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Panamá, 7 nov (PL) Una ciudad literalmente sitiada, cubierta de policías y agentes de seguridad, helicópteros y lanchas patrulleras alrededor de un hotel, rodean la visita a Panamá del presidente estadounidense, George W. Bush.
El mandatario llegó hace unas horas, procedente de Brasil, tras el fiasco de la Cumbre de las Américas de Mar del Plata, Argentina, donde recibió amplias muestras de repudio, y encontró como se esperaba alfombra roja del gobierno de Martín Torrijos
Empero, las autoridades locales, temerosas de que se repitan manifestaciones violentas como ocurrieron días atrás con grupos de estudiantes, colocaron enormes vallas metálicas en todas las zonas por donde se moverá Bush.
Prácticamente, la principal urbe panameña es desde la víspera un hervidero de fuerzas de seguridad, casi todas del Servicio Secreto de Estados Unidos.
El mandatario fue recibido en el aeropuerto de Tocumen por el primer vicepresidente y canciller del Istmo, Samuel Lewis Navarro.
Numerosos movimientos sindicalistas, religiosos, estudiantiles y cívicos se concentraron en la basílica Don Bosco de esta capital para repudiar al inquilino de la Casa Blanca, a quien calificaron de genocida y fascista.
Visiblemente irritada, Gloria Castillo, dirigente del Frente Nacional por la Defensa de los Derechos Económicos y Sociales (Frenadeso), dijo a Prensa Latina que es una ofensa mayor tener a un presidente que cobija terroristas en su país.
“Por eso hablará con la ex presidenta Mireya Moscoso, para reiterarle el agradecimiento por liberar al terrorista Luis Posada Carriles y sus compinches el pasado año. Es, además, el hijo del hombre que provocó el sufrimiento de miles de familias con la invasión de 1989”, argumentó.
Nadie puede olvidar que se trata del principal agresor de la humanidad en estos momentos, el guerrerista contra Afganistán e Iraq, la persona que intenta asfixiar por hambre al pueblo cubano con un criminal bloqueo, acotó Castillo.
Por su parte, la abogada defensora de las víctimas de la invasión del Pentágono a Panamá en diciembre de 1989, Gilma Camargo, opinó que es una vergüenza que el actual gobierno de Martín Torrijos, acoja con pompas a Bush.
“Ninguna cifra de dinero puede pagar la muerte de un familiar. El barrio El Chorrillo fue arrasado por las llamas, no se puede contabilizar aún el número de fallecidos y ni las administraciones de Estados Unidos ni de Panamá se han ocupado de las secuelas de la intervención militar”, remarcó.
El máximo representante de Washington sostendrá a primera hora conversaciones con Torrijos y acto seguido ofrecerá una rueda de prensa.
Visitará el Canal de Panamá, donde dialogará con su administrador, Alberto Alemán Zubieta, y terminará su estancia con un encuentro con beisbolistas, según trascendidos oficiales.
Antes de su partida, el Movimiento Panameño por la Paz y diversas organizaciones efectuarán un denominado Acto Patriótico para rechazar la presencia de Bush en esta capital, en la céntrica Plaza Porras.
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