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Washington. (AP-ANSA).-La posibilidad de que se formulen cargos contra altos funcionarios de la Casa Blanca por filtrar la identidad de una agente de la CIA, causaba angustia en las oficinas presidenciales ayer miércoles.
La Casa Blanca aguarda el dictamen del fiscal especial Patrick Fitzgerald luego de una investigación criminal de dos años que afecta a los funcionarios más allegados al presidente George W. Bush y al vicepresidente Dick Cheney.
Los abogados de los funcionarios estaban a la espera de que Fitzgerald decidiera si presentaría cargos contra Lewis Libby, el jefe de personal de Cheney, o Karl Rove, subjefe de personal, asesor político y arquitecto de las campañas presidenciales de Bush.
El presidente George W. Bush estaba poniendo a punto un discurso que sería pronunciado apenas se conozcan las incriminaciones, que podrían desatar uno de los peores escándalos de su gestión.
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