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| Un iraquí, sobreviviente
de los bombardeos con misiles en un barrio al sur de Bagdad donde murieron
8 personas. |
Una lluvia de misiles y bombas que duró todo el día castigó como nunca a la
ciudad. Los iraquíes dicen que murieron 36 civiles. El ataque dañó un palacio
presidencial y un templo cristiano.
Fue el peor de los bombardeos que sufrió Bagdad desde que comenzaron
los ataques. Los estallidos provocados ayer por las fuerzas aliadas eran incesantes
en todo el sur de la capital. Otro de los blancos elegidos por la coalición
fue la zona en la que se encuentran los palacios presidenciales, uno de los
cuales parece haber sido dañado seriamente por el ataque. Un sordo boooom,
booom, booom constante nos acompañó durante casi toda la jornada
como el rugido de un león en celo. Y siguió tronando a medida
que avanzaba la noche.
Los iraquíes denunciaron una nueva matanza de civiles en el barrio periférico
de Yusufiya donde, de acuerdo a una fuente del ministerio de Informaciones,
"hubo muchos muertos y heridos". Pero no se permitió a los
periodistas viajar hasta el lugar, que está ubicado a unos 20 kilómetros
del centro de Bagdad, en dirección sur. Allí viven numerosas familias
de militares en barrios de clase media acomodada y muchos de estos jerarcas
enviaron a las mujeres y los niños hacia Siria. También allí
hay una fábrica militar que fue inspeccionada varias veces por los expertos
de las Naciones Unidas antes de que se desatara la guerra hace ocho días.
El tema es muy sensible: aún está aquí en carne viva el
recuerdo de la matanza del miércoles en el mercado de Shaab, donde dos
bombas mataron a 15 civiles e hirieron a otros 30. En las últimas 24
horas, sólo en Bagdad, y siempre de acuerdo a la versión oficial,
habrían muerto 36 civiles y otros 215 quedaron heridos. Y el jefe del
Sínodo de Obispos del Patriarcado Caldeo de Babilonia, monseñor
Jacques Isaac —la máxima figura de los cristianos iraquíes
(un 4 o 5% de la población)— denunció que las bombas y misiles
habían alcanzado la iglesia de las Carmelitas y la sede del Patriarcado.
El religioso también informó que el obispo auxiliar, Emmanuel
Karim Delly resultó herido en el ataque, aunque se encontraba fuera de
peligro.
Mientras escribo este despacho, el suelo tiembla y me cuesta mantener la calma
para seguir pegándole a las teclas. Las ventanas cimbran y temo que los
vidrios se rompan. El imán de la mezquita de Al Samoud se lanza a gritar
alabanzas a Allah desde los altavoces del minarete como cada vez que las bombas
caen cerca. Uno de los golpes es tan fuerte que me hace volver a sentir el estómago
pegado a la espalda. Las baterías antiaéreas disparan sus bolas
de fuego que se elevan al cielo casi en cámara lenta. Tendremos una larga
madrugada de vibraciones aterradoras.
A la media tarde, los golpes habían sido más cerca del centro
y, poco después, se interrumpió el servicio de electricidad en
buena parte de la margen occidental del río Tigris, donde, precisamente,
se encuentran los edificios gubernamentales. También, la mitad de los
barrios de la ciudad se quedaron sin servicio telefónico que, milagrosamente,
aún era bueno y nos permitía contrastar información con
todos los sectores urbanos.
Este corresponsal pudo ver los destrozos que las bombas y los misiles le habían
provocado a la central telefónica que se ubica debajo de la torre de
comunicaciones, la más alta de Bagdad. La estructura de concreto de seis
pisos quedó agujereada y prácticamente sin ventanas. Por todos
los costados sobresalían unas chapas retorcidas de color azul y una cortina
de voile flameaba solitaria en una ventana. Era lo único combustible
que había sobrevivido al incendio. Increíblemente, la torre cuya
base se levanta exactamente al lado del edificio estaba intacta, sólo
unos vidrios de unas oficinas de la planta baja habían quedado esparcidos
a unos cinco metros a la redonda.
De acuerdo al ministro de Salud, que ayer se presentó ante los periodistas
vestido de militar y con pistola al cinto —como visten todos los funcionarios
iraquíes desde el comienzo de la guerra—, la cifra de víctimas
desde el 20 de marzo es de 350 muertos y 3.600 heridos.
"Son todos civiles", aseguró el ministro y aclaró,
además, que ellos no van a dar cifras de bajas militares propias.
En una rueda de prensa paralela, el ministro de Defensa, sultán Hachem
Ahmed afirmó ayer: "No nos sorprenderá si el enemigo rodea
Bagdad de aquí a cinco o diez días, pero tendrá que tomar
la ciudad. Bagdad seguirá siendo inconquistable para ellos mientras los
habitantes sigan vivos" . También respondió con un temerario
"seguramente" cuando se le preguntó si la batalla se extendería
por las calles de Bagdad.
Con el fin de la tormenta de arena que golpeó duramente a todo el centro
y sur iraquí, las tropas estadounidenses que se descolgaron de las columnas
que aún siguen combatiendo en las periferias de las principales ciudades,
pudieron lograr un avance mayor. La 101 División Aerotransportada, apoyada
por los helicópteros, se encontraba anoche combatiendo contra una división
de la Guardia Republicana que había salido la noche anterior —precisamente
protegida por la arena— para atacarlos por sorpresa (Ver página
12).
Los feroces bombardeos de ayer sobre la capital demostraron que la coalición
quiere recuperar el tiempo perdido por la feroz tormenta de arena.
Los cazas americanos también bombardean desde hace días el enclave
controlado por la guerrilla fundamentalista islámica de Ansar Al-Islam
que está dentro del territorio kurdo, pero pegado a la frontera con Irán.
El gobierno iraní viene denunciando desde hace días que caen misiles
en su territorio. Esa información llega aquí a Bagdad a través
de la televisión iraní que se puede captar por varias horas al
día y que tiene noticieros que transmiten en árabe y no en el
persa del resto de la programación. La televisión local quedó
reducida a un solo canal de televisión que transmite desde un camión
de exteriores que da vuelta por la ciudad ya que los estudios y las torres de
emisión fueron bombardeadas el miércoles y quedaron reducidas
a escombros.
Si bien la ofensiva aliada hasta ahora parece haber tenido muchas más
dificultades de las previstas por los estrategas del Pentágono, ayer
se pudo percibir aquí que el avance de las tropas es constante y que
los aviones aliados van a mantener este ritmo imparable de ataques por varios
días. A la medianoche, seguían bombardeando uno de los cuarteles
de la Guardia Republicana que ya había sido alcanzado anteayer por las
bombas, y el edificio del Ministerio del Petróleo. Bagdad no podía
dormir por el bramido incesante de las bombas, cuyo sonido sordo y profundo
traían los vientos del sur.