo 4 de diciembre.
La pretendida inexistencia de
autoridades democráticas en Venezuela constituirán la base de la
próxima política de Estados Unidos en el enfrentamiento de siete años
con el Gobierno de Chávez, quien ha ganado nueve elecciones
consecutivas.
La imposibilidad de triunfar en
las décimas elecciones constituye, en esencia, la causa del abandono de
la lucha por el voto de la derecha tradicional y el sacrificio de un
partido como AD que constituyó una fuerza política importante en
Venezuela.