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Washington- La Cámara de Representantes de Estados Unidos aprobó, por apenas 217 votos contra 215, el controvertido acuerdo de libre comercio con América Central, en medio de intensas presiones.
Muchos analistas pronosticaban que el convenio, conocido como Cafta por sus siglas en inglés, sería objeto de una votación muy reñida.
Entre los que defendió con más fuerza el acuerdo figuraba el propio presidente. George W. Bush visitó la sede del Congreso el miércoles, poco antes del debate en plenario, concluido a las 12.02 de este jueves, hora del Este de Estados Unidos (14.02 GMT), luego de casi cuatro horas de iniciado.
En un gesto poco habitual, Bush había recorrido despachos de miembros de la Cámara de Representantes cuyos votos eran vacilantes. Le acompañaban el vicepresidente Dick Cheney, la secretaria de Estado (canciller) Condoleezza Rice y el representante comercial Robert Portman.
El mandatario también recibió en la Casa Blanca a varios legisladores de su Partido Republicano para dialogar sobre el mismo asunto.
El Cafta uniría a Estados Unidos con cinco países centroamericanos --Costa Rica, El Salvador, Guatemala, Honduras y Nicaragua-- y uno caribeño, aunque hispanohablante --República Dominicana-- en un pacto para liberalizar el comercio y eliminar aranceles. Aún resta la aprobación de los parlamentos en San José y Managua.
Uno de los argumentos de Bush ante legisladores republicanos consistió en que el Cafta tendría importancia estratégica para la seguridad nacional, y que el fracaso de la iniciativa enlentecería el avance de la democracia en América Central.
Otros funcionarios que acompañaron al presidente en su periplo por los pasillos del Congreso fueron el consejero de Seguridad Nacional, Stephen J. Hadley, el jefe del estado mayor de la Casa Blanca, Andrew Card, y el cuestionado jefe de asesores, Karl Rove.
El Congreso recibió intensas presiones contra el proyecto de una amplia gama de organizaciones sindicales, ambientalistas, de productores textiles, azucareros e industriales y de afinidad religiosa, así como de activistas centroamericanos que, en general, se oponen al acuerdo.
La oposición interna en Estados Unidos incluía a la Federación Estadounidense del Trabajo-Congreso de Organizaciones Sindicales (AFL-CIO, por sus siglas en inglés), principal central sindical de este país, radicalmente opuesta al tratado.
Tras su aprobación por el Congreso en Washington, el Cafta aún debe obtener el aval de los parlamentos de Costa Rica y de Nicaragua, donde ha soportado una persistente resistencia de movimientos sociales y de organizaciones de productores.
El Cafta eliminaría de inmediato las barreras comerciales a 80 por ciento de los productos estadounidenses --entre ellos, 50 por ciento de los agrícolas--, con miras a levantar el resto de manera gradual en unos pocos años.
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