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El 27 de abril se realizarán –finalmente– las elecciones. Su marco: la más grave crisis de la Argentina capitalista y del régimen político “democrático” en décadas. Una crisis desatada por la acción de masas del 19 y 20 de diciembre del 2001. Mediante esa irrupción popular todo ha cambiado, más allá de que hoy se está pasando por un largo momento de “impasse” desde el punto de vista de grandes acciones de masas.
Es a ese trastrocamiento de todo a lo que intenta responder el gobierno de Duhalde y las clases dominantes en su conjunto por intermedio de las elecciones. Son el intento de volver a establecer un principio de autoridad que les permita gobernar en la plenitud de sus facultades, reafirmando el monopolio de la fuerza por parte del Estado.
Sin embargo, estas elecciones a su vez están atravesadas por una gravísima crisis. Porque este régimen político se apoya en mecanismos de “consenso”, “legitimidad” y “representatividad” a través del voto masivo. Y lo que se espera para el 27 es la atomización del voto alrededor de toda una serie de candidatos patronales que no logran despegar unos de otros (Kirchner, Menem, Rodriguez Saá y más atrás Carrió y López Murphy). Está abierta la posibilidad de fraudes e impugnaciones cruzadas que “congelen” el resultado de la elección en el ámbito judicial. También es notorio el rechazo, la apatía y el desinterés de la mayoría de los sectores populares (vayan a votar o no).
Sumario tomado de la Revista Socialismo o Barbarie, Argentina.
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