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Managua, 6 oct (PL) El subsecretario de Estado norteamericano, Robert Zoellick, al parecer olvidó empacar la zanahoria y solo trajo consigo el garrote para amenazar a los nicaragüenses en general, y a los liberales en particular.
Al decir de un periodista local, el número dos de la diplomacia estadounidense llegó a Nicaragua "con la espada desenvainada y cortando cabezas", en alusión a su ataque frontal contra el líder del Partido Liberal Constitucionalista (PLC), Arnoldo Alemán.
El ex presidente, que cumple en libertad condicional una condena de 20 años por corrupción, y que en un pasado no muy lejano fue un aliado cercano de Estados Unidos, es tachado ahora de "criminal" por la Casa Blanca, que lo declaró además persona "non grata".
El mensaje de Zoellick a los liberales fue claro y directo: o retiran su apoyo a Alemán o enfrentarán la ira de Washington.
No por esperado, tampoco fue menos agresivo el lenguaje utilizado contra el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), cuyo líder, Daniel Ortega, se perfila como uno de los candidatos con más posibilidades de ganar las elecciones de noviembre de 2006.
Pero el funcionario norteamericano anunció que para Estados Unidos sólo existe una tercera opción representada, en ese orden, por los disidentes Eduardo Montealegre y José Antonio Alvarado, ambos descartes del PLC, así como por Herty Lewites, ex sandinista.
Sin embargo, lejos de calmar los ánimos o ayudar a solucionar la crisis de gobernabilidad que vive Nicaragua por el enfrentamiento entre los poderes legislativo y ejecutivo, la visita de Zoellick echó más leña a la hoguera política del país.
Liberales, sandinistas, nicaragüenses de otros partidos, periodistas, todos, con la excepción del presidente Enrique Bolaños y sus acólitos, criticaron la burda actuación del funcionario del departamento de Estado.
El Nuevo Diario tildó su discurso de "duro e imperial", mientras que a la diputada sandinista Azucena Palacios le bastó una sola palabra para calificarlo: "injerencista".
En opinión del legislador del PLC Orlando Mayorga, las "estupideces" pronunciadas por Zoellick sólo ayudarán a que tanto los liberales como los sandinistas cierren filas tras sus respectivos líderes.
En resumen, todo parece indicar que el garrote esgrimido por el enviado de Estados Unidos se convirtió en boomerang.
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