Caracas, 19 marzo (Javier Rodríguez / Prensa Latina).- Las denuncias sobre la preparación en los Estados Unidos de un intento de magnicidio en contra del presidente venezolano, Hugo Chávez Frías, se multiplicaron en las últimas semanas.
El propio Jefe de Estado venezolano reiteró, en las últimas ediciones de su programa radiotelevisado "Aló, Presidente" que las informaciones obtenidas por su gobierno apuntan hacia una acción de ese tipo con anuencia total de la Casa Blanca.
Las razones para tan drástica determinación hay que buscarlas últimamente en el evidente desconcierto tanto de los partidos de oposición locales, como de las autoridades estadounidenses tras el fracaso de todos los planes para desalojar del poder a Chávez.
Los dolores de cabeza para los funcionarios del Departamento de Estado de EEUU vienen de lejos, pero se acrecentaron con las sonadas derrotas electorales sufridas por los opositores en los comicios de agosto y octubre del pasado año.
Esas victorias del mandatario y sus seguidores fortalecieron el proceso bolivariano y dejaron alicaídos y prácticamente descabezados a los partidos de oposición, los cuales sufren ahora de una pobre capacidad de movilización.
Tal situación abogó a favor de la preeminencia de los halcones en el seno del Ejecutivo estadounidense y de la utilización del asesinato político como una carta a jugar cuando no logran imponer sus directrices a otros gobernantes del mundo.
La estrategia aplicada ha sido la misma en contra anteriores casos de gobiernos rebeldes, es decir, se inicia con una violenta campaña de los medios de prensa norteamericanos y de otras naciones subordinados a los más agresivos planes de Washington.
Voceros de la Casa Blanca y del Departamento de Estado saturan la actualidad periodística con acusaciones de todo tipo contra el presidente Chávez y su gobierno, entre ellas las de vinculación con movimientos armados o con el narcotráfico.
A pesar de que no se aportan pruebas de ello es importante tratar de introducir la mayor confusión posible en la opinión pública internacional sobre las verdaderas características del gobierno venezolano, pues esto es indispensable para justificar la agresión.
En la semana que termina se llegó a la promoción del magnicidio en programas de televisión de Miami, especialmente el conducido por la periodista María Elvira Salazar.
Ella tuvo como invitados, primero, a Orlando Urdaneta, participante en el golpe de Estado de abril del 2002 quien, tranquilamente, explico en TV como "el problema Chávez" se resolvía apenas con un rifle con mira telescópica para matarlo.
Posteriormente, Salazar tuvo como otro de sus acompañantes a un tenebroso personaje llamado Félix Rodríguez, ex-agente de la CIA e involucrado en el asesinato del comandante Ernesto "Ché" Guevara, tras ser apresado herido, en Bolivia.
Rodríguez reveló la existencia de un proyecto de Estados Unidos para la aplicación de medidas económicas y militares, con carácter extremo, a fin de liquidar el proceso bolivariano.
Entre esas medidas destaca la eliminación física de Chávez, utilizando para ello un ataque aéreo como el lanzado años atrás contra la residencia del dirigente libio Muamar Khadafi.
Como era lógico ese anuncio público del magnicidio concitó la protesta de organismos oficiales y del propio pueblo venezolano y la indignación de muchos millones de latinoamericanos conocedores de la peligrosidad del hombre que hoy ocupa la presidencia de Estados Unidos.
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