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El ex presidente peruano Alberto Fujimori tendrá que esperar que se culminen los trámites para un juicio de extradición, luego que este martes le negaron su pedido de libertad provisional.
El ex gobernante sufrió el martes su primer tropiezo con la justicia cuando el magistrado Orlando Álvarez denegó su pedido de libertad provisional en un fallo que comenzó a romper -al parecer- su bien elaborado esquema de regreso a Perú, refirió Prensa Latina.
En un recinto de apenas nueve metros cuadrados, con una cama individual, muebles de madera, un pequeño televisor y un baño, Fujimori deberá esperar indefinidamente, sin ninguna comodidad especial, un juicio de extradición.
Al ex mandatario no le está permitido acceso a teléfono celular ni a internet, y como cualquier reo común, tiene derecho sólo a dos visitas semanales.
Afuera, salvo numerosos periodistas y camarógrafos chilenos y peruanos que montan guardia, nada parece perturbar la tranquilidad del recinto, situado en un tranquilo barrio del sur de Santiago, que sigue su rutina diaria como si nada estuviera pasando en su interior.
Ayer tuvo la visita de dos hombres, que llegaron cargando bolsas con agua embotella, víveres y medicamentos.
Fujimori, de 67 años, había sido objeto de un chequeo médico preliminar durante su corta estancia en la Escuela de Investigaciones, a donde fue inicialmente conducido.
Aunque cansado y con el pulso un tanto alterado por el largo viaje y la presión psicológica de su arriesgada aventura, su estado de salud física y mental fue reportado como normal, y conservaba un buen estado de ánimo, según personas vinculadas con su entorno.
Su intempestiva llegada el domingo a esta capital en un vuelo privado procedente de Tokio, con escalas en Estados Unidos y México, alteró por completo la vida del país e hizo pasar a un segundo y tercer planos, respectivamente, la disputa fronteriza peruano-chilena y la campaña presidencial.
El gobierno sigue insistiendo en que nada sabía de su arribo hasta que se instaló en el lujoso hotel Marriott, una versión que cada día se hace menos creíble en un mar de contradicciones y críticas de sectores progresistas que demandan su inmediata expulsión del país.
Para el pacto Junto Podemos, las versiones oficiales sobre el desconocimiento de la llegada de un personaje tan controvertido «resulta muy poco creíble», luego que se afirmó que la Policía Internacional (Interpol) estaba al tanto del asunto.
Lautaro Carmona, secretario general del Partido Comunista y jefe de campaña de ese conglomerado, advirtió anoche que al gobierno le va a costar mucho poder convencer a la opinión pública de que nada sabía de antemano sobre la llegada del polémico personaje.
El dirigente consideró inaudito que la policía secreta chilena estuviera ajena cuando las reservaciones en el lujoso hotel Marriott estaban hechas con al menos una semana de antelación.
«Cuesta creer que con todos los contactos que existen entre los servicios de inteligencia chilenos y norteamericanos, justamente esta persona prófuga y muy reconocida, haya pasado inadvertida», recalcó Carmona tras demandar al gobierno medidas contra los responsables.
También el Partido Socialista, integrante de la coalición de gobierno, continuó insistiendo en la expulsión de Fujimori y el reclamo de una investigación para determinar las causas por las cuales fue autorizado a entrar al país.
Juan Pablo Pallamar, presidente de la Juventud Socialista, encabezó ayer una protesta de esa colectividad con el ex gobernante chileno y su presencia en el país, y lo calificó como un «símbolo del genocidio» latinoamericano.
En tanto, Arturo Herrera, director de Investigaciones, afirmó que hoy presentará los resultados de «una investigación secreta y reservada» sobre las circunstancias del arribo de Fujimori y los motivos de las autoridades para permitir su entrada al país.
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