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Cincuenta casos de narcotráfico salpican a militares de Estados Unidos en todo el mundo
Por: El Tiempo.com
Fecha de publicación: 08/05/05
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Los soldados de ese país también se ven incolucrados en escándalos que van desde violaciones a los derechos humanos hasta el robo de reliquias.

Precisamente, el hecho de que ellos han sido objeto de polémicas por delitos cometidos durante su estancia en el exterior, explicaría, según expertos, la poca atención que ha recibido en Estados Unidos la noticia de la detención de dos militares de ese país en Colombia por su supuesta participación en el tráfico ilegal de municiones.

Para citar solo las acusaciones por narcotráfico, hay por lo menos 50 casos en curso ante la justicia de este país -civil y militar- que involucran a militares. De ellos, 7 tienen que ver con Colombia. Hace tan solo 20 días, dos miembros de la Fuerza Aérea de E.U. fueron detenidos en Nueva York cuando trataban de ingresar al país con más de 290.000 pastillas de éxtasis camufladas en un avión militar.

Los hombres, el capitán Franklin Rodríguez y el sargento John Fong, habrían adquirido la droga en Alemania a su regreso de una misión de entrenamiento en la ex república soviética de Georgia. Ambos reconocieron a las autoridades que no era la primera vez que lo hacían y ahora enfrentan una pena máxima de 20 años en la cárcel y un millón de dólares en multas.

Abusos y robo

Pero hay cientos de casos y acusaciones que los comprometen además en violaciones a los derechos humanos, abuso sexual y robo, para mencionar los delitos más comunes.

Casos que se han presentado y repetido a lo largo de la historia. En Vietnam, por ejemplo, fueron cientos los que se vieron envueltos en abusos y asesinatos, como el teniente William Calley, por haber ordenado la masacre de My Lai en 1968. Calley fue condenado a cadena perpetua, pero decenas más fueron pasados al retiro.

O en Okinawa, Japón, donde tres soldados de E.U. fueron condenados a 7 años de prisión en 1995 por haber violado a una niña de 12 años.

Los incidentes, no obstante, se han disparado en los últimos años como consecuencia de la “guerra contra el terrorismo”. Desde que E.U. se embarcó en las invasiones de Afganistán e Irak se han iniciado más de 500 investigaciones por abusos cometidos.

El caso más famoso es el de la cárcel de Abu Grahib, en Bagdad, donde soldados de E.U. fueron acusados de torturar a los prisioneros. Siete personas fueron enjuiciadas formalmente; una de ellas, Charles Graner, ya fue sentenciado a 10 años de prisión, cinco fueron castigados con sentencias menores y la restante, la soldado Lynndie England, se declaró culpable y aguarda su sentencia que podría alcanzar los 11 años.

También se adelantan investigaciones para establecer si los soldados seguían ordenes o actuaron a su propio albedrío. Hace dos semanas un Inspector General del Ejército concluyó que salvo la Brigadier General Janis Karpisnki, el resto en la cadena de mando era inocente.

A Karpisnki, que era la encargada del manejo de las prisiones en Irak, se le castigó con una sanción administrativa que en la práctica implica el fin de su carrera militar. Pero las ONG han protestado el resultado de la investigación ante montañas de evidencia que demuestran que los torturadores respondían a órdenes que emanaban directamente de las altas jefaturas del Pentágono y la Casa Blanca y han pedido el nombramiento de un fiscal especial para que llegue al fondo del asunto.

Abu Grahib, en todo caso, reveló un patrón de conducta que ya se venía aplicando en otros centros de detención como Guantánamo (Cuba) y provocó la apertura de nuevas investigaciones que aún están en curso. El Pentágono investiga, entre otras cosas, las muertes violentas de decenas de hombres en Irak y Afganistán cuando estaban en manos de soldados de E.U.

En octubre del año pasado, de hecho, se inició una investigación contra 28 soldados por el caso de dos hombres que murieron tras recibir fuertes golpes en el abdomen cuando estaban bajo la custodia de E.U.

Es tal la cantidad de abusos registrados, que las ONG y agrupaciones de abogados, han demandado que sean instituciones civiles y no el Pentágono, las que realicen las investigaciones para garantizar la transparencia.

A muchos soldados, también, se les investiga por el robo de reliquias, obras artísticas y otros objetos substraídos de estos países.

En este caso, dice Ilen Rudy -abogado especialista en temas militares-, el alto número de abusos puede entenderse en el marco del conflicto. “Nada excusa los abusos. Pero es una guerra, y en las guerras nada es bonito. Además, se tiene enfrente a un peligroso enemigo que es capaz de convertirse en una granada humana para hacer daño. Es difícil no perder la cabeza”.

Pero quizás la explicación más profunda al por qué de la conducta de los estadounidenses está en la misma naturaleza del ser humano y en el rol que E.U. ha querido jugar en el mundo.

“Las Fuerzas Armadas son un microcosmos de una sociedad. Hay gente buena, decente, trabajadora y convencida de lo que hace. Pero en una fuerza tan grande también hay “manzanas podridas”, personas débiles, oportunistas, que se dejan tentar”, sostiene Rudy.

E.U., afirma, tiene casi 400 mil soldados en el exterior. 160 mil de ellos entre Irak y Afganistán. El resto están distribuidos en más de 50 países del mundo en los que o tiene bases militares o realiza programas de cooperación, como el caso de Colombia. Y eso hace que las posibilidades de que se presenten problemas crezcan.

De allí la insistencia de E.U. en firmar tratados sobre el “Artículo 98”, para impedir que un estadounidense capturado en otro país pueda quedar bajo la jurisdicción de la Corte Penal Internacional. A la fecha, E.U. ha firmado 100 de estos acuerdos.

Con Colombia, no existe tal tratado pero hay un acuerdo de inmunidad de 1962 que no solo cumple el mismo efecto, sino que impide que sean juzgados en Colombia.

Bajo este convenio los cinco soldados que fueron detenidos a finales de marzo por transportar 16 kilos de cocaína desde Apiay (Meta) y los dos militares sorprendidos esta semana en una casa donde había 32.900 balas que, al parecer, iban a ser vendidas a los ‘paras’, esperarán a que la justicia marcial de su país decida si son culpables o inocentes.

SERGIO GÓMEZ MASERI
Corresponsal de EL TIEMPO
WASHINGTON


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