El presidente del Banco Central, Henrique Meirelles, será la próxima víctima de la crisis política brasileña. Sospechoso de mantener empresas en paraísos fiscales para enviar dinero al exterior en forma clandestina, acusado de evadir impuestos y hasta de "lavar" dinero, el funcionario debe ser el primero de renombre en "renunciar".
En principio, los medios periodísticos brasileños indican como su probable sucesor al actual viceministro de Hacienda, Murilo Portugal. Este economista fue el representante de Brasil ante el Fondo Monetario Internacional y, desde ese lugar, tuvo relaciones bastante poco amables con las autoridades argentinas, que le endilgaron no apoyar las negociaciones del Gobierno con el Fondo.
La salida de Meirelles parece inminente. La prensa local informa que se produciría tan pronto como la próxima semana. Todos coinciden en señalar que el "retiro" del funcionario es una consecuencia de la crisis generada por la sucesión de denuncias de corrupción que afectan al gobierno de Lula da Silva.
Hay un consenso en el mundillo político brasileño: Lula debe anticiparse a cualquier decisión judicial que ponga en capilla al actual titular del Central. De paso, aprovechará para exonerar al ministro de Previsión Social, Romeo Jucá, también investigado por el Supremo Tribunal de Justicia por defraudación contra un banco público.
El viernes pasado, antes aún del estallido de la crisis originada con el pago de sobornos a diputados, Lula había comenzado un sondeo de sus aliados en el Congreso para detectar cuál sería la repercusión política si debiera despedir a Meirelles.
El presidente brasileño consultó con el jefe del Congreso, Rennan Calheiros, cómo caería en el Senado el alejamiento del titular del Central. El legislador le respondió que sería negativo y le desaconsejó la movida.
"No es el tiempo para hacer una reforma ministerial pues podría parecer que las motivaciones del gobierno son ahogar las investigaciones parlamentarias en curso", sostuvo el senador públicamente. Se refería a las averiguaciones que debe iniciar el Congreso sobre casos de corrupción en dos empresas estatales y sobre el pago de sobornos a diputados.
En mayo se instaló por primera vez en el escenario brasileño una eventual renuncia de Meirelles. Entonces, un colaborador de Lula dejó trascender a la prensa local que sería preciso una reforma ministerial amplia para mostrar que el presidente pretendía promover "una depuración ética" de su gobierno. En ese esquema, no sólo despedirían a Meirelles sino que también caería en la volteada —por supuesta falsificación de documento público— el senador Romero Jucá, quien hoy está a cargo del Ministerio de Previsión Social y es miembro del centrista Partido del Movimiento Democrático (PMDB).
Meirelles no es un funcionario más dentro del equipo de Lula. Es el hombre que decide sobre la política cambiaria y de tasas de interés, dos de las variables clave para manejar la economía de países en desarrollo y endeudados como Brasil. Ingeniero y economista, Meirelles fue presidente mundial del BankBoston. Se jubiló de esa institución, con una voluminosa remuneración mensual, poco antes de asumir en el Banco Central de Brasil.
Pero el drama del funcionario, que creó tantas expectativas al asumir el 1ø de enero de 2003, fue que le pescaron "irregularidades fiscales" en la declaración de sus bienes personales. Una semana atrás, el procurador general de la República, Claudio Fonteles, pidió al Supremo Tribunal Federal (la Corte) que se abriera una causa y se quebrara el secreto fiscal de Meirelles. Se sospechaba algo peor: el funcionario habría remitido dinero al exterior en forma ilegal. Al parecer, la Secretaría de Ingresos Federales (la "DGI") ya le abría un proceso para averiguarlo. El procurador está detrás de unos US$ 600 millones que fueron enviados al exterior por la firma Boston Comercial y participaciones —una de las empresas que controlaría Meirelles— a través del Banco de Boston, cuando Meirelles era su jefe mundial.
Meirelles es un auténtico ganador. En 1996 declaró un patrimonio de aproximadamente US$ 1,8 millón. En 2001, su fortuna personal había subido a unos US$ 30 millones. Sus abogados lo defienden diciendo que esa riqueza la acumuló con los salarios que percibió como ejecutivo top del Boston.
Lula no quiso, hasta ahora, desprenderse de su colaborador Meirelles. Pero los últimos escándalos lo presionan. Todo indica que debe actuar rápido para restablecer la confianza en su gobierno, y en su propia persona.
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