Caracas, 15 ago (PL) A un año de su triunfo en el referéndum revocatorio, el presidente de Venezuela, Hugo Chávez, conserva hoy una privilegiada posición política ante una oposición mucho más debilitada y desorientada que entonces.
Con una unidad que no ha logrado repetir después, la oposición fue a las urnas el 15 de agosto de 2003 con el propósito de obtener los votos suficientes para interrumpir el período presidencial que había sido resultado de un inobjetable triunfo electoral.
La maniobra se basó en la posibilidad abierta por la Constitución aprobada en 1999, precisamente bajo la influencia de Chávez como parte de su proyecto de democratizar las estructuras nacionales.
Sin embargo, la consulta arrojó resultados diferentes a lo que esperaban quienes la convocaron y el Jefe de Estado recibió un respaldo a su gestión de corte social, por la que votaron más de 4,8 millones de personas, cerca del 60 por ciento del total.
El referéndum reflejó que en relación con 1998, cuando ganó su primera elección, Chávez había logrado incrementar su caudal de votos en más de 1,3 millones.
La comparación indicó que, contrariamente a la norma, lejos de un desgaste, el poder había entregado al dignatario venezolano mayor apoyo de la población que -también lejos de lo usual- constataba el cumplimiento de las promesas electorales.
De esta forma, la iniciativa concebida para derrocar al primer mandatario venezolano se convirtió en una herramienta para confirmar su liderazgo político y propinó a la oposición un golpe del que todavía no se repone.
A lo largo de su gestión, Chávez se impuso a diferentes maniobras para derrocarlo como un golpe de Estado, un paro empresarial y acciones de desobediencia civil.
El referéndum revocatorio confirmó a los opositores que tampoco es previsible derrotar a Chávez en las urnas, pues la tendencia ha sido la del fortalecimiento de su apoyo entre la población.
Las pasadas elecciones locales del 9 de agosto confirmaron que continúa ese proceso de expansión, al obtener los partidarios chavistas alrededor del 80 por ciento de cinco mil 999 cargos de concejales y miembros de juntas parroquiales puestos en juego.
De alguna manera el referéndum revocatorio consolidó la posición del presidente de Venezuela, que con ese respaldo comenzó a radicalizar sus acciones tras comprobar el apoyo mayoritario a su línea.
Durante su mandato por primera vez millones de venezolanos han tenido acceso a servicios gratuitos de salud y educación, incluyendo la alfabetización de 1,5 millones de adultos, entre otros programas sociales de amplio arraigo.
Alimentos a precios subsidiados, impulso a las cooperativas de producción y servicios, calificación de desempleados para su incorporación al trabajo, reparto de tierras a campesinos e indígenas se incluyen asimismo en la relación de beneficios a los necesitados.
Incluso, numerosos empresarios parecen ahora mucho más proclives a un acercamiento con el Gobierno, ante el impulso dado a la industria nacional y la diversificación del comercio exterior, como parte del proyecto de desarrollo endógeno promovido.
La otra cara de la medalla, sin embargo, indica que los sectores más radicales, con el apoyo declarado de Estados Unidos, pudieran estar valorando opciones mucho más peligrosas ante las pocas posibilidades de retomar el poder por vías democráticas.
El propio Chávez ha advertido que, en la misma medida que radicaliza su proceso y se cierran opciones para la oposición, aumenta el peligro del magnicidio, aunque advirtió que traería consecuencias complicadas en caso de materializarse.
El amplio apoyo al proceso de la llamada Revolución Bolivariana, manifestada en el referéndum de hace un año, demuestra que en Venezuela existe una masa de millones de personas que por primera vez se sienten respaldados oficialmente.
Su reacción sería bastante previsible en caso de una acción contra la vida de quien representa una esperanza de mejoramiento que comenzó a tomar cuerpo, como demuestra la historia reciente y en particular el ejercicio democrático del 15 de agosto de 2004.