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Caracas, 14 Ago. ABN.- "Cambie 50 años de odio por una profunda necesidad de luchar a favor del desarme nuclear, a favor de la paz".
Esas fueron las palabras de Yin Cama Iriu, sobreviviente de la catástrofe de la ciudad japonesa de Hiroshima quien recordó parte de su historia e hizo un llamado a la juventud para luchar a favor del desarme nuclear, durante la celebración del XVI Festival Mundial de Jóvenes y Estudiantes (FMJE).
Durante la conferencia 60 años después de Hiroshima y Nagasaki: La lucha por un mundo de paz y seguridad, libre de armas nucleares, Iriu rememoró que por más de 50 años sintió un odio profundo por los acontecimientos del 08 de agosto de 1945, cuando el avión estadounidense Enola Gay dejó caer la bomba Little Boy sobre la ciudad japonesa de Hiroshima.
Sin embargo, destacó “cuando visito a la isla del Pacífico donde despegó el avión que lanzó la bomba atómica reflexionó en la necesidad de contar a las nuevas generaciones su experiencia”.
"Los recuerdos transformaron mi odio en una profunda necesidad de luchar a favor del desarme nuclear. Ahora mi tarea es luchar a favor de la paz mundial", precisó.
Recordó que el día de los hechos contaba con 12 años de edad y estudiaba el primer año de la escuela secundaria, que luego sirvió de centro asistencial para los miles de afectados de las secuelas de la bomba.
Aunque para entonces se encontraba en las afueras de la ciudad a siete kilómetros de distancia, pues su madre le había encomendado una tarea, vio cuando una luz muy blanca cubría la ciudad.
"Solo el recuerdo de un sonido ensordecedor una luz tan blanca que enceguecía", sentenció.
Posteriormente, a lo lejos se divisó una bola de color amarillo que luego se torno roja, precisó."Sentí que el estómago se me destruyó y que los intestinos se me habían salido y sentí un profundo miedo".
Manifestó que cuando se incorporó vio un intenso fuego que arropaba a la ciudad un penetrante calor.
"No podía creer lo que estaba ocurriendo en la ciudad. Cuerpos que yacían destrozados a lo largo del camino, miradas perdidas y desconcertadas. Este es el triste recuerdo que guardo en mi mente de aquel 8 de agosto", precisó Iriu.
"Mi hermana no corrió con mi misma suerte. Tenía tan solo 16 años y se dirigía a la fábrica donde trabajaba cuando el fuego intenso de la explosión la alcanzó y la dejó inmóvil, aferrada a la esperanza de que pudiesen encontrarla. No fue sino al segundo día que la rescataron y había sufrido tantas quemadoras que su ropa se quedó adherida a su cuerpo y su agonía duró 14 días. Murió de una forma muy cruel", explicó.
Aseguró a la audiencia que las bombas nucleares son diferentes a cualquier arma convencional. Una fuerte explosión, calor y la radiación se combinan para producir terribles daños.
Hacía finales del año 1945 se pudo conocer que hubo más de 140 mil víctimas y el 90 % de la ciudad de Hiroshima fue arrasada.
Lo más lamentable de este tipo de armas letales es que no solo matan al momento de su contacto sino que deja importantes daños colaterales de tipo genéticos, cánceres y afecciones de tiroides, entre otras.
Aún, 60 años después, muchas personas padecen, directa o indirectamente, las secuelas, manifestó.
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