El sábado 8 de octubre, conmemorándose el trigésimo octavo aniversario de la muerte en Bolivia del guerrillero heroico, el argentino Ernesto Che Guevara, en la Avenida Bolívar , Paseo Los Insignes, de la ciudad de Caracas, fue inaugurado el busto del mítico revolucionario. La iniciativa contó con el apoyo del Parlamento Andino, de la Alcaldía de Caracas y del Centro Simón Bolívar. Al acto de inauguración asistieron diversas autoridades del gobierno de Venezuela así como representantes diplomáticos de Argentina y de Cuba, segunda patria del Che. Igualmente asistió un regular número de población, entre invitados y público en general.
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De izquierda a derecha, Amilcar Figueroa ex-director de la Alcaldía, el historiador Orlando Borregales y Germán Sanchez Embajador de Cuba en Venezuela al lado del busto del Che Guevara Foto: Prensa Alcaldía de Caracas |
¿Qué significado tiene un busto del Che en medio de la capital venezolana? Sin ningún lugar a dudas un significado enorme, profundo: es un símbolo. ¡Y no cualquier símbolo!
Contar con un ícono como éste no es pura casualidad; es, por el contrario, un mensaje claro y contundente. Es la imagen patente que en la República Bolivariana de Venezuela algo está cambiando muy profundamente, es la afirmación que esos cambios han llegado para quedarse, que las transformaciones en curso se ahondarán y que hay un camino elegido.
La imagen del Che Guevara pasó a ser ya legendaria. Es, en todo el mundo, quizá el más conocido de los revolucionarios que en el siglo XX levantaron las banderas del socialismo. Diversos motivos históricos fueron transformando su figura en un modelo proverbial, sinónimo sin más de lucha por un mundo distinto. La mística militante que dejó instaurada sigue siendo un llamado ético a cada nueva generación, más allá de los años de triunfalismo con que el capitalismo celebró la caída de la Unión Soviética. Su ejemplo como ciudadano universal continúa invocando a la lucha más noble por un mundo nuevo: "He nacido en la Argentina , no es un secreto para nadie. Soy cubano y también soy argentino, y si no se ofenden las ilustrísimas señorías de Latinoamérica, me siento tan patriota de Latinoamérica, de cualquier país de Latinoamérica como el que más y, en el momento en que fuera necesario, estaría dispuesto a entregar mi vida por la liberación de cualquiera de los países de Latinoamérica, sin pedirle nada a nadie, sin exigir nada, sin explotar a nadie" .
Evocar al Che Guevara, por tanto, es evocar lo más noble y ejemplar de una revolución. Y la Revolución Bolivariana que está teniendo lugar en Venezuela lo evoca y le levanta un busto. Es, por tanto, una forma de evocar, de llamar a lo más noble y ejemplar; porque en toda revolución, en la actual de Venezuela, la primera del siglo XXI, como en cualquiera otra que haya tenido lugar en cualquier punto del planeta, lo que está en juego son esos ideales nobles, ejemplares, profundos, ideales de justicia, de equidad, de solidaridad.
Levantar ese busto en la ciudad de Caracas habla de un camino que la dirigencia actual de la revolución venezolana ha tomado, y que a todas luces desea profundizar. Evocar al Che Guevara es seguir avanzando en el ideal de solidaridad entre los pueblos, en el internacionalismo, en la justicia social, en la lucha contra toda forma de inequidad. Sin dudas que este acto va a levantar olas entre la oligarquía nacional y en la Casa Blanca. Sin pensar que la iniciativa sea un hecho provocativo –aunque así lo puedan tomar estos sectores– su significación no puede dejar de ser una provocación. Eso, sencillamente porque levantar las banderas de la revolución socialista no puede dejar de ser un reto a las fuerzas conservadoras. Pero la Revolución Bolivariana no está provocando: sencillamente, está avanzando, se está consolidando. Y si para eso alguien se siente agredido, pues no es problema de quienes inauguran el busto. Por otro lado, para lograr la tan necesitada igualdad en un país que, repleto de petrodólares, mantiene todavía índices de exclusión alarmantes, es necesario mover algunas cosas; y los privilegiados se van a molestar con esos movimientos, naturalmente. Pero eso no es problema del Che ni de quienes le rinden homenaje. Como dijo Montesquieu: "Para hacer una tortilla hay que romper algunos huevos".
La estatua al Comandante Guevara que acaba de ser inaugurada es una demostración estética respecto a que la llama libertaria no se ha apagado, que los ideales de justicia que tan hondamente encarnó este médico argentino-cubano siguen vivos. Si bien la década pasada nos enfrentó con un decaimiento general de las ideas de cambio social, hoy esas esperanzas renacen. El proceso que está teniendo lugar en Venezuela es la nueva ventana que nos hace ver que la historia no ha terminado, que las grandes mayorías siguen vivas, con necesidades históricas no resueltas y exigiendo respuestas concretas. Poder erigir un monumento a quien fuera quizá el más grande símbolo de la revolución de los pobres, de los obreros y los campesinos, símbolo de toda lucha por la mejora de la condición humana, es una bocanada de aire fresco que nos demuestra que, aunque "pasado de moda" estos últimos años (ya nadie habla de él), el imperialismo sigue vivo, y sigue siendo el enemigo a enfrentar; que sigue viva también la idea de socialismo, aunque pasara a ser mala palabra este último tiempo hasta que el presidente Chávez volviera a hablar del nuevo "socialismo del siglo XXI".
Evocar la memoria de Ernesto Guevara, en definitiva, es recordar y llamar a una lucha que va más allá de la mera sobrevivencia cotidiana a la que nos confinaron los recientes años de capitalismo neoliberal salvaje. Es hacer patente que mientras siga habiendo explotación económica, hambre, exclusión de cualquier tipo, impunidad, privilegios irritantes y corrupción, la lucha sigue.
En la Venezuela actual, con muchas dificultades, en medio de un ataque continuo de las fuerzas conservadoras, luchando contra enemigos externos e internos, sabiendo que la tarea es titánica pero firmes en la convicción de cambio, la lucha sigue. Y el busto recién inaugurado es una fuente de inspiración para quienes quieren seguir dando esa lucha, que en Venezuela son muchos, muchísimos; son –que no queden dudas– la gran mayoría de la población.