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AP Soldados egipcios trasladaban ayer unas urnas desde un colegio electoral de El Cairo |
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ALBERTO SOTILLO. ENVIADO ESPECIAL EL CAIRO. Ayman Nur, miembro de la oposición consentida que se avino a participar en las recientes elecciones egipcias, exigió la repetición de las mismas tras una avalancha de denuncias de fraude y compra de votos. Una demanda sin efecto, porque la Comisión Electoral Central, dominada por el Gobierno, la rechazó ayer mismo, pero sintomática también de la frustración extendida entre quienes más esperanzas habían puesto en estas elecciones.
Datos preliminares señalan que Hosni Mubarak habría conseguido una cómoda victoria tras recibir cerca del 80 por ciento de los votos. A continuación, Ayman Nur, del partido Ghad (Mañana), habría obtenido un 12 por ciento, lo que está nada mal dadas las difíciles condiciones en las que tuvo que competir. Y en tercera posición, se situaría Numan Gomaa, del histórico partido Wafd, que habría recabado un 5 por ciento de los votos.
Es lo que se esperaba. Y algunos observadores se sorprenden de que el régimen pusiera tanto celo en garantizar su victoria, cuando se sabía que esta era segura. Pero se teme que las irregularidades no tuvieran como objetivo inflar el triunfo del presidente, sino evitar que se sepa que la participación electoral fue bajísima.
Los primeros datos filtrados señalan una participación del 30 por ciento, que es la cifra con la que había jugado el régimen durante la campaña, pero algunos jueces sospechan que el número real de votantes podría ser la mitad.
Esa bajísima participación podría plantear un problema de legitimidad, pues refleja el hastío de una población, que ni tiene fe en la apertura política prometida, ni cree que pueda cambiar nada con estas elecciones.
Cuando se deciden a hablar de su país, lo que preocupa a los egipcios son sus acuciantes problemas de vivienda, empleo, precariedad y pobreza. Y la apertura política planeada por el régimen tiene como telón de fondo los proyectos de privatización de empresas que se intenta impulsar para el futuro. Una privatización que, a corto plazo, podría agravar los problemas de desempleo y crear nuevas tensiones. Y para la que se considera también conveniente flexibilizar y modernizar el juego político.
La apatía y el desencanto de la población se alzan así como los principales obstáculos a los que se enfrenta el nuevo proceso político egipcio. Ya con anterioridad, cientos de jueces habían denunciado que la participación en el referéndum constitucional fue apenas del 5 por ciento.
A los magistrados que hicieron la denuncia se les prohibió entonces vigilar estas elecciones. Pero su exclusión no soluciona la desmovilización de una sociedad que no cree en la reforma de sus dirigentes.
Compra de votos
Se explica así el descaro de las irregularidades denunciadas. La compra de votos, a veces sólo por la promesa de una comida; la intimidación de los votantes; el reparto de varios juegos de papeletas para votar más de una vez; o la rifa de un viaje a La Meca entre quienes votaran a Mubarak.
El Gobierno lo niega y sólo acepta que apenas hubo «incidentes menores». «Puede que haya habido algún dato, alguna irregularidad ocasional, pero hemos asistido a una experiencia histórica, que anuncia un futuro de más democracia y libertad», comentó Ami al Fique, ministro de Información.
Pero no es fácil creer al Gobierno tras las trabas puestas para que observadores independientes pudieran vigilar la votación, y después de que el resultado