Amigos universitarios:
Escribo rápidamente una breve versión de los hechos violentos ocurridos esta tarde en los módulos 3 y 4 de la Facultad Experimental de Ciencias de LUZ.
En horas de la tarde uno de los grupos de delincuentes que tienen su base de operaciones de LUZ secuestró y saqueó uno o varios camiones con mercancía.
Parte de esa mercancía la fueron a esconder en la entrada del módulo 4 de la FEC. Como a las 4 de la tarde, estaba sobrevolando la universidad un helicóptero de la
alcaldía de Maracaibo que estaba buscando supuestamente el rastro de los delincuentes. Al llegar al módulo me encontré con cuatro grandes cajas de zapatos, con flejes, que estaban casi al lado de mi oficina (venía de dar clases en Agronomía). Junto con algunos empleados y amigos que allí estaban, procedimos a guardar esas cajas en mi oficina, la División de Formación General, y llamamos a la
vigilancia de LUZ planteándoles la situación.
De inmediato aparecieron tres tipos, unos de los cuales decía ser estudiante pero nunca me enseñó el respectivo carnet, que pedían que les devolviéramos las cajas pues eran de su propiedad. Al pedirles documentación, uno de ellos se fué rápidamente en un auto Mazda blanco, de cuatro puertas, cuyas placas comienzan por VBS. Dentro del auto, en la maleta, pude observar otras cajas de mercancía. Debo mencionar que las cajas estaban justo al lado del vigilante del módulo 4; cuando le pregunté de quién eran esas cajas, el vigilante me dijo que no sabía porque él había ido al baño cuando las pusieron allí. Cuando le exigí que me ayudara a guardar las cajas en la oficina, se negó.
Cuando llegó la vigilancia (camioneta), alguien dentro del grupo de malandros que regularmente se reúne en el módulo 3 efectuó unos disparos. El supervisor de vigilancia José Ortiz se acercó a hablar con esos encapuchados. Luego él se me acercó y me dijo que los "estudiantes" amenazaban con quemar mi vehículo si no
les devolvía la mercancía. Le increpé que su deber debía ser detener a quienes hacían esas amenazas, pero el supervisor no se dio por aludido.
De inmediato saqué las cajas de mi oficina y se las entregué, aunque el supervisor me decía que lo mejor era dejarlas dentro de la oficina. Era obvio que el supervisor no tenía la menor intención de resolver el problema con el grupo de delincuentes que allí estaba.
Al rato llegó el Jefe del Departamento de Protección y Seguridad, "Teniente" Marcos Perozo, al cual lo puse al tanto de la situación, y de las amenazas que habían hecho contra mi vehículo. Cuando vi que la intención del Jefe de Seguridad era marcharse del lugar (llevándose la mercancía que yo había encontrado), le advertí que si le pasaba algo a mi vehículo él sería el responsable. Acto seguido, el señor Perozo se marchó ( a pesar de mis advertencias), acompañado del señor Ortiz, del vigilante del módulo 4 y de otro vigilante que andada con ellos. No quedó ningún vigilante en ese sitio.
Apenas retirada la vigilancia, una turba de encapuchados (unos 30) procedió a destruir a pedradas todos los vidrios de la camioneta Explorer del profesor Orlando Chirinos, dañando también la carrocería, creyendo que era mi camioneta. Cuando el profesor Chirinos y yo nos interpusimos delante de los malandros para evitar que siguieran destruyéndola, nos atacaron a pedradas, mientras alguien detrás de ellos
gritaba "reviéntalo", "reviéntalo". Las dimensiones de las piedras nos obligó a escondernos dentro de las oficinas de EUS. Considero que ese ataque es virtualmente un intento de asesinato contra nosotros.
El tamaño de las piedras que me lanzaron podía perfectamente partirme el cráneo si llegaban a impactarme.
Llamamos nuevamente a la vigilancia, pero los números que antes nos habían atendido ahora sonaban como si estuvieran desconectados. En el despacho rectoral
tampoco atendía nadie.
Aprovechamos que los malandros se retiraron momentáneamente, y propuse a todo el personal del módulo 4 que nos fuéramos inmediatamente de allí, cuestión que hicimos a eso de las 4:30 pm.
Al salir, nos enteramos que los malandros también habían agredido física y verbalmente a dos profesores del departamento de Matemática. El carro de la
profesora Silvia Oneto, directora de EUS, también recibió pedradas. Mi carro se salvó porque tengo la camioneta dañada y llevé otro vehículo que pocos
conocen.
Conclusión: la violencia en LUZ es totalmente incontrolable. El cuerpo de vigilancia no sólo es incapaz de enfrentar a la delincuencia, sino que muchos de ellos actúan en abierta complicidad con los delincuentes. En lo que va de año se han efectuado más de 10 robos a instalaciones de la Facultad Experimental de Ciencias, con un saldo de varias decenas de millones en pérdidas.
Particularmente, las amenazas del grupo de malandros contra mi vehículo, y el ataque a piedras contra mi persona, configura una situación en la cual la vigilancia de la universidad no me garantiza la mínima seguridad personal, ni de mis bienes, ni de las oficinas en las que trabajo.
Por tanto, a partir de este momento dejo de asistir a la Universidad, hasta que alguna autoridad competente, si la hay, me garantice mi seguridad física y la de
mis bienes personales, con medidas creíbles y comprobables.
Es necesario decir que en el año 2000 denuncié por el diario La Verdad a esa misma banda de delincuentes que actúa desde Ciencias. Los hechos violentos de ese año no encontraron sanción alguna por parte de las autoridades de la facultad y de la universidad. La falta de sanciones contra estos grupos de delincuentes, la convivencia política con ellos, las negociaciones electorales, el haberlos usado en el pasado reciente como mercenarios y bandas armadas a sueldo para dirimir contiendas electorales, es lo que ha permitido esta situación de hoy.
Sé que en las próximas elecciones decanales, surgirán sectores de profesores en la FEC dispuestos nuevamente a negociar votos con esta banda de delincuentes.
Por tener esa certeza, es que tomo esta decisión de ausentarme de mi puesto de trabajo hasta que se me garantice la mínima seguridad requerida.
Voy a solicitar la expulsión de la universidad de Yorman Varillas, de los morochos (desconozco sus nombres, pero uno estudia en la FEC y el otro en Ingeniería), y del resto de miembros de la banda de los cuales ni siquiera conozco de vista.
Igualmente voy a solicitar que la universidad como institución realice una denuncia ante la fiscalía contra estas personas, por intento de asesinato y daños físicos, morales y patrimoniales contra varios profesores de la institución.
Es la hora de ponerse los pantalones, y salir en defensa de la universidad, que poco a poco a ido cayendo en manos de los delincuentes (incluyendo a los de cuello blanco). Es bueno recordar que esta banda en particular ha estado al servicio de sectores ligados a la Coordinadora Democrática. El año pasado un ex-miembro de esa banda dijo por Radio Fe y Alegría que la protesta llamada "pupitrazo", realizada por ese grupo a fines del 2001, la financió Fegalago. Y todos saben en la FEC el apoyo político que esa banda de malandros recibió de la ex-decana de la facultad (ex-copeyana y del grupo de la vice-académica).
En Maracaibo, 23 de abril de 2003.
Roberto López Sánchez.
Director de la División de Formación General.
Facultad Experimental de Ciencias.
Universidad del Zulia
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