La amplia sonrisa del senador Germán Vargas Lleras, luego de la reunión que sostuvo con el Presidente Álvaro Uribe en la Casa de Nariño, el miércoles pasado, fue el gesto que selló la muerte del pretendido partido uribista, que debería haber reunido, en una sola organización, a todos los seguidores de las ideas del presidente Álvaro Uribe.A la cita en la sede presidencial, Vargas Lleras, líder de Cambio Radical, llegó acompañado con los seis senadores y 11 representantes que hacen parte de esa agrupación política, para exponerle al Presidente los argumentos por los cuales no aceptaba fusionarse en un único partido uribista. Tras la conversación, el Primer Mandatario concluyó que era inviable continuar con esa iniciativa, por los múltiples intereses particulares que tienen los políticos que lo respaldan pero que militan en partidos o movimientos propios, como es el caso de Luis Alfredo Ramos y su Equipo Colombia, o de los conservadores en pleno. El presidente Uribe, quien ha sido reacio a reconocer la importancia de los partidos y se ha mostrado como defensor público de las disidencias –encabezando una le ganó al candidato oficial del Partido Liberal, en el cual militó toda su vida–, había sido convencido, a principios de mayo, de intentar consolidar un partido que buscara su reelección y una amplia mayoría en el Congreso para evitarle traumatismos en la agenda legislativa que presentase en su segundo período, en caso de repetir como Presidente. Juntos, pero...Quizá el perdedor más notorio con el fracasado partido, además del Presidente, es el ex ministro Juan Manuel Santos quien, desde su llegada del Partido Liberal, se empeñó en agrupar en un solo partido a todos los seguidores de Uribe. Convencido de su capacidad de convocatoria, Santos no contaba con las trabas que dos pesos pesados de la política electoral colombiana, los senadores Vargas Lleras y Luis Alfredo Ramos, le pondrían a su intención, sobre todo el primero, con quien sostiene una aguda controversia privada que escenifica su segundo capítulo en la disputa por la presidencia del Congreso: mientras Santos respalda a Luis Guillermo Vélez, Vargas Lleras promueve para esa dignidad a Claudia Blum. Además, Vargas Lleras y Ramos están haciendo fila en la línea presidencial y a ninguno le gusta que Santos, sin haberse medido nunca en unas elecciones, se arrogue el derecho de fungir como líder del uribismo y como posible heredero del Presidente, en caso de que la Corte Constitucional no le dé vía libre a la reelección, y el jefe de Estado se quede con los crespos hechos. Aunque Santos se apuró a decir que el proyecto de un partido uribista no ha fracasado porque éste no se debe limitar a presentar listas al Congreso, lo cierto es que en la práctica política todo está en veremos hasta cuando se sepa, a finales de año, si efectivamente en Colombia habrá o no la posibilidad constitucional de la reelección. La crisis institucional que vive la política colombiana se demuestra con el hecho que el uribismo no pueda reunir en un solo costal a todos sus seguidores y que la oposición no haya encontrado un candidato fuerte que enfrente al Presidente el año entrante y por eso esté pensado, incluso, en no presentar candidato, aduciendo falta de garantías. |
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