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París, 08 Nov. ABN.- Por duodécimo día continuaron los disturbios en los suburbios de Francia, especialmente en esta capital, donde comenzó a regir el toque de queda en algunos distritos, en momentos en que los medios destacan que la represión articulada por las autoridades, lejos de apaciguar los ánimos, exalta todavía más los ánimos.
Según informaron este martes fuentes oficiales, la policía arrestó a 330 personas, más de mil 700 vehículos fueron incendiados la noche de este lunes y unos 12 agentes resultaron heridos durante los enfrentamientos, refirió la agencia Prensa Latina.
Los barrios pobres de los alrededores parisinos de nuevo se tornaron en un polvorín de las protestas de los inmigrantes o descendientes de estos, discriminados y con las ilusiones perdidas en la llamada tierra de la libertad, la igualdad y fraternidad.
Otra vez la rebelión juvenil se extendió fuera de las fronteras de París y también estalló en Lyon, Estraburgo y Tolouse, entre otras urbes, donde fueron incendiados autobuses, edificios y centros de trabajo.
Para reprimir las manifestaciones, el primer ministro, Dominique de Villepin, anunció el endurecimiento de las medidas y desenterró la ley de emergencia, de 1955, para dar luz verde a la aplicación del toque de queda en algunos sectores, ya implantada por el alcalde de Le Raincy, en las afueras de esta capital.
Dicha legislación podrá aplicarse durante 12 días y necesitará de la autorización de la Asamblea Nacional para extenderse por más tiempo.
Villepin también anunció la movilización de hasta nueve mil reservistas de la policía y de la gendarmería para reprimir los desórdenes, aunque por ahora descartó la intervención del Ejército en el conflicto.
Como paliativo al origen de los disturbios, prometió facilitar la integración de los inmigrantes con la mejoría de los problemas de educación, vivienda y empleo que afectan a la empobrecida sociedad de la periferia parisina.
El detonante de la explosión social fue la muerte electrocutados de dos adolescentes de origen africano, quienes se escondieron en una caseta de transformadores cuando huían de la policía, a pesar de que no eran delincuentes.
A las protestas, iniciadas para pedir justicia por ese incidente, se respondió con el incremento de la represión ordenada por el ministro de Interior, Nicolás Sarkozy, quien acentuó las discriminaciones, al calificar a los manifestantes de “chusma”, de la cual prometió limpiar los alrededores parisinos.
Analistas estiman que Sarkozy, quien aspirará a la presidencia del país en las elecciones de 2007, pretende ganarse la simpatía de la derecha francesa, endureciendo el enfrentamiento contra los inmigrantes, el sector más discriminado, a quienes llaman beurs si son de origen árabe y blacks a los negros procedentes de países africanos.
Sin embargo, las revueltas pueden convertirse en un arma de doble filo para el titular y hacer rodar su cabeza para calmar los ánimos.
Aunque por el momento las manifestaciones se presentan de forma espontánea y sin responder a ningún líder y agrupación, la falta de una respuesta adecuada al problema de fondo amenaza con tornar en incontrolable la situación.
La marginalidad en que viven esos ciudadanos, considerados de segunda y tercera categoría en el mejor de los casos, puede complicar la situación si deciden continuar mostrando al mundo el rostro oscuro de la sociedad francesa, con un cinturón de pobreza inimaginable en uno de los pesos pesados de Europa.
Economía afectada
Los disturbios activaron las señales de alarma en la economía nacional. Hay preocupación por el impacto negativo de esas acciones en varios de sus sectores claves.
Diversos expertos manifestaron su inquietud ante la posibilidad real de un menor crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) en el último trimestre de este año, durante el cual se espera una expansión de 1,5%.
Asimismo, de mantenerse las tensiones, estaría comprometida la expansión prevista del PIB para el ejercicio de 2006, añadieron los especialistas.
Según los consultores de la institución financiera Natexis Banques Populaires, las alteraciones en el orden público podrían determinar una caída en la confianza de los consumidores en los próximos meses, precisamente cuando llega una etapa vital en las ventas minoristas.
Por otra parte, la industria turística enfrenta la opción de una drástica contracción en el flujo de visitantes, pues ya varios países emitieron advertencias a sus nacionales acerca de las precauciones a adoptar, en caso de viajar a Francia.
Australia, España, Estados Unidos, Austria, Gran Bretaña, Alemania, Japón, Rusia y Hungría lanzaron recomendaciones a sus respectivos ciudadanos sobre la necesidad de aplicar cuidados extremos ante los disturbios.
Medidas de ese tipo, manifestaron analistas, atentan contra la imagen de un país que se erige como el principal destino turístico a escala mundial, con un flujo promedio de 75 millones de vacacionistas extranjeros al año.
El panorama también resulta adverso para las aspiraciones de un incremento en las inversiones de capital foráneo, a lo cual se añade un eventual recorte en los desembolsos a corto plazo del sector corporativo.
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