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Naciones Unidas, 10 Abr. ABN.- Abatidas por contundentes críticas, las
propuestas de reforma de la ONU recorren ahora una incierta senda, con
la incertidumbre de que estén listas en septiembre para su aprobación
por una cumbre de alto nivel, según un análisis de Hugo Rius de Prensa
Latina.
Al menos, el más reciente debate en plenaria del documento contentivo de
los eventuales cambios mostró que todavía se vislumbra lejano alcanzar
el necesario consenso que muchos de los participantes reclamaron como
indispensable.
Lo cierto es que el reporte del secretario general "Un concepto más
amplio de la libertad: desarrollo, seguridad y respeto a los derechos
del hombre en todas partes", suscitó sustanciales reservas, suspicacias
e insatisfacciones.
Fueron las mismas que se expresaron meses atrás cuando se sometió a
consulta amplia una primera versión elaborada por un panel de
personalidades, y que después se soslayaron en el texto presentado por
Annan.
En una opinión muy compartida, Venezuela sostiene que burócratas y
expertos impusieron su huella y al final dieron cauce a los intereses de
los poderosos en la formulación de lo que sería una remodelada
arquitectura de la Organización mundial.
Con idéntico reflejo de una opinión extendida en la comunidad del tercer
mundo, Cuba ha señalado en diversas ocasiones el carácter corporativo
del diseño de una futura ONU, alejada de su esencia democrática.
Una de las recriminaciones más comunes de países del movimiento de los
no alineados y del Grupo de los 77 consiste en que se deja en un segundo
plano al desarrollo, para darle primacía a la seguridad y los derechos
humanos.
Tal como apuntó un representante de Camerún, del documento parece
desprenderse que los pobres son los únicos culpables de su condición y
del empeoramiento de su miseria.
Mucho menos se explica que la causa de la pobreza radica en la
persistencia de un orden económico desigual, y de ahí la tibieza con que
se aborda el problema del endeudamiento y la asistencia oficial para el
desarrollo.
Asperezas, y hasta temores, levantaron los conceptos expuestos para una
presunta seguridad colectiva, que potencialmente convalidaría el uso
unilateral de la fuerza por la única superpotencia.
A ese respecto se advirtió de los peligros de una reinterpretación del
artículo 51 de la Carta de la ONU y lo que se argumenta como la
"responsabilidad" de proteger a otros estados, que se traduzca en
intervencionismo permanente.
Se constató asimismo ostensible malestar con la mutilada definición del
terrorismo, que soslaya el de Estado, aplicado por fuerzas armadas de
ocupación contra víctimas inocentes, y la legítima lucha de los pueblos
por su independencia.
De las nuevas estructuras adelantadas no hubo coincidencias con crear un
consejo de derechos humanos restringido que ya se vislumbra como una
suerte de tribunal inquisidor contra los países contrarios a la
estrategia de dominación colonial.
Aunque el texto proclama la intención de reforzar el papel de la
Asamblea General, todavía es poco el peso que se le atribuye en las
recomendaciones para el órgano de los 191 estados miembros.
Por el contrario se mantendría la preponderancia del desacreditado
Consejo de Seguridad, con dos fórmulas a elegir para ampliar su
integración y representatividad, pero dejando intocable el obsoleto
privilegio del veto de los históricos cinco miembros permanentes.
China y México figuran entre los países partidarios de analizar cada
propuesta por separado y con cuidado hasta lograr un real y sólido
consenso.
En cambio Annan aspira a que la cumbre del Milenio tome una decisión, y
para ello nombró cuatro enviados especiales que contactarán gobernantes,
representantes de la sociedad civil y académicos en todo el mundo.
Con apenas cinco meses por delante resulta iluso forjar un compromiso
que entrañe aceptar amenazas para la verdadera libertad y el desarrollo
de los pueblos.
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