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La Paz, 13 Jun. ABN.- El comportamiento de importantes medios de
comunicación en la reciente crisis boliviana es objeto de severas
críticas, por haber puesto en evidencia sus relaciones con grupos de
poder económico o partidos políticos tradicionales.
Las noticias burdamente sesgadas, el sensacionalismo, interesado casi
siempre en satanizar a las fuerzas populares y a sus líderes, la opinión
manipulada y maledicente para desacreditar las demandas populares,
cubrieron muchas páginas y horas de televisión durante las protestas
iniciadas desde 16 de mayo, comentó Prensa Latina.
Dos conocidos comentaristas de TV que desentonaban con esa línea y
planteaban posiciones abiertas a las manifestaciones sociales y
marcadamente críticas a la derecha y sus expresiones políticas, fueron
despedidos en los días de mayor intensidad de la crisis.
Los afectados, Luis Alberto "Gringo" González y Jaime Iturri se niegan a
comentar el asunto, pero coinciden en subrayar que no renunciaron, sino
que fueron despedidos en forma intempestiva de las televisoras Red Uno y
Cadena A, respectivamente, en pleno conflicto.
Tras renunciar a la Presidencia -cercado por una vasta protesta social
en demanda de la nacionalización de los hidrocarburos y de una asamblea
constituyente- el periodista e historiador Carlos Mesa dijo que
considera la necesidad de dedicarse a promover la reflexión sobre el
papel de los medios, a partir de su experiencia reciente.
Ante el problema del manejo mediático del conflicto, la Comisión de
Comunicación Social de la Iglesia Católica emitió un comunicado en el
que advirtió sobre la gravedad de la situación y pidió a los
comunicadores "reflexionar sobre la tentación que sufrimos
frecuentemente ante la noticia obsesivamente primicial, la especulación
y la cobertura irresponsable".
La institución consideró pertinente reivindicar los valores de la
información veraz y responsable, sin conjeturas ni supuestos; la
confrontación de fuentes como condición básica de una información ética,
y la promoción de la dignidad de la persona, la libertad, la justicia y
la paz social.
En la oriental ciudad de Santa Cruz, donde los medios se alinean en un
movimiento autonómico, tras una dirigencia regional de corte empresarial
y posiciones derechistas, un Comité de Defensa de los Derechos
Ciudadanos promovió un boicot a las televisoras privadas Unitel, Red Uno
y Megavisión, "por desinformar y tergiversar la información de manera
grosera e irrespetuosa con la sociedad".
Un documento del Comité, difundido el 7 de junio, afirmó que los medios
se han convertido en instrumento de intereses económicos y políticos y
"han tirado al basurero los valores de la comunicación que están
referidos a la verdad, la libertad y la dignidad".
Para el Comité los periodistas de ese tipo de medios son acríticos,
limitados en el lenguaje, carecen de conocimientos para contextualizar
los problemas, son propensos a la corrupción, se atribuyen indebidamente
la representación popular y "no leen, no investigan y solo se guían por
lo que escuchan".
A modo de ejemplo del manejo mediático manipulador, el Comité señaló que
ese tipo de periodistas pretende llamar "enfrentamiento con campesinos"
al ataque de grupos de choque fascistoides contra manifestaciones
indígenas.
Cita la inusitada frecuencia con que eran entrevistados por los medios
ministros del pasado régimen de Gonzalo Sánchez de Lozada, obligado a
renunciar en 2003 por una rebelión social, tras una represión que dejó
67 muertos.
Denuncia también que los comunicadores de la TV cruceña pretenden
distorsionar la verdad, llevando a la sociedad civil hacia una guerra
entre regiones cuando el problema es otro, y tiene que ver con la
necesidad de una política digna en materia de recursos naturales, cuya
nacionalización reclamaron las protestas.
Según el investigador Edgar Ramos la reciente crisis enfrentó por otra
parte a medios ligados a la política tradicional con los sistemas
alternativos de comunicación, y el saldo fue de descrédito social para
los primeros y de avance para los segundos.
Los medios tradicionales, apunta, reeditaron esta vez el alineamiento
total que mantuvieron en defensa de Sánchez de Lozada en la crisis de
octubre de 2003, y se caracterizan por su influencia comercial, debido a
que son favorecidos por el poder político y económico.
Promueven el consumismo, forjan una opinión pública conformista con el
estado de cosas y propugnan antivalores como el individualismo y la
indiferencia ante la realidad social, dice el experto.
La supuesta independencia de los medios como la televisora Unitel,
ligada a Sánchez de Lozada -dijo- carece de credibilidad, pues los
reporteros de ese canal son repudiados en las manifestaciones populares.
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